El 'Sheriff' de la escoba: el hombre que limpia el honor de Torreón una banqueta a la vez

José Luna, un exalbañil de 78 años, da ejemplo de que no se necesitan más recursos para tener una mejor ciudad, se necesita más voluntad.

Desde muy temprano José Luna se levanta para aportar su granito de arena por el bien de Torreón | Kirk Castillo
Kirk Castillo
Torreón, Coahuila /

Mientras Torreón sucumbe ante una crisis de desechos agravada por las olas de calor extremo y la indiferencia ciudadana, un hombre de 78 años, con las rodillas desgastadas por la albañilería, se convierte en el único muro de contención contra el caos en Villas Universidad.

Una ciudad que se ahoga en sus propios restos

Torreón está librando una batalla perdida contra sus propios desperdicios. Los datos no mienten y la realidad en las calles es cruda: entre las intensas olas de calor que azotan la región y una deficiencia crónica en los servicios de limpieza, la ciudad ha comenzado a desbordarse.

La basura no es solo un problema visual; es una crisis sanitaria que se pudre bajo el sol lagunero, alimentada por una ciudadanía que, en gran medida, ha olvidado el concepto de comunidad.

Sin embargo, en el circuito Fruticultura de la colonia Villas Universidad hay una anomalía. Un tramo de asfalto que desafía las estadísticas de suciedad de la ciudad.

Ahí, donde el aire debería oler a abandono, huele a barrido fresco. El responsable es don José Luna, un exalbañil de 78 años, que ha decidido hacer lo que miles de ciudadanos —y, a veces, las autoridades— simplemente omiten: limpiar.

La disciplina del sobreviviente: de la mezcla a la escoba

Don José no es un improvisado del esfuerzo. Durante 50 años levantó los muros de esta ciudad con sus propias manos.

Se retiró a los 70, dejando atrás andamios y botes de mezcla, pero cargando con el desgaste físico de una vida de trabajo pesado. Hoy, sus rodillas le pasan factura, recordándole cada década de esfuerzo con cada paso.

Pero el dolor físico no es rival para su voluntad. A las siete de la mañana, cuando el sol apenas empieza a calentar los montones de basura que dominan otros sectores de Torreón, don José ya está en la calle.

"Cuando vine aquí, todo esto tenía basura; había casas solas, sacábamos escombros y toda la cosa. Todo lo que vi hasta yo lo recogí, incluso pagué para que se llevaran la basura porque estaba dando mal aspecto", relata don José con una claridad que debería avergonzar a más de uno.

Su acción no es un pasatiempo; es una medida de seguridad. En una ciudad donde los escombros acumulados se convierten en nidos de fauna nociva, don José limpia para sobrevivir. Sabe que un baldío sucio es una invitación al peligro y él no está dispuesto a ceder su espacio.

El contraste: una ciudad sucia frente a un hombre con voluntad

La situación en Torreón es alarmante. La combinación de calor extremo y el incremento en la generación de basura ha puesto en jaque al sistema de recolección. Pero, más allá de las fallas técnicas, existe un factor humano determinante: la falta de cultura. En una ciudad donde es más fácil tirar una bolsa en la esquina que esperar al camión, don José es un "rebelde" de la limpieza.

"Me levanto a las siete de la mañana y me pongo a barrer la calle, pero por los dos lados. Si se fija bien, hasta esa casa de la esquina ya la he barrido también, sobre todo porque se junta mucha basura y tierra en el cordón. Por eso trato de mantenerlo limpio; si fuera otro, nada más limpiaría su cachito".

Ese "cachito" es la clave. La mayoría de los habitantes de Torreón viven encerrados en su metro cuadrado, ignorando que la basura de la esquina terminará, tarde o temprano, en su propia alcantarilla. Don José lo tiene claro: él limpia casas abandonadas y frentes ajenos porque entiende que el entorno es uno solo.

El efecto espejo: ¿se puede limpiar la mente del lagunero?

La labor de don José ha comenzado a surtir un efecto inesperado. En un entorno donde imperaba el abandono, algunos vecinos han empezado a reaccionar. Es un cambio lento, casi imperceptible frente a la magnitud del problema en el resto del municipio, pero es real.

"Aquí con los mismos vecinos, porque de donde está el carrito para allá se hace el basural. Toda esa basura, cuando llueve fuerte, el agua la jala para acá y aquí están las alcantarillas. A mucha gente no le gusta vivir limpio, no sé, pero si todos fuéramos como yo, tendríamos una ciudad limpia".

Don José toca el punto más sensible de la crisis urbana en Torreón: la vergüenza perdida.

"¿Cómo va a dar pena tener limpia tu casa o el tramo donde vives? Es al revés", sentencia.

En una sociedad que a veces parece premiar la indolencia, él reivindica el orgullo de la banqueta barrida.

Un mensaje para los que ensucian y los que miran

La rutina de don José es un grito silencioso dirigido a las nuevas generaciones y a una ciudad que parece haberse rendido ante la mugre. Su mensaje es crudo: no necesitamos más recursos, necesitamos más voluntad.

Si un hombre de casi 80 años, con problemas de movilidad y tras medio siglo de trabajo forzado, puede transformar su cuadra y rescatar áreas verdes del olvido, ¿cuál es la excusa del resto de Torreón?

La historia de don José Luna, no es solo una nota de color. Es una denuncia frontal contra la suciedad de una ciudad que se está acostumbrando a lo inaceptable. Mientras la "basura sin fin" y el calor asfixian a La Laguna, don José sigue ahí, firme, con la escoba en mano, recordándonos que la dignidad de una ciudad se construye —o se recupera— todos los días a las siete de la mañana.

Él ha entendido que la limpieza es una forma de respeto: respeto por uno mismo, por los demás y por el suelo que pisamos. En cada movimiento de su escoba, José Ángel lanza un desafío silencioso a todos los laguneros: ¿tú qué estás haciendo por tu cuadra?

icrm

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