El río Bravo arrastra una nueva tragedia migrante

Se espera que el fango del río Bravo regrese los cuerpos devorados de Carlos y Jackson.

Tampico /

Seguramente Carlos y Jackson, al ver por primera vez la frontera entre México y Estados Unidos, desde Matamoros, se imaginaron, como muchos otros migrantes compañeros de travesía, un nuevo mundo abrirse ante sus pies, lleno de esperanza, y de una nueva vida.

Al igual que miles de paisanos, quienes esperan con anhelo cruzar la última línea entre el primer mundo y ellos, contaban las horas, minutos y segundos para empezar a vivir el sueño americano en Brownsville.


Carlos, acompañado de su esposa y dos hijos de ocho y 15 años, originarios de Venezuela, emprendieron su aventura de miles y miles de kilómetros apostándolo todo y huyendo de la crisis económica, política y social que azota a Centro y Sudamérica.

Como ha venido sucediendo en los últimos días entre quienes intentan atravesar a la Unión Americana, se activó una extraña sincronía espontánea que impulsa a los grupos de migrantes para cruzar el río Bravo, situación aprovechada por Carlos y su familia.

Fue así que tomaron la decisión de armarse de valor, osadía e inconsciencia, y cruzar la frontera por las inmediaciones de la colonia Modelo, a la altura de la Cruz del Migrante, seguramente guardando la fe con que serían protegidos por un manto divino.

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El fango

Cada paso que daban, seguramente significaba para ellos un escalón para alcanzar sus aspiraciones en Estados Unidos; pero el fango y la basura, por su parte, comenzaron a hundir sus cuerpos y sus sueños.

Probablemente todos los que estaban en ese momento en medio de un río que parecía no serlo, cruzaron miradas y sin decirlo, lo dijeron.

“Hemos viajado desde muy lejos, sufrido muchas adversidades y vejaciones para alcanzar un sueño tan anhelado; no podemos darnos por vencidos”.

Pero “La Poza”, como personal de Migración, conoce al sitio en donde quedaron atrapados Carlos y su familia, y Jackson, originario de Haití; estaba por cambiar la historia de los migrantes.

Al verse atrapado por el fango, sentirse perdido y ante la desesperación por mantenerse con vida, Jackson se aferró a Carlos y a uno de sus hijos, mientras que su esposa y su pequeño lograron ponerse a salvo.

La escena mostraba a un padre luchando por la vida de su hijo y la suya, mientras que el joven haitiano se aferraba a sobrevivir.

El desenlace: dos víctimas mortales y un adolescente con una historia de orgullo por contar.

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Del lado americano, los elementos de la Guardia Nacional, la primera potencia mundial, se esmeraron por tirar en repetidas ocasiones una simple cuerda, como parte de sus esfuerzos para brindar ayuda.

Ahora la zona de “La Poza” y la Cruz del Migrante se encuentran en silencio y sin movimiento alguno de migrantes en sus cercanías; se espera que el fango del río Bravo regrese los cuerpos devorados de Carlos y Jackson.

Mientras tanto, guardan silencio el tanbou en Haití y el arpa en Venezuela, ante una nueva tragedia que se suma a la triste historia sin fin que azota a los países de América Latina.



  • Víctor Hugo Martínez

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