La Procesión del Silencio en Viesca une fe y reflexión con el turismo religioso

Cientos de fieles participaron en la tradicional Procesión del Silencio, un acto de reflexión y devoción.

La Procesión del Silencio en Viesca atrae turismo y refuerza la fe. | Manuel Guadarrama
Viesca, Coahuila /

El eco de las campanas marcó el inicio de uno de los actos más profundos del calendario litúrgico católico. En Viesca, el Viernes Santo se convirtió en una experiencia colectiva a través de la tradicional Procesión del Silencio, una manifestación de fe que combina simbolismo, historia y una profunda introspección espiritual.

Minutos antes de partir desde el atrio de la Iglesia de Santiago Apóstol, el ambiente anticipaba la solemnidad del momento. El incienso comenzaba a impregnar el aire, mientras los fieles aguardaban en absoluto respeto. De pronto, el toque de silencio lo envolvió todo: las conversaciones cesaron, los pasos se volvieron pausados y la multitud se transformó en un río creyente de personas.

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La Procesión del Silencio tiene un significado profundamente ligado al luto por la muerte de Jesucristo. Es una representación simbólica del dolor de la Virgen María tras la crucifixión de su hijo, por lo que la imagen que encabeza el recorrido suele ser la de la Virgen Dolorosa, cuyo rostro refleja ese sufrimiento contenido al contemplar a Cristo crucificado.

El simbolismo de la fe

El silencio no es casual. En la tradición católica, simboliza el respeto, la contemplación y el diálogo interno. Es un momento para reflexionar sobre el sacrificio de Cristo y sobre la propia vida, un espacio donde la fe se vive hacia adentro. Cada paso, cada vela encendida, cada mirada baja, forma parte de ese lenguaje no verbal que une a la comunidad.

A medida que el contingente avanzaba por las angostas calles de este Pueblo Mágico, la escena se volvía aún más simbólica. Los cirios pascuales, velas y veladoras iluminaban el recorrido justo cuando el sol comenzó a ocultarse, creando una atmósfera entre la penumbra y la luz, que remitía al tránsito entre la muerte y la esperanza de la resurrección.

Las mujeres vestidas de negro, conocidas como Las Madres del Calvario, representan el luto por Jesucristo. Su presencia, sobria y silenciosa, invita a la reflexión sin necesidad de palabras. A su paso, se veían en las fachadas de las casas altares con telas moradas, crucifijos y la imagen de la Virgen María Dolorosa adornando puertas y ventanas como testimonio vivo de la fe de sus habitantes.

Otro de los elementos que dotaron de significado a esta procesión es la presencia de símbolos de la Pasión, como la corona de espinas, recordatorio del sufrimiento físico de Cristo antes de su muerte. Estos objetos no solo forman parte del recorrido, sino que funcionan como detonantes de memoria y devoción para quienes participan.

Crecimiento y turismo religioso

En el contingente también destacaron las cofradías, como los Hijos de Santiago, que con sus túnicas rojas y cirios en mano marcan el paso solemne de la procesión. Tras ellos, avanzaron los estandartes de agrupaciones como Pasión y Gloria del Señor, La Santa Cruz y Hermanos de la Pascua, que dan estructura y orden a este acto litúrgico cargado de simbolismo.

Lo que alguna vez fue una tradición local ha crecido hasta convertirse en un evento de alcance estatal. Este año, la asistencia superó expectativas, con la llegada de visitantes de distintos municipios de Coahuila e incluso de otros estados, atraídos por la singularidad de esta manifestación religiosa, que dejó una derrama económica cercana a los 8 millones de pesos.

Autoridades estatales y municipales también se sumaron al recorrido, entre ellas la presidenta honoraria del DIF Coahuila, Liliana Salinas Valdés, y el alcalde Jorge Vélez Sandoval, acompañados de representantes de turismo y cultura. La procesión culminó en el mismo punto de partida, cerrando así un ciclo simbólico que representa el camino del duelo. Sin embargo, la jornada continuó en la plaza principal, donde una kermés reunió a familias y visitantes en un ambiente más distendido.

Con el silencio que lo dice todo, Viesca reafirmó este año que es una tradición que no solo preserva la memoria religiosa, sino que fortalece la identidad de un pueblo donde la fe, el simbolismo y la participación colectiva marcan su historia.

e&d

  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.

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