Sobre la avenida Lerdo, casi esquina con la calle Galeana, zona centro de la ciudad de San Pedro, Coahuila, se puede localizar la única fragua que queda en el municipio. Un viejo portón de madera con algunos símbolos de herraje marcados en su estructura da entrada al icónico e histórico taller de herrería.
En el inmueble con el número 202, desde su entrada se puede ver y oler, la esencia de la forja de metal a base de fuego, calculados a golpes de mazo y martillo.
Julio Corpus, es el herrero encargado. Pegado a la pared, se puede ver la esencia de la fragua, su fogón cargado de carbón mineral y conectado a la vieja turbina manual, la cual inyecta el aire para que el carbón eleve el fuego, y así, Julio pueda comenzar con su trabajo.
A base de pura fuerza manual, Julio gira la manilla de la turbina para activar el fuego; dice que, en antaño, también se usaban los fuelles hechos de madera y cuero flexible, que servían para lo mismo, para llenar de aire el fogón y así facilitar el manejo del metal.
"La maquinaria con la que yo trabajo la forja del metal tiene más de 90 años, y todo sigue siendo manual. Algunos herreros ya utilizan el gas y los motores eléctricos para facilitar su trabajo, pero yo prefiero lo tradicional".
Luego de calentar el metal a forjar, se lleva al pesado yunque, donde a base de martillazos se le comienza a dar forma a la herramienta o pieza pedida por el cliente.
Otras herramientas que se usan para la forja del metal, aparte de mazos, martillos y el yunque, son las tenazas, los punzones, cinceles y los suajes, siendo estos últimos moldes de placa o tiras de metal con filo que sirven para cortar, doblar o marcar materiales.
"Por lo regular, los trabajos que se hacen en esta fragua son reparaciones de herramientas agrícolas, ya que sigue existiendo gente de campo, que prefiere una reparación remachada para su herramienta que comprar una nueva de menor calidad", dice Julio.
Pero afirma que también se puede forjar una herramienta o pieza metálica desde cero, cuchillos, hachas, palas, azadones y otras de uso agrícola y doméstico.
Su pasión por la herramienta agrícola ha impulsado al herrero a coleccionar escardillas, arados, cultivadoras, máquinas sembradoras, cuchillas y escrepas, que compra al verlas abandonadas, y luego las repara para poder contar su historia.
Julio es la tercera generación que trabaja en la histórica fragua. Tiene alrededor de 42 años ahí, y aunque el taller es familiar, inició como empleado, aprendiendo el milenario oficio a base de golpes y quemaduras por el fuego.
"Yo me quedé con el taller, ya que de cinco hermanos varones, fui el único que se interesó por el oficio. El terreno donde está asentada la fragua le quedó a mi hermano menor, y pagó algo de renta a su familia para que la fragua siga en el mismo lugar".
Indica que la primera generación fue el señor Marín Bordallo, quien aprendió el oficio en Francisco I. Madero, Coahuila, y luego abrió su propio taller en la ciudad de San Pedro.
La segunda generación fue su hijo, Nicolás Bordallo, de quien Julio aprendió el oficio de la forja.
"Nicolás no era mi padre biológico, pero como si lo fuera, porque me enseñó a trabajar y a valerme por mí mismo desde que estuvo al lado de mi madre; él era mi padre, y después de él, yo soy la tercera generación del taller".
Julio es radiólogo y tiene alrededor de 35 años en el sector salud.
Pero destaca que, para él, la fragua no puede ser cerrada, ya que sus clientes merecen respeto, y siempre hay alguna herramienta que reparar o forjar desde cero.
"Tengo mucho trabajo, pero no puedo cerrar la fragua; es una tradición en San Pedro, por ello trato de abrir aunque sea un rato en la tarde, para no dejar que se apague el fogón".
Para Julio la materia prima no es inconveniente; es metal reciclado con el que trabaja. Para obtener dicho material, recorre los yonkes y las recicladoras de metal del municipio, donde encuentra todo tipo de fierro que se puede forjar.
"Cualquier pedazo de metal sirve, y si está en buenas condiciones, se puede forjar; con fuego y martillo, se le puede dar alguna forma, o usar para reparar alguna herramienta".
En cuanto al carbón mineral, que es con lo que se produce el fuego en el fogón, ahí sí batalla un poco más, ya que tiene que invertir en gasolina para trasladarse hasta el sector minero del Estado, en Barroterán, Coahuila.
Aunque no es frecuente el viaje, va cada cinco o seis meses y compra el carbón suficiente para trabajar durante un buen tiempo.
"Ser herrero es pasión, y esa pasión impulsa a tener retos personales; a mí me pasa que quiero seguir innovando en cuanto a mi oficio, y hay quienes me piden una pieza distinta, y me fijo el reto de forjarla".
Julio, con el tiempo, ha ido innovando su trabajo y, aunque utiliza la maquinaria tradicional, trata de ir más allá. Forja desde fierros para animales, a los que él mismo les da el diseño; también forja piezas para adornos de puertas y ventanas.
Recargado, a mediación de una de las paredes del taller, se encuentra el viejo y fuerte mezquite, fiel vigilante de la fragua, y que les ha servido a las tres generaciones como mesa de trabajo.
Destaca Julio que el mezquite está ahí desde que llegó la familia al terreno donde se ubica la fragua; se habla de que tiene alrededor de 118 años y aún da frutos. Al principio estaba derecho desde su tallo, pero una fuerte tolvanera lo dobló, y la parte doblada la tomaron como mesa de trabajo.
"Prácticamente es una mesa; el abuelo, mi padre y yo hemos usado este mezquite para colocar las piezas a forjar, para poner la herramienta, para diseñar y para otras tareas, pero siempre buscamos la manera de no dañarlo, y así siga vivo, porque es parte de la fragua y de la familia".
La fragua de la familia Bordallo Corpus es historia pura; de las 12 que había en el municipio sampetrino, ya es la única que queda. Julio afirma que, mientras pueda, seguirá abriendo el viejo portón del taller y encendiendo el fogón, para seguir forjando la historia de los sampetrinos
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