Familia estadunidense, harta del frío y la humedad, se muda a Torreón para vivir de limpiar albercas

Cansados del frío, la humedad y el ritmo de vida en Estados Unidos, los integrantes de la familia Jones vendieron todas sus pertenencias y se mudaron. Hoy construyen su patrimonio en La Laguna.

Cansados del frío y la humedad los integrantes de la familia Jones vendieron todas sus pertenencias y se mudaron.| Enrique Torres
Enrique Torres
Torreón, Coahuila. /
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En el gran tablero de la geopolítica y los flujos migratorios, la brújula casi siempre apunta hacia el norte. El imaginario colectivo está habituado a las historias de valientes que cruzan el Río Bravo persiguiendo el anhelado "sueño americano"; sin embargo, la geografía humana es caprichosa y, de vez en cuando, la historia se cuenta exactamente al revés.

Esta es la crónica de la familia Jones, un grupo de ciudadanos estadunidenses que un buen día de 2020 decidió que las frías y húmedas tierras de Pennsylvania no eran el lugar ideal para envejecer. En su mapa, el destino de la abundancia, la paz y el verdadero calor de hogar tenía coordenadas desérticas: se llamaba Torreón, Coahuila.

Venderlo todo en la Unión Americana para mudarse al semidesierto mexicano suena, de primera entrada, como el argumento de una comedia cinematográfica de enredos.

Dejar atrás la infraestructura de una potencia mundial para enfrentarse a las gloriosas tolvaneras laguneras, al tráfico del bulevar Independencia y a la barrera absoluta de un idioma desconocido es una aventura no apta para pusilánimes.

Pero, para los Jones, el riesgo se convirtió en romance. A seis años de haber tomado la decisión, la familia no solo no se arrepiente, sino que ha fincado en tierras coahuilenses el patrimonio donde planea pasar el resto de sus días, demostrando que la calidez norteña es un imán del que nadie puede escapar.

De las tormentas de nieve al calor que abraza

La odisea comenzó a fraguarse a mediados de 2020. El señor Jones, impulsado por el profundo deseo de reconectarse con las raíces de su madre —una orgullosa lagunera nacida en estas tierras—, propuso a su esposa un cambio radical de vida.

El objetivo era doble: estar cerca de los tíos, primos y familiares que la dinastía mantiene repartidos entre Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, y dedicar su tiempo libre a compartir el evangelio.

Así, con las maletas cargadas de incertidumbre y las cuentas bancarias liquidadas en el extranjero, la pareja aterrizó en la Comarca el 29 de junio de 2020, justo a la mitad de un año globalmente caótico.

"Llegamos aquí el 29 de junio de 2020; mi esposo y yo vivíamos en Pennsylvania y vendimos todo para venir a Torreón", relata la señora Jenny Jones con una sonrisa que ya tiene tintes de hospitalidad mexicana.
"Él tiene familia aquí, su mamá nació aquí, tiene primos, tíos y otros familiares. Queríamos venir para estar cerca de la familia y también para compartir el evangelio de Dios. Amo a Torreón; la gente aquí es muy amable, todos nos han ayudado bastante y se han asegurado de que nos sintamos cómodos, aunque al principio no conocíamos los lugares ni cómo movernos por la ciudad".

Los primeros días fueron una prueba de fuego y adaptabilidad. Al llegar, la familia se instaló de forma provisional en casa de una tía durante un par de semanas para, posteriormente, rentar una vivienda durante su primer año.

El plan era sensato: querían poner a prueba a la ciudad, experimentar sus dinámicas, sobrevivir a un "mayo lagunero" y asegurarse de que este rincón del norte de México era el sitio idóneo para establecerse de forma definitiva.

La respuesta de la comunidad fue tan abrumadoramente positiva que rompió cualquier prejuicio.

A pesar de casi no dominar el español, la discriminación nunca se presentó en su puerta; al contrario, la hospitalidad local los desarmó.

Rlata la señora Jenny Jones, con una sonrisa, que ya tiene tintes de hospitalidad mexicana. |Enrique Torres

En menos de 12 meses, los Jones tomaron una resolución drástica: compraron un terreno y comenzaron la construcción de su hogar definitivo.

"Después de vivir aquí un año, nos enamoramos de la ciudad y terminamos comprando este terreno, donde comenzamos a construir nuestra casa", detalla la madre de familia, rememorando el desafío de la comunicación diaria.
"Sí hemos batallado un poco con el idioma, pero muchas personas hacen un gran esfuerzo por hablar inglés con nosotros. Además, aquí hay una comunidad donde varias personas hablan inglés. Sí ha sido un poco difícil, pero usamos el Traductor de Google y también hacemos muchos dibujos y cosas como esas para expresar lo que queremos decir".

Un plano arquitectónico dibujado a mano y señas universales fueron suficientes para levantar los muros de su nueva vida.

El arribo de Cameron: pizzas, albercas y guitarras de heavy metal

La felicidad de los Jones en La Laguna terminó por contagiar a las siguientes generaciones.

En marzo de 2025, Cameron Jones, hijo de la pareja, tomó la decisión de hacer sus propias maletas y abandonar su natal Indiana para integrarse a la aventura familiar en Coahuila.

Cameron llegó con la firme convicción de que el norte de México ofrecía mejores condiciones de vida que el Medio Oeste estadunidense, empezando por un factor que los laguneros a veces padecemos, pero que para un extranjero es un auténtico paraíso: el clima.

Para Cameron, el sol inclemente de Torreón es sinónimo de bendición.

Venía de soportar inviernos donde el frío extremo congela hasta las ideas durante seis meses al año, seguidos por veranos con una humedad tan asfixiante que volvía insoportable el simple acto de respirar.

Pasar de ese escenario gris a los días luminosos de La Laguna, perfectos para disfrutar de una alberca, fue un cambio de vida inmediato.

"Vine para ayudar a mis padres con su negocio de pizzas, también apoyarlos en la casa y ayudarlos con la limpieza de albercas; mi papá limpia albercas de algunos vecinos y es bastante genial, me divierte mucho hacer eso. Algunos hablan un poco de inglés", relata Cameron con el entusiasmo de quien ha encontrado su lugar en el mundo.

“Torreón es bueno: no llueve, no es nublado, no es frío. En Pennsylvania hacía muchísimo frío durante unos seis meses al año y otros meses hacía muchísimo calor, además de que había demasiada humedad... siempre húmedo. Apenas salías de la casa y no podías respirar; es muy húmedo y estás empapado de sudor; el sudor escurre de ti, se pega a ti, es pegajoso y desastroso”.

En marzo de 2025, Cameron Jones, hijo de la pareja, tomó la decisión de hacer sus propias maletas y abandonar su natal Indiana.| Enrique Torres

En contraste, el calor seco del desierto de Coahuila le pareció una caricia agradable.

De frutas, verduras y distorsiones potentes

La inserción laboral de Cameron en Torreón es otra muestra de esta fascinante historia a la inversa.

Actualmente, el joven estadunidense divide sus horas con una disciplina ejemplar. Por una parte, trabaja en un supermercado local, desempeñándose en el área de frutas y verduras, un empleo que le resulta sumamente familiar, pues realizaba exactamente la misma labor en los supermercados de Estados Unidos, alternando entre los departamentos de frutería y carnicería.

Sin embargo, el verdadero proyecto pasional de Cameron se desarrolla en su taller casero, donde se dedica al diseño y confección de guitarras eléctricas totalmente desde cero.

Aunque el panorama lagunero está fuertemente influenciado por los ritmos de la cumbia y la música norteña, el joven Jones ha encontrado su nicho en las vertientes más estruendosas del rock.

“Trabajaba allá en el mismo supermercado y en el mismo departamento en el que trabajo ahora, en frutas y verduras; ayudaba en ambos”, platica Cameron al contrastar sus rutinas transfronterizas.

Al cuestionarlo sobre la posibilidad de capitalizar sus conocimientos musicales en la región, su honestidad es absoluta y divertida: “Trabajar aquí como maestro de música probablemente no; realmente no enseño música, mi especialidad es el heavy metal y quizá podría enseñar técnicas de canto, pero no me considero bueno enseñando guitarra o batería”.

No obstante, Cameron no descarta dar un giro a sus actividades profesionales en el corto plazo y aprovechar su condición de hablante nativo para incorporarse al ámbito educativo como docente de inglés en la región, una actividad que ya ha comenzado a experimentar de manera informal con su círculo cercano de amistades.

Como maestro de inglés sí podría hacerlo. Hablo un poco de español y podría usar el Traductor de Google si lo necesito para ayudarme a hablar con los demás; de hecho, ya he ayudado a algunos amigos enseñándoles inglés, entonces sí lo he hecho un par de veces, eso de enseñar inglés”, añade con entusiasmo.
El reporte migratorio de los Jones rompe los moldes tradicionales y nos obliga a mirarnos al espejo con otros ojos.| Enrique Torres

La paradoja del desierto

Mientras una cantidad considerable de jóvenes nacidos en la Comarca Lagunera crece alimentando el sueño de emigrar hacia urbes de mayor densidad económica y desarrollo industrial, como Monterrey, Guadalajara o la Ciudad de México, o mira con añoranza la posibilidad de conseguir una visa para trabajar en la Unión Americana, los Jones ofrecen una valiosa lección de apreciación local.

Ellos, que nacieron y crecieron en los entornos hiperurbanizados y ordenados del noreste estadunidense, prefirieron la sencillez, la seguridad familiar y el cobijo humano que solo una comunidad como la de Torreón puede brindar.

El reporte migratorio de los Jones rompe los moldes tradicionales y nos obliga a mirarnos al espejo con otros ojos.

Su historia demuestra que la riqueza de una región no siempre se contabiliza en sus índices macroeconómicos o en la cantidad de lluvia que cae al año, sino en la generosidad de su tejido social.

En sus calles sin nubes y bajo su sol brillante, esta familia de Pennsylvania e Indiana encontró mucho más que un terreno barato para fincar una casa; descubrió un hogar con raíces profundas en el caliche, donde el idioma pasa a segundo término cuando la amabilidad de los vecinos se convierte en el lenguaje de todos los días. El "sueño mexicano", para sorpresa de muchos, se escribe hoy con acento estadunidense desde el corazón de La Laguna.


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