Es el último rincón de Tamaulipas; único por su belleza, su historia y sus leyendas que le dan la vuelta al mundo. Es un atractivo turístico de Ciudad Madero: Playa Miramar, un lugar que poco se ha explotado para la práctica de deportes acuáticos como el nado en aguas abiertas.
El ruido blanco provocado por las olas que llegan a la orilla incita a la meditación, a la conexión con el universo y a ese contacto directo con la naturaleza que llena de energía al cuerpo humano.
Un refugio en el mar
Antes de ir a trabajar, Xóchitl Ponce Barbosa sube a su camioneta para dirigirse al lugar que le ha dado paz, calma y amor por el deporte. Desde un día antes prepara su atuendo para nadar en aguas abiertas, actividad que realiza desde hace más de 13 años.
Forma parte de un nutrido grupo que practica esta disciplina; en su mayoría son adultos y adultos mayores. Después de su rutina matutina, que consta de 800 metros, comenta que llegó a este deporte relativamente tarde, a los 37 años, por necesidad: sus dos hijas comenzaron a entrenar y ella decidió acompañarlas.
“Hace 20 años empecé a nadar porque mis hijas comenzaron a tomar clases; yo no sabía nada. Unos dos años después las invitaron a nadar en playa. Es el paso extremo de la natación: todos aprendemos en alberca, pero llega un momento en el que queremos algo más, no solo recorrer la línea, sino disfrutar la naturaleza, el mar, el océano. Es increíble nadar en aguas abiertas”.
De Miramar al mundo
Hoy, la nadadora ha tenido participaciones destacadas. En 2022 fue la primera mexicana en completar el cruce de la Isla del Sol a la Luna, en Bolivia, en el lago Titicaca. Su siguiente meta es nadar en la Antártida, para lo cual se prepara desde hace cinco años.
Recuerda que cuando inició eran apenas cuatro personas nadando en el mar; actualmente el grupo supera los 120 integrantes. Así nació el equipo Aguas Abiertas Miramar, cuya misión es fomentar la actividad física, disfrutar del entorno natural y servir como base para eventos deportivos.
La motivación creció al grado de convertir la playa en un escenario de competencia, con participantes de otras partes del país e incluso del extranjero.
“Este lugar estaba fuera del panorama nacional porque a nadie se le había ocurrido organizar eventos aquí. Tenemos una cancha extraordinaria: una playa de cuatro kilómetros donde se pueden realizar competencias de uno hasta 20 kilómetros. Este año se realizará la sexta edición de la Vuelta al Faro en junio”.
Temporada ideal y alcance internacional
Junio y agosto son los mejores meses para practicar este deporte, que ha atraído nadadores de Uruguay, Suecia, Estados Unidos y distintas regiones de México.
“Muchas personas descubren que aquí hay competencias y vienen a participar. Somos un punto intermedio entre eventos de Acapulco, en el Pacífico, y el Golfo de México. Tenemos una playa ideal para ello”.
Compromiso con el medio ambiente
Aguas Abiertas Miramar no solo promueve el deporte, también impulsa la conservación de la fauna marina, como aves y tortugas. Sus integrantes colaboran activamente con el campo tortuguero.
“Los nadadores no tememos a la fauna marina; no representa peligro, salvo las medusas, que pueden causar quemaduras”.
Xóchitl porta una navaja, no para defensa, sino para liberar animales atrapados en redes de pesca.
“Hemos encontrado tortugas lora y verde enredadas en líneas de pesca. Hay más riesgos provocados por los humanos que por la naturaleza”.
Inclusión a través del mar
El grupo también tiene un compromiso social. Cada año realiza actividades inclusivas para personas con discapacidad, con la participación de más de 100 asistentes.
“Cuando alguien tiene su primer contacto con el agua, su expresión cambia. En niños con autismo, el efecto es inmediato: entran en sintonía con el mar, el oleaje y el sol”.
Historias de vida que flotan
Un accidente puso en riesgo la vida de Rodolfo Nájera, quien permaneció tres días inconsciente en terapia intensiva y siete más en observación. Atribuye su recuperación a la condición física que desarrolló nadando en el mar.
“En noviembre pasado tuve un accidente donde casi pierdo la vida. Los doctores se sorprendieron por mi recuperación. Ya estoy nadando 800 metros; la natación me ayudó a salir adelante”.
Para él, el mar es una segunda familia.
“Algo hay de cierto en eso de que en el mar la vida es más sabrosa. Se siente la brisa, el amanecer; te sientes vivo”.
Destaca la unión del grupo Aqua Locos, cuyos integrantes lo acompañaron durante su recuperación.
Del miedo al reto personal
Ray Pérez Ponce comenzó a nadar a los 37 años y, una década después, entrenaba en albercas semiolímpicas. Su interés por el mar surgió al observar a nadadores en la escollera.
Tres años después, en 2024, cumplió su objetivo con el equipo Nutrias Aguas Abiertas.
“Fue increíble entrar por primera vez al mar. En la alberca todo es controlado; aquí, la única referencia es la escollera. Hay poca visibilidad y las condiciones cambian constantemente”.
Explica que ingresar al mar requiere técnica: sortear las olas, superar el rompeolas y avanzar hasta el faro.
“Para mí era inimaginable de joven. Es una experiencia muy gratificante”.
Conciencia ambiental pendiente
Además del deporte, Ray documenta con fotografía y video la vida en la playa. Recomienda nadar al amanecer, cuando el sol aún no es intenso.
Sin embargo, señala un problema persistente: la basura.
“Aunque el gobierno realiza labores de limpieza, la gente sigue ensuciando. Nos falta conciencia como sociedad”.
El mar como equilibrio
Para Pérez Ponce, el mar es sinónimo de relajación, pero también de reto mental.
“A veces enfrentas contracorrientes y sientes que no avanzas. No es así, solo cambia la percepción respecto a la alberca”.
Finalmente, reconoce el respaldo del equipo de salvavidas, quienes vigilan constantemente la seguridad de los nadadores y actúan cuando es necesario.
AA