Idalia mantiene vivo el recuerdo de su mamá, abuela y bisabuelos a través de sus historias

Este 2 de noviembre acudió al panteón para honrar a las mujeres que la criaron y recordar a sus bisabuelos.

Idalia mantiene vivo el recuerdo de su mamá, abuela y bisabuelos este 2 de noviembre.| Kevin Carranza.
Saltillo, Coahuila. /
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Este 2 de noviembre, Idalia Duarte vino al panteón a visitar a su mamá, a su abuelita y a sus bisabuelos. Al recordarlos, cada uno apareció con algo suyo: la alegría de una maestra, las lecciones de otra, una frutería y el chonguito de una mujer a la que alcanzó a conocer siendo niña.

A su mamá le gustaría contarle de sus hijos. Decirle que crecieron, que salió adelante con ellos y que hoy se siente orgullosa de las personas en las que se convirtieron. Le gustaría presentarle a sus nietos.

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“Que la amo con todo mi corazón. Cómo me gustaría que estuviera con nosotros todavía, conociera a mis niños, a mis nietos”.

Su madre murió en 1985, a los 44 años. En casa le decían mamá Betina. Los hijos de Idalia no llegaron a conocerla; por eso, lo que saben de ella ha tenido que llegarles a través de fotografías y de las historias que su madre les cuenta.

Este día, durante la visita, Idalia volvió a hablar de sus gustos. A mamá Betina no le agradaba el negro: decía que era tristeza, oscuridad. Ella quería colores vivos, fuertes. Era alegre, participativa, de las primeras en levantar la mano.

También recordó a mamá Polita, su abuelita. Las dos fueron maestras y las dos la criaron con enseñanzas que todavía enumera: saludar, respetar, levantarse y enfrentar las dificultades.

“Nos enseñaron a luchar, a levantarnos, a no tener miedo a enfrentar las cosas”.

Con los años, Idalia necesitó de esa fortaleza. Hubo tiempos en que batalló mucho para darles alimento y escuela a sus hijos. Ahora que los ve adultos, reconoce cuánto la sostuvieron los principios que aprendió de aquellas mujeres.

De mamá Betina recuerda las clases en un bodegón, cuando una primaria apenas comenzaba. De mamá Polita, las generaciones de alumnos, su trabajo como directora y las ganas de seguir enseñando después de retirarse.

Pero en el panteón también hay recuerdos anteriores a las aulas. Están sus bisabuelos, a quienes conoció cuando era muy pequeña. Él tenía una frutería por Matamoros y Juárez. A mamá Julia la recuerda arrugadita, con su chonguito y su chal. Una imagen sencilla que conserva desde la infancia.

Hoy le gustaría que más familiares fueran con ella a visitarlos. Los invita, insiste. Reconoce, sin embargo, que son menos quienes acuden al panteón.

“Yo qué más quisiera que vinieran conmigo”.

Por eso, la memoria familiar también tiene un lugar en su casa. Idalia coloca un altar, enseña fotografías y les habla de quienes aparecen en ellas. Pide que enciendan una veladora, que se detengan un momento, que recen un Padre Nuestro por su abuelita, aunque no hayan alcanzado a conocerla.

Este 2 de noviembre vino a ver a quienes la criaron. En casa, sus hijos y sus nietos pueden encontrarlas en una fotografía, en una historia, en las enseñanzas que Idalia todavía repite.

Mamá Betina no alcanzó a conocerlos. Su hija se encarga de que ellos sepan quién fue.







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  • Kevin Carranza
  • Periodista especializado en temas de seguridad y cobertura de nota roja, con una visión precisa y objetiva de los acontecimientos. Amante de la lectura y de las historias que inspiran, combina su labor informativa con una profunda pasión por la aviación, disciplina en la que se prepara de manera constante.

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