En Torreón, Coahuila, a permuta a que fueron condicionados los fierreros ubicados en la calle 5 de Mayo en la Primero de Cobián, en el corazón del Mercado Alianza, mantiene a estos trabajadores entre la desolación y la esperanza.
Como si se tratara de ciclos estacionarios, ellos pasan de la confianza a la incertidumbre económica en plena cuesta de enero pues a pesar de que reconocen que la movilización fue forzada por las autoridades, consideran que están más seguros dentro de las instalaciones que les proporcionaron, aunque no vendan casi nada y este año sabrán cuándo comenzarán a pagar las rentas al ayuntamiento.
HISTORIA
Fernando Rodríguez tiene 20 años vendiendo fierros usados. Ordenando su mercancía aseguró que como quiera es más seguro estar dentro de un local que tener el tabarete en la calle.
Ahora apunta, podrá meter herramientas más caras como una cortadora de metal, una máquina para soldar, un taladro o un pulidor.
“Ya nomás nos faltarían los clientes pero hay más margen de meter mucha más herramienta y más cara porque aquí está más seguro. Afuera no podíamos meter nada porque veían y estaba fácil de abrir, a mí me abrieron como tres veces y me dieron bajón con la herramientita”.
La dinámica comercial en el Mercado Alianza cambió cuando el ayuntamiento de Torreón determinó cambiar las rutas de los autobuses urbanos y suburbanos que pasaban por el sector.
Las ventas sencillamente se desplomaron cuando dejó de llegar la gente de los barrios populares como la Maclovio Herrera, San Joaquín, la Victoria o la Constancia. Ello sin contar a la ubicada en las rancherías.
Fernando apuntó que al menos el 40 por ciento de ésta población dejó de acudir al sector Alianza.
“Aquí ya no hay ninguna terminal y a raíz de la violencia mucha gente dejó las casas y bajó mucho la venta. Inclusive hay colonias como la Nuevo México y la Torreón y Anexas que quedaron completamente solas”.
Con una visión optimista, este hombre dice que esta condición puede cambiar de un momento para otro pues los padres se fueron con hijos pequeños, de once años, que ahora podrían tener veinte o más años. Al querer vivir en pareja, las mamás les recuerdan que la casas están solas y ellos podrían repoblar esos barrios abandonados.
“Mucha gente que emigró todavía no se devuelve a sus casas por la cuestión de que todavía hay miedo, psicosis, y no se devuelven a sus casas. Yo vivo en la Nueva Rosita y si me dicen que vaya a la Victoria digo, ‘No, ni maiz, está bien feo’, pero de hecho uno sabe que la violencia ya quedó atrás pero hay todavía miedo".
Fernando reconoció que aún no les han cobrado la renta pero que fue el propio Jorge Zermeño quien les avisó que los reubicarían en un edificio remodelado.
“Nos dijeron que nos iba a cobrar mil pesos de renta, una cantidad módica, mil pesos. Nos dijo que nos iba a quitar pero le dijimos al alcalde que tenemos familias, hijos, las rentas. Y nos quitó. Un día legó toda la artillería con trascabos y nos dijeron: “Ya están los locales allí, váyanse para allá porque mañana los vamos a quitar’. Eso fue como en septiembre pasado”.
SIN LUGAR EN OTRO LADO
Todavía no pagan renta pero el pensar en ello genera temores. De trato amable, Félix Mancillas dice que en la cuesta de enero compran y venden fierros usados porque es un oficio que conoce desde hace más de tres décadas y además por la edad ya no sería empleado en otra cosa.
“Ojalá y fuera el otro año pero sí nos van a cobrar renta. Fuera bueno y así fuera como dicen, treinta pesos por día, 900 pesos al mes, pero no sé. La verdad no sé. Yo tengo como 35 años años vendiendo fierro y sí deja; para hacerse rico no, para comprar autos lujosos, no señorita. Sacamos para mantenernos mal y ya no podemos dejar el ramo porque ya no nos ocupan en otro trabajo”.
Entre los objetos a vender, Félix deja en medio del pasillo algunos juguetes. Se observan además marcos de madera y algunos objetos decorativos. Porque en cualquier momento pasa alguna señora con el niño y también se arrima a comprar.
“Nosotros éramos dueños de nuestros negocios. Digo éramos porque nos quitaron de donde estábamos y ahora vamos a pagar renta. Gracias a Dios yo pude sacar a una maestra, un contador público y tengo un doctor, el más chico, gracias a dios. Ellos andaban conmigo y desde chiquitos y se aplicaron en la escuela y nomás salieron tres profesionales. Los otros tres llegaron a la prepa”.
Por su parte David Muñoz, dice que tiene tres meses en el local y cuarenta años de experiencia. El oficio ahora ya no deja y explica que en vez de ganar están poniendo dinero de su bolsillo.
“Puede ser que sí o que no estemos conformes pero en vez de ganar le estamos metiendo. Pero así fue como dijo el señor Zermeño, de meternos para acá pero no nos está costeando, si no nos arreglamos de renta o lo que sea, estamos esperando. Quedó en 30 pesos diarios que mensual serían 900 pesos. Aquí tenemos nada más agua, el baño lo buscamos afuera o nos venimos preparados de la casa. Ni modo porque son 10 pesos del baño”.