Este 1 de noviembre, marcado en el calendario católico como el Día de Todos los Santos, las familias mexicanas recuerdan a los niños que fallecieron a temprana edad. De acuerdo con la tradición mexicana, durante esta fecha las almas de los pequeños regresan para visitar a sus seres queridos, quienes los reciben con altares, flores y oraciones.
En el Panteón Torreón algunas familias mantienen viva esta tradición y una memoria que resiste el paso de las décadas.
Siempre presentes
Así ocurre con la familia López Hernández, que llegó al camposanto para visitar la tumba de Gerardito, el cuarto de ocho hermanos, quien falleció cuando apenas tenía tres años.
Aunque han transcurrido más de cinco décadas desde su partida, sus hermanas Mayela y María continúan acudiendo cada año para limpiar y adornar su pequeña sepultura.
Acompañadas de su sobrino Carlos Manzano, llevaron flores, acomodaron la tumba y dedicaron unos momentos a la oración, tal como lo hacen también cada 16 de octubre, fecha en que Gerardo cumpliría años.
En entrevista con MILENIO, compartieron que acudir al panteón representa una manera de mantener presente al cuarto de ocho hermanos, cuyo recuerdo permaneció vivo gracias al amor con el que sus padres hablaban de él, un sentimiento que también transmitieron a sus hijas y que ahora continúa entre las nuevas generaciones.
“Aquí tratamos de estar siempre en las fechas impostantes como su cumpleaños, su aniversario luctuoso y en este Día de Todos los Santos, nunca lo olvidamos”.
Una encomienda de generación en generación
Entre las tumbas de la sección destinada a los niños y niñas fallecidos también estaba don José Luis Jacobo Oropesa, quien llegó con flores para cumplir una tradición familiar que comenzó hace casi un siglo.
Su visita no es reciente ni casual. Se trata de una encomienda que recibió de sus abuelos y que posteriormente continuaron su tío y su madre: acudir al cementerio para recordar a dos pequeños integrantes de la familia Oropesa, quienes fallecieron durante la década de 1930.
Mientras acomodaba las flores y las sujetaba con un cordón, recordó que él nunca tuvo oportunidad de conocerlos, pero creció escuchando de ellos y acompañando a su familia en las visitas al camposanto.
“Todo fue encargo de mis abuelos, después le tocó a mi tío, el más grande, luego mi mamá, falleció ella hace dos años y ahora me tocó a mí”, relató.
Aunque los pequeños murieron hace casi 100 años, sus nombres y su historia permanecen en la memoria familiar.
“Yo no los llegué a conocer, pero eran parte de la familia, mis abuelos siempre los tuvieron muy presentes a pesar de que murieron chiquitos”, compartió.
Además de cumplir con esta encomienda, Jacobo Oropesa también visita la tumba de una hermana que falleció cuando era pequeña, por lo que cada recorrido por el cementerio representa una oportunidad para recordar a quienes se adelantaron en el camino.
Tumbas infantiles que quedaron en el olvido
Sin embargo, no todas las sepulturas reciben visitas cada Día de Muertos. Entre las pequeñas tumbas también se observan señales del abandono: lápidas quebradas, cruces deterioradas y figuras de angelitos y santos que permanecen en malas condiciones por el paso del tiempo.
La familia López Hernández compartió que, junto a la tumba de Gerardito, se encuentra la de una pequeña llamada Mayelita, que aparentemente ya no recibe visitas. Aun así, de vez en cuando le dan una pequeña arreglada para evitar que termine completamente deteriorada.
Otras tumbas infantiles apenas conservan una sencilla cruz de madera, como dice la canción, aunque todavía hay familiares que regresan para darles una pintada, colocar algunas flores y procurar que el recuerdo no desaparezca.
Estas familias mantienen una tradición heredada, regresan año con año para recordar a sus hermanos, hijos o familiares que murieron siendo niños, gracias a ellos Panteón Torreón se convirtió este 1 de noviembre en un espacio donde las flores no solamente adornan las tumbas, pues también representan historias familiares que se niegan a quedar en el olvido.
dahh.