En el municipio de Cosoleacaque, ubicado al sur del estado de Veracruz, un doble feminicidio ha sacudido a las autoridades y consternado a la población; se trata del asesinato de Ana Lilia, de 47 años, y su hija Yanila, de 25, ambas locatarias del mercado “Rafael Hernández Ochoa”. Fueron asesinadas de una forma brutal y hasta el momento las autoridades no han dado con los responsables.
Su asesinato ha generado molestia, indignación y dudas entre familiares, amigos y compañeros del mercado, pues se trata de dos mujeres cristianas que dedicaron su vida a trabajar en este centro de abasto, con una tienda de abarrotes.
Las autoridades estatales informaron que hay tres líneas de investigación, una de ellas relacionada con el delito de la extorsión, pero no hay resultados concretos ni detenidos.
El pueblo de Cosoleacaque ha convocado a una marcha para exigir justicia en próximos días, en calles de la misma localidad, pues se niegan a aceptar que el crimen quede impune.
El plagio y asesinato
Ana Lilia era madre soltera y pertenecía a una religión cristiana; durante dos décadas fue locataria del mercado municipal. Con el trabajo, sacó adelante a sus tres hijos. Yanila, su hija mayor, siempre estuvo apoyándola en el negocio. De lunes a domingo trabajaban de forma incansable; nunca cerraron su pequeño negocio.
El pasado domingo 17 de mayo, madre e hija, después de participar en una reunión de locatarios y cerrar su negocio, salieron del mercado pasadas las 15:00 horas, con destino a su hogar en este mismo municipio.
“Ese domingo, nos vimos en la mañana y mediodía; ella estuvo aquí con nosotros el domingo todavía, tuvimos junta, estuvimos con ella y ella se despidió y después ya no supimos nada”, relata Jacinta Cruz, vendedora de tamales en el mismo mercado.
Sin embargo, cuando pretendían abordar su unidad, fueron interceptados afuera del mercado por hombres armados que las subieron a una camioneta con rumbo desconocido.
Pasaron las horas y sus familiares comenzaron a buscarlas, pero no respondían los celulares.
La noticia llegó ese mismo día: sus cuerpos fueron arrojados de la misma unidad, en calles del Barrio Cuarto, en la misma localidad. Hecho que generó una fuerte movilización policiaca, donde también localizaron la unidad en la que viajaban.
De forma anónima, familiares revelaron que ambas mujeres fueron degolladas y sus rostros estaban desfigurados, tras sufrir fuertes golpes. Además, tenían impactos de bala.
“La verdad las dejaron muy mal, no entendemos por qué las mataron así, ellas no se metían con nadie”, dijo una de las primas de Ana Lilia.
Un mercado enlutado
Durante un recorrido por el mercado Rafael Hernández Ochoa, se comprobó que hay caras largas, de tristeza y hasta miedo, por la muerte de ambas mujeres.
“Se respira un ambiente de tristeza, joven. Ella crió a sus hijos aquí, me consta porque yo vendo tamales; era madre soltera y de aquí sacó adelante a su hijo. Duele su muerte como compañeras del mercado, porque no supimos más”, dijo una vendedora, cuyo local estaba al lado de Ana Lilia.
Su negocio en el mercado está cerrado y sus compañeros colocaron un altar con flores y veladoras, y un moño negro, en señal de luto.
La tarde del martes 19 de mayo, ambas mujeres fueron sepultadas en el panteón municipal de Cosoleacaque. Sus cuerpos iban en cajas de madera, seguidos de cientos de personas que se sumaron al cortejo fúnebre.
Antes de llegar al panteón, los féretros fueron llevados al mercado, donde pasaban la mayor cantidad de su tiempo. Entre lágrimas y reclamos, cantaron himnos cristianos y también tomaron el micrófono algunas personas para pedir justicia.
“Da mucho coraje cómo las mataron, no se vale, porque ellas eran mujeres de trabajo; ojalá que llegue la justicia”, gritaban locatarios y familiares.
Algunas personas soltaron globos blancos para pedir paz. Cantaron himnos y se escuchó una prédica frente a sus cuerpos, donde las lágrimas y el miedo fueron la constante.
Hay tres líneas de investigación, pero sin detenidos
Ana Lilia es recordada como una mujer amable, que no perdía la oportunidad de predicar de Dios a sus compañeros y clientes del mercado; parecía una mujer seria, pero quienes la conocen aseguran que siempre tenía una palabra de aliento.
Hoy su muerte duele a quienes la conocieron, muchos de ellos sin creer que fue asesinada de esta manera.
El mismo día que las sepultaron, la gobernadora Rocío Nahle informó que el doble feminicidio está siendo investigado y existen tres rutas de investigación, entre las que destacan el delito de extorsión por su negocio y un conflicto personal con desconocidos.
“Está trabajando la fiscalía en las tres rutas. Vamos a esperar para no obstaculizar a ninguno de ellos, pero se está trabajando; fue una mamá y una hija, y vamos a dar con el autor material y los autores intelectuales de ser necesario”, declaró.
Mientras tanto, las autoridades locales se mantienen en silencio; ni siquiera se ve un mayor reforzamiento de la seguridad en el mercado, donde las plagiaron. Tampoco hay personas detenidas.
A cuatro días de este doble feminicidio, siguen las dudas sobre por qué las mataron y, peor aún, de una forma tan cruel.
Medios locales han señalado que incluso podría tratarse de problemas de dinero, pero todo son declaraciones al aire, porque la Fiscalía General del Estado (FGE) de Veracruz no ha revelado ningún avance en torno a este caso.
Lo que sí se sabe es que el pequeño negocio de Ana Lilia, con el que sacó adelante a sus hijos, no abrirá sus puertas por un largo tiempo.
“Sí vamos a pedir justicia, no nos la van a hacer en esta tierra; mejor pedirle a Dios que haga la justicia que se merece, porque Él es el único que nos puede hacer justicia para nuestra compañera y su hija”, finalizó Jacinta.
AH