Para el cronista de Matamoros, profesor Matías Rodríguez Chihuahua, todos los ejidos del municipio poseen estructuras inmobiliarias que son verdaderos símbolos distintivos de identidad en cada una de las 68 comunidades rurales que forman este municipio.
"En el aspecto positivo que tuvieron las haciendas de aquellos tiempos, de finales del siglo XIX, principios del XX, fueron las construidas en el ejido Coyote, en Guadalupe Victoria, en el Barrial y la citadina, en la colonia Carolinas", que todavía muestran el diseño original y que, por cierto, se han usado para otros fines, como oficinas gubernamentales o simplemente como viviendas", expresó.
Son patrimonios tangibles los inmuebles en pie, que nos hablan de una época gloriosa, de bonanza, que algunas sí tuvieron sus aspectos negativos (esclavitud y tiendas de raya) en cuanto a dolor y salarios miserables a los jornaleros y todo lo demás que se escribió en la historia, sin embargo, los cascos y demás edificaciones de aquellos tiempos, en estas fechas son admirables, precisó el cronista local.
El caso más palpable que tenemos en esta ciudad, que se ha convertido en un ícono de la ciudad, es la antigua ladrillera, construida por un incipiente industrial de origen alemán (Karl Shumm), [OBJECT] ubicada en el libramiento periférico, ya que para finales del siglo 19, vivieron en estas tierras, lo mismo personas de origen chino, francés, alemán, que estadunidenses.
Existen otros testimonios tangibles convertidos en estructuras que se construyeron después del Reparto Agrario en La Laguna en 1936 y que en cierta medida fueron el origen de una cultura en cuanto a las edificaciones y por otro lado, el del dato histórico, por lo que sucedió bajo esas construcciones. Tal es el caso de la Pompa, que también es considerado como un símbolo de esta ciudad.
Posterior a ese evento, realizado por el entonces presidente de la República Mexicana, Lázaro Cárdenas del Río, también se construyeron: tanques elevados de almacenamiento de agua, para el consumo entre los habitantes ejidales, ya que no se podía dar el líquido que se empleaba para regar los campos de cultivo, así como la promoción del deporte conocido como el rebote, que hoy en día fue sustituido por el frontón, con raqueta, cuando el primero fue con la mano y que todavía en algunos ejidos como Santo Niño Aguanaval lo conservan, aunque ya deteriorado.
"Yo creo que no es el gobierno local, o estatal, quienes se deben interesar en conservar o mantener esos símbolos de identidad de las comunidades rurales, sino los mismos habitantes y en caso necesario, si de verdad quieren tenerlos en buen estado y que sean distintivos de sus comunas".
"Deben solicitar el apoyo, cuando menos para pintar los tanques de almacenamiento con el nombre de los ejidos, que los visitantes a esos lugares los conozcan por sus nombres", explicó Matías Rodríguez Chihuahua, quien dijo que todavía se está en tiempo de poder rescatar esos testimonios tangibles.