La gaveta de José Salvador y su vida entre tumbas

Con 50 años a cuestas y después de haber laborado en muchos oficios, 'Don Chava' llegó al panteón hace 4 meses, donde pasa las noches con tranquilidad, sin preocuparse por la mañana siguiente.

José Salvador, un hombre que vive en el cementerio.
Alberto Robledo Cervantes
La Laguna /

Casi por defecto las personas temen de los panteones, de los cementerios, la sola idea de pasar cerca durante la noche da una sensación helada recorriendo la columna vertebral.

A José Salvador no le ocurre lo mismo. Desde hace 4 meses el señor de 50 años, habita en uno de los panteones de La Laguna, donde duerme en una cripta, bajo tierra.

Toda su vida la ha pasado en la región, manteniendo desde siempre una idea de arraigo hacia su tierra.

Su familia, esposa e hijos, se mudaron a Ciudad Juárez pero él no los siguió, "¿para qué? ¿Yo que voy a hacer allá? Está mejor aquí, aquí me quedo, aquí nací". Se quedó en solitario y se acercó a su ahora hogar.

No obstante su arraigo, se le podría llamar un nómada. Una vez que terminó el sexto de primaria, contó, se la pasó de un lado a otro, de casa en casa, de trabajo en trabajo (en la obra, como vocero y cuanta cosa se le ha ocurrido), "yo me la paso nomás ansina".

[OBJECT]Pensar que alguien vive en un panteón refiere a una persona con una vida complicada, a quien la buena suerte le ha dado la espalda, o bien, a alguien que cometió errores que lo llevaron a su actual condición. Pero no.

"¿Qué es eso? ¿Qué son las complicaciones?", responde cuando se le pregunta por cuáles complicaciones ha atravesado en su vida. "No he tenido ninguna parte difícil, así me la paso. La he pasado bien" y se ríe tímidamente.

Cuando llegó a instalarse en una de las gavetas de la cripta del panteón, trabajaba como vocero de un diario local.

Pasados los 3 meses perdió su empleo. Ahora se dedica a ayudar a quienes visitan a sus familiares fallecidos, acarreándoles agua para limpiar la lápida, guiándolos entre los muertos, limpia los sitios del eterno descanso a cambio de una propina.

Así la pasa el día entero y le gusta. Desde que salió de primaria se ha dedicado a hacer muchos trabajos en temporadas cortas y ha sus 50 años el plan no ha cambiado.

"Ansina me la paso. Así es mi vida, a veces ayudo en lo que me ocupan. Es trabajo y eso fue lo que decidí, se la pasa uno chido. Ya sabrá Dios qué sucede en la vida".

Contó por la noche haber visto algunas cosas, personas a las que no había visto entrar, pasearse entre las lápidas y señala los lugares, pero sin mutar al miedo.

Las noches las pasa como si nada dentro de su gaveta, bañándose a jicarazos en una esquina de la cripta, tranquilo y sin preguntarse qué pasará el día de mañana.

JFR

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