En una región caracterizada por su clima árido y la escasez de agua, como la Comarca Lagunera, las plantas medicinales y aromáticas no solo representan una opción para el cuidado de la salud, sino también una oportunidad productiva accesible y sustentable.
María del Consuelo Macías, docente de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), destaca que muchas de estas especies pueden cultivarse fácilmente en la región y ofrecer múltiples beneficios.
“Son plantas que no requieren grandes cantidades de agua y que pueden crecer en condiciones adversas, además de que tienen propiedades que ayudan a la salud y pueden aprovecharse en casa o incluso de forma productiva”.
Plantas como el orégano, distribuido ampliamente en el norte del país, contienen compuestos naturales como carvacrol y timol, conocidos por sus propiedades antimicrobianas y antioxidantes. Su uso no se limita al ámbito culinario, sino que también ayuda a combatir bacterias, favorece la conservación de alimentos y contribuye a la salud digestiva, además de su alta calidad, lo que ha permitido que el orégano mexicano sea exportado a distintos mercados internacionales.
La región permite el cultivo o aprovechamiento de diversas plantas medicinales, entre las que se encuentra la hierbabuena, que mejora la digestión y alivia malestares estomacales; el tomillo, que es útil para afecciones respiratorias y como antimicrobiano; el romero, un antioxidante, digestivo y auxiliar en el cuidado capilar; la bugambilia, que se emplea en infusiones para aliviar la tos; y el nopal, que es una fuente de fibra y apoyo en el control de la glucosa.
Señala que muchas de estas especies pueden cultivarse en patios, macetas o pequeños huertos familiares y, más allá de sus propiedades medicinales, estas plantas representan una alternativa viable para la producción local.
“Podemos tenerlas en casa, pero también producirlas a mayor escala. Son una opción para la autosustentabilidad, especialmente en zonas donde el agua es limitada”.
Manifiesta que el cultivo de estas especies requiere de un bajo consumo de agua, pocos insumos y adaptación a climas extremos, lo que las convierte en una opción ideal para la región lagunera.
Entre tradición y ciencia
Aunque su uso proviene de conocimientos ancestrales, manifiesta que actualmente existe un interés científico por validar sus propiedades.
“Es importante utilizarlas con responsabilidad y con información; muchas de sus propiedades ya están siendo estudiadas, pero aún falta mayor difusión”. El reto, indica, es integrar el conocimiento tradicional con la investigación científica para garantizar su uso seguro y efectivo.
El impulso de huertos medicinales y proyectos educativos busca acercar estas plantas a las nuevas generaciones, ya que no se requiere de amplios espacios para poder producirlas. “No se necesita mucho espacio; con una maceta se puede empezar. Lo importante es conocerlas, cuidarlas y aprovecharlas”.
En este sentido, las plantas medicinales no solo representan una alternativa de salud, sino también una forma de reconectar con el entorno y fomentar la autosuficiencia.
La Comarca Lagunera, donde los desafíos ambientales son constantes, estas especies ofrecen una oportunidad real para mejorar la salud de manera natural, diversificar la producción agrícola y rescatar los conocimientos tradicionales. “Tenemos mucho a nuestro alrededor, solo hace falta observar y aprovecharlo”.
Una alternativa en la producción
Ante la crisis hídrica que enfrenta la región Lagunera, una alternativa productiva sustentable que crece en el desierto, pero sigue siendo ignorada, son las hierbas aromáticas que tienen grandes beneficios y usos, tanto medicinales como alimenticios.
José Luis García Hernández, investigador y jefe del Departamento de Investigación de la Facultad de Agricultura y Zootecnia de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), ha dedicado años al estudio de plantas como el orégano, la albahaca, el romero y la salvia, asegurando no solo su valor nutricional, sino su potencial económico y ambiental para la Comarca Lagunera.
El aroma característico de estas hierbas, señala, no es casualidad, pues detrás de cada olor hay compuestos fitoquímicos con propiedades específicas para la salud. “El orégano huele a orégano, el romero huele a romero; cada uno debe ese aroma a compuestos como el timol y el carvacrol”.
Estos compuestos, además de darles su identidad, tienen efectos antioxidantes y antiinflamatorios que ayudan al organismo a combatir los llamados radicales libres, moléculas asociadas al envejecimiento y diversas enfermedades.
Asegura que, a diferencia de lo que suele difundirse en el mercado, no existe una 'planta milagro', pues todos los vegetales contienen antioxidantes; la diferencia está en cuáles y en qué cantidad.
Indica que en regiones áridas como el desierto chihuahuense, que abarca los estados de Coahuila, Durango, Chihuahua, Texas y Nuevo México, el conocimiento de la herbolaria fue durante siglos una herramienta clave para la salud; sin embargo, ese saber se ha ido perdiendo.
“Antes se sabía perfectamente para qué servía cada planta; hoy la gente consume orégano en el pozole, pero no sabe realmente qué está consumiendo”.
Paradójicamente, señala, este conocimiento hoy es objeto de investigación científica de alto nivel, con equipos multidisciplinarios integrados por agrónomos, biólogos, biotecnólogos y especialistas en alimentos.
Estrés, la clave de su valor
Uno de los hallazgos más relevantes en la investigación, es que las plantas aromáticas desarrollan mayor concentración de compuestos benéficos cuando crecen en condiciones adversas.
“Cuando la planta sufre estrés por falta de agua, calor o plagas, produce más de estas sustancias como mecanismo de defensa y eso es precisamente lo que a nosotros nos beneficia”.
Indica que esto rompe con la lógica tradicional de la agricultura intensiva en la que se brindan los cuidados necesarios para la producción. “Si las achipilas con demasiado riego y fertilizante, crecen mucho, pero pierden calidad”.
Mientras en la Comarca Lagunera se mantiene un modelo agrícola intensivo en agua centrado en cultivos como forrajes y producción lechera, otras regiones han apostado por alternativas más rentables y sustentables.
Comenta que entidades como Baja California Sur, por ejemplo, la producción de hierbas aromáticas orgánicas certificadas se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos del sector agropecuario. “Ellos entendieron el modelo, producen con poca agua, certifican orgánico y exportan a Estados Unidos y Canadá”.
La diferencia en ingresos es notable: mientras en mercados locales un manojo puede venderse a unos cuantos pesos, en el extranjero alcanza precios en dólares.
A pesar del potencial, en la laguna estas plantas siguen explotándose de manera rudimentaria, principalmente mediante recolección silvestre. “Se corta el orégano del monte y se vende barato porque no hay valor agregado”.
Asegura que el principal reto es la certificación orgánica, un proceso que implica el cumplimiento de normas específicas de producción, mantener prácticas agrícolas controladas y el pago de auditorías y certificaciones anuales, lo que representa un costo, pero también genera muchas ganancias. Además, el mercado para estos productos no está en lo local, sino en el extranjero.
Una alternativa frente a la crisis del agua
El investigador y jefe del Departamento de Investigación de la Facultad de Agricultura y Zootecnia señala que, mientras que la región enfrenta escasez hídrica, se insiste en modelos productivos altamente demandantes de agua.
“¿Cómo es posible que nuestra economía dependa de actividades que están acabando con el agua, cuando hay opciones que prácticamente no requieren riego?”.
Asegura que las hierbas aromáticas, al necesitar poca agua y tener resistencia natural a plagas, representan una opción viable para zonas rurales semiáridas.
Indica que el problema no es técnico, sino estructural, ya que la Comarca Lagunera ha sido históricamente rígida en sus modelos productivos: primero algodón, luego nogal, ahora leche.
Sin embargo, considera que existe una oportunidad real si se logra capacitar a productores, acceder a certificaciones, vincularse con mercados internacionales y apostar por el valor agregado.
Otro de los objetivos del equipo, menciona, es combatir la desinformación en torno a los llamados 'superalimentos'. “No se trata de vender cápsulas mágicas, se trata de demostrar científicamente qué contiene cada planta y qué efecto tienen”.
Lo que se busca es transferir conocimiento a la industria alimentaria y farmacéutica con base en evidencia.
Asegura que el potencial está creciendo de forma natural en el desierto, pero aprovecharlo implica cambiar la forma de pensar en la agricultura. “Tenemos el recurso, tenemos el conocimiento, pero falta visión”.
Expuso que en una región donde el agua escasea, posiblemente la respuesta no esté en producir más de lo mismo, sino en voltear a ver lo que siempre ha estado ahí, como las plantas del desierto.
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