El famoso retrato de Tamayo

La amistad entre Doña Márgara Garza Sada y Rufino Tamayo. 

Margara Garza Sada de Fernández por Rufino Tamayo
Claudia Cantú
Monterrey /

Doña Márgara viajaba seguido al DF y en una de sus vueltas vio a un pintor que hacía un mural en el hotel Camino Real, iba con su hijo Mauricio, se acercó a observar y, para cuando acordaron, ya estaban platicando y el artista era nada más y nada menos que Rufino Tamayo.

Aquella charla, al parecer, sin importancia se convirtió con el paso de los años en una fuerte amistad que duró toda la vida.

Fue tanta la relación que tenía con Rufino y Olga Tamayo que varias veces viajó con ellos a sus exposiciones en Europa.

Durante una de sus reuniones en la Ciudad de México el muralista mexicano le dijo a Doña Márgara que quería pintarla y regalarle ese cuadro, ella aceptó, posó para él, Tamayo elaboró un boceto y ella regresó a Monterrey.

Tiempo después le llegó el obsequio. Aparecía ella, pintada al estilo del artista, con un chal rojo, en el año de 1975.

Cuando lo vio dijo que no se parecía a ella: “Se lo devolví porque le dije que no se parecía a mí, y se enojó”, comentó en una ocasión Doña Márgara.

A petición de Olga Tamayo, el cuadro estuvo escondido por casi tres décadas, al morir la esposa de Rufino, Mauricio Fernández solicitó ese retrato, lo encontraron y lo compró. Ahora forma parte de la colección de La Milarca, su residencia y jamás ha sido expuesto.

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