La Fama: del recuerdo a la melancolía

El proyecto de Antonio Castro busca recuperar la memoria colectiva, en un lapso de 60 años.

La Fama: del recuerdo a la melancolía
México /

El guión para el documental “La Fama: del recuerdo a la melancolía”, está listo. Subtítulo que no oculta intenciones: “Daños colaterales en la era del olvido forzado…” El equipo de producción, que encabeza Antonio Castro García, lo integran vecinos de la fábrica textil La Fama: desde hace mucho recopilan la historia de la región. ¿La intención? Muy clara la tiene (Toño Castro pa’ los cuates) el documentalista y psicólogo social egresado de la UNAM:

—Crear un producto cinematográfico que materialice las narraciones de los habitantes de La Fama y se conviertan en documentos que resguarden voces, imágenes de personajes, lugares y recreación de vivencias que, como los libros, sean cápsulas de tiempo para ser decodificadas y reordenadas por otras colectividades, en otros tiempos y latitudes.

Toño Castro nació en Monterrey, Nuevo León, en 1955; en La Fama pasó infancia y adolescencia; estuvo al tanto de la vida del pueblo y de la empresa textil por su padre, Antonio Castro Ruiz, director del departamento de Hilados y Tejidos por más de 50 años.

Experimentado documentalista, Toño labora actualmente como realizador de programas y cápsulas para la Cámara de Diputados de la 58 Legislatura; dirigió “La Voz de los Chontales”, radiodifusora de Nacajuca, Tabasco; realizó más de 200 documentales etnográficos para la televisión de Veracruz entre 1984 y 1998. Obtuvo varios premios de fotografía y documental.

El proyecto “La Fama: del recuerdo a la melancolía” busca recuperar la memoria colectiva, en un lapso de 60 años aproximadamente a la fecha, tiempo en el cual “los elementos de nuestra historia inciden en la permanencia de un núcleo centrado en la comunidad de La Fama y su fábrica, que fusiona a vidas a la geografía, que se interioriza como parte de quienes la habitan, conformando momentos que deseamos recuperar. Con los testimonios se elaborará una historia digna de ser trasmitida a otros mediante un largometraje de alta calidad”.

—¿Qué es La Fama para Toño Castro y para quienes participan en el proyecto?

—Es una congregación del municipio de Santa Catarina, Nuevo León, con un pasado histórico enorme: es una mezcla de migrantes que viajaron con todas sus tradiciones; incluye a chichimecas, tlaxcaltecas llevados por los conquistadores; judíos sefarditas que labraban la tierra antes de la industrialización; a gente de Coahuila; de El Cercado, región de Nuevo León, descendientes de franceses avecindados desde la Guerra de Reforma; y ya entrado el siglo XX, a familias cristeras de Jalisco y el Bajío, que aquí tuvieron cobijo. También había músicos de Tierra Caliente…

“En La Fama se erige la primera fábrica textil de esta región industrial, al poniente de Monterrey; sus ruinas están en las faldas del cerro; dio nombre al pueblo que se asentó con ella desde 1854, y propició el cultivo de algodón en Tamaulipas y en La Laguna, Coahuila, a iniciativa de regiomontanos que otorgaron créditos refaccionarios para ese fin, según señala el investigador de la UANL Javier Rojas Sandoval en ‘Fábricas pioneras de la industria textil de Nuevo León’, revista digital Ingenierías.

“Podemos dividir la historia de la fábrica y del pueblo La Fama en dos etapas: la histórica, desde su fundación hasta 1950, cuando surge una fábrica que utilizaba el agua de las montañas aledañas para operar; y la moderna, de 1950 a 2005, nuevos dueños levantan nueva nave con mayor productividad, usan parte de la maquinaria antigua y de reciente adquisición que impulsan el vapor de una caldera y luego la energía eléctrica.

“El cierre de la fábrica se vincula al predominio de importaciones en detrimento de la producción nacional; al contrabando de telas y ropa, sobre todo de China; y la dificultad de los agricultores para producir algodón, derivada de la actual política económica neoliberal. La fábrica cierra definitivamente, liquidan a obreros y empleados y derruyen la nave erigida en 1950”. Además, destrozan y venden la maquinaria como chatarra. Eso duele. Dice Toño:

—Las generalidades nublan nuestra visión particular, la de los habitantes de La Fama: primera tierra que conozco, ahí crecí hasta pasados los 18 años. Mi casa colindaba con la antigua fábrica, la miré diario entre la cerca de malla que separaba mi patio de los muros añejos, pero bien conservados, de ese edificio que se usó como bodega de algodón utilizado en la nueva fábrica, a la que accedías con solo cruzar la calle Vicente Guerrero. El número de mi casa era el 350; mi padre, empleado de confianza, tenía derecho a casa para él y su familia: como la antigua fábrica, se construyó con grandes adobes, enjarre y techo de vigas impermeabilizadas. Casa y antigua fábrica están en pie, aunque abandonadas y amuralladas.

“La vida de obreros y empleados era próspera, se reflejaba en sus viviendas; en varias canchas deportivas para los ratos de ocio; en escuelas primarias; viví la construcción de una secundaria y una prepa; hijos e hijas son médicos, abogados, ingenieros, humanistas; había abarroteras, ferreterías, tortillerías, peluquerías, carnicerías, cantinas; los niños jugamos en milpas y llanos vecinos. El templo de San Vicente de Paul suplió al antiguo y pequeño del siglo XIX. La iglesia edificó una primaria y un comedor para gente sin recursos. Aunque a los 14 años de edad con mis amigos nos declaramos ateos, dialogamos con el respeto y comprensión a los principios de los demás”.

—¿Cómo fue tu vida en este sitio?

—Mira: a los 6 años recorría sitios cercanos a casa: la milpa de don Merced: colindaba con la fábrica de tractores de Juan Venado, se apilaban en los grandes patios de la empresa y contrastaban con la yunta de don Merced y sus hijos. Yo no distinguía los cambios de lo rural a lo urbano-industrial: los viví. El sembradío era espacio de juego y sorpresa cotidiana fuera de casa. Las calles, sin pavimento. No había televisión. Convivía con mis padres y hermanos, con los vecinos; los del molino de nixtamal, con don Merced y su familia y con la que cuidaba la granja de gallinas aledaña a mi casa. Lugares y gente acogían con amabilidad y cariño, me sentía en casa siempre, la calle no era peligrosa, escasos autos levantaban polvaredas; las bicicletas eran el transporte más común. Circulaban carretas tiradas por caballos y algunos jinetes en mula, burro o caballo.

“Me interesa reflejar en el documental esta etapa de la fábrica y de los habitantes de La Fama. Contada por ellos mismos, impregnada por antiguos y recientes recuerdos de una cotidianidad que cambió hasta que abruptamente se esfuma la principal fuente de empleo. Yo no estaba cuando cierran la fábrica. Salí del pueblo en 1974, pero seguí de cerca los hechos a través de mi padre: me los contaba al visitar la casa paterna. Tuve cercanía con habitantes, contextos y circunstancias: la más fuerte, cuando mis padres dejan la casa en 2013. Eso también motiva el proyecto. Si demuelen las ruinas de la antigua fábrica, derriban nuestros recuerdos, memoria, valores e identidad”.

*Escritor. Cronista de "Neza"

  • Emiliano Pérez Cruz

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