La manera en que las mujeres jóvenes de La Laguna conciben la maternidad, el matrimonio y su proyecto de vida ha cambiado drásticamente en una década, pues actualmente cada vez más mujeres deciden concluir una carrera profesional, alcanzar estabilidad económica y consolidar una vida laboral antes de pensar en formar una familia.
Luis Alfredo Medina, coordinador de Investigación del Consejo Cívico de las Instituciones Laguna (CCI Laguna), señala que las cifras demográficas reflejan una transformación social en la región.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2014 y 2015 nacían en promedio cerca de 28 mil niños al año en la Zona Metropolitana de La Laguna, cifra que se redujo a 17 mil 792 nacimientos anuales.
Esta disminución, indica, responde principalmente al cambio de prioridades que tienen las nuevas generaciones.
“Cada vez hay menos mujeres que deciden ser madres a una edad temprana”.
Hace diez años, el embarazo adolescente representaba cerca del 22 por ciento de los nacimientos en mujeres de entre 15 y 19 años, porcentaje que actualmente bajó a 15.5 por ciento.
Maternidad después de la estabilidad económica
Actualmente en La Laguna hay 389 mil 401 mujeres que son madres de familia, de las cuales el 66 por ciento son mayores de 40 años, mientras que cada vez hay menos madres jóvenes.
A diferencia de generaciones anteriores, muchas mujeres ahora esperan concluir estudios técnicos o universitarios y conseguir estabilidad laboral antes de convertirse en madres.
“Ya terminaron una carrera técnica o una profesión, ya tienen un trabajo estable y entonces deciden ser madres”.
Este fenómeno, señala, también está relacionado con la incorporación cada vez mayor de las mujeres a la educación superior y al mercado laboral.
Actualmente, el 55 por ciento de las personas egresadas de universidades son mujeres, mientras que el 45 por ciento corresponde a hombres, a diferencia de años atrás, cuando la proporción era inversa.
“Esto ha propiciado que, al tener un trabajo formal y buscar una oportunidad profesional, decidan postergar la maternidad”.
Los cambios también son visibles en la edad promedio para contraer matrimonio.
En 2004, el 65 por ciento de las mujeres que se casaban en La Laguna tenía entre 15 y 24 años. Hoy, ese porcentaje cayó al 31 por ciento.
Actualmente, el grupo más numeroso de mujeres que contrae matrimonio tiene entre 25 y 34 años, con un 41 por ciento del total.
Explicó que muchas mujeres buscan primero independencia económica y estabilidad emocional antes de formar una familia.
Jóvenes replantean la maternidad en una sociedad cada vez más exigente
Actualmente, cada vez más parejas jóvenes deciden postergar la maternidad o incluso renunciar a ella para enfocarse en su desarrollo profesional, estabilidad financiera y bienestar emocional y, en muchos casos, las mascotas ocupan un lugar importante dentro de estas dinámicas familiares, al grado de ser consideradas “perrijos” o “gatijos”.
Alejandro Ortega, psicoterapeuta, manifiesta que este fenómeno no puede entenderse únicamente desde lo emocional, sino también desde el contexto social y económico que enfrentan las nuevas generaciones.
“Hay una premisa en la psicología moderna que dice que muchas veces todo problema psicológico no es psicológico, sino social. Y aquí influye muchísimo cuánto gana una pareja hoy en día, qué oportunidades laborales tiene y qué condiciones económicas enfrenta”.
El especialista considera que muchas parejas sí mantienen el deseo de cuidar, acompañar o maternar, pero las condiciones actuales dificultan pensar en la crianza de un hijo.
“Muchas personas canalizan este cariño o esta expectativa de tener un hijo hacia una mascota, porque sienten que un perro o un gato está un poco más a su alcance que criar a un niño”.
Asegura que las condiciones de vida han cambiado radicalmente en comparación con generaciones anteriores, pues antes una sola persona podía sostener económicamente a una familia y adquirir vivienda a una edad temprana, mientras que hoy los profesionistas enfrentan dificultades para encontrar estabilidad laboral.
Explica que las nuevas exigencias laborales también han modificado la manera en que las personas planean su vida personal.
“Las ofertas laborales hoy piden licenciatura, experiencia, inglés y muchísimas habilidades para salarios bajos, entonces las parejas empiezan a hacer números y dicen: ‘No me puedo dar el lujo de dejar de trabajar dos años para cuidar a un hijo’”.
Postergar la maternidad ya no responde únicamente a una elección individual, sino a una realidad económica que obliga a replantear proyectos de vida.
“Uno no siempre hace lo que quiere, sino lo que la sociedad le permite con las herramientas y recursos que tiene”.
El psicoterapeuta señala que esta transformación también explica por qué las familias actuales suelen ser más pequeñas que décadas atrás.
“Antes era común encontrar familias de ocho o diez hermanos porque la economía lo permitía. Ahora muchas veces apenas alcanza para mantener a un hijo o una mascota”.
Aunque el fenómeno de los “perrijos” ha sido criticado por algunos sectores que consideran exagerado tratar a los animales como hijos, el especialista asegura que detrás de estas dinámicas existen necesidades emocionales legítimas que deben entenderse antes de juzgarse.
“La persona sabe perfectamente que es un perro o un gato, pero también tiene esta necesidad de cuidar, de acompañar, de llegar a casa y no sentirse sola”.
Más que burlarse o cuestionar estas decisiones, es importante comprender las circunstancias que enfrentan las nuevas generaciones.
“Si escuchamos la historia de cada persona, todo empieza a tener sentido. Hay quienes trabajan de ocho de la mañana a siete de la tarde y dicen: ‘¿Para qué voy a traer un hijo si solo voy a verlo unas horas al día?’”.
A diferencia de la crianza de una mascota, las necesidades emocionales y físicas de un niño requieren atención constante.
“Un hijo es una responsabilidad enorme las 24 horas del día, mientras que un perro necesita comida, agua y cuidados básicos, pero un niño requiere atención emocional permanente”.
Indica que decidir no tener hijos o sustituir temporalmente ese deseo con una mascota no representa un trastorno psicológico, sino una elección influenciada por las condiciones actuales de vida.
“Antes de juzgar, hay que entender. No es que las personas estén mal, simplemente están tomando decisiones de acuerdo con su realidad económica, emocional y social”.
El especialista advierte que esta tendencia podría tener implicaciones demográficas a largo plazo debido a la disminución de nacimientos, aunque insiste en que, desde lo individual, se trata de decisiones válidas.
“Mis perritas me ayudaron a sanar”: maternidad, duelo y compañía emocional
Hace tres años, Nanelli Saucedo Flores enfrentó la pérdida de un embarazo. Un año después vivió una segunda pérdida. Desde entonces, junto con su esposo inició un proceso emocional complicado, marcado por el duelo y la reconstrucción de la idea de familia que soñaban.
Durante ese camino llegaron dos perritas que, poco a poco, se convirtieron en una parte importante de su recuperación emocional.
“Eso es algo que te marca de por vida y no hay un momento en el que puedas decir: ‘Ya pasó’”.
Aunque las mascotas no llegaron inmediatamente después de las pérdidas, asegura que con el tiempo se transformaron en una especie de terapia para ambos.
“Me ayudaron a reconfortarme un poquito en ese aspecto de la maternidad, a pensar que tal vez no era mi tiempo y que esto me estaba ayudando a prepararme”.
Además del cariño, el cuidado diario de sus perritas les permitió volver a construir rutinas y responsabilidades en pareja.
“Nos ayudó a organizarnos, a ponernos de acuerdo en quién las cuida, quién las pasea o les da de comer, sentimos que esa familia que soñábamos no estaba tan lejana”.
Nanelli, con 27 años de edad, reconoce que muchas personas minimizan el vínculo emocional con las mascotas, pero para ella el cuidado que les brinda representa también una forma de maternidad.
“Para mí la maternidad significa cuidar, criar y acompañar a un ser vivo, sea un animalito o una persona”.
Incluso, señala, celebraron el cumpleaños de una de sus perritas con una pequeña fiesta y una piñata.
Actualmente trabaja en el sector hotelero y su esposo es entrenador y gerente de un gimnasio, por lo que entre el trabajo, el hogar y sus mascotas han aprendido a vivir el proceso sin presiones.
Aunque el deseo de convertirse en padres sigue presente, Nanelli asegura que hoy también encontró en sus mascotas una forma de sanar.
Jóvenes replantean la maternidad y deciden esperar
Cada vez son más las mujeres jóvenes que deciden postergar la maternidad o incluso contemplar la posibilidad de no tener hijos. Las prioridades han cambiado y terminar una carrera, alcanzar estabilidad económica, cuidar la salud mental o simplemente disfrutar una vida distinta son ahora factores que pesan más al momento de pensar en formar una familia.
Regina Montserrat Martínez Gaindo, de 26 años, forma parte de esta generación que ha decidido cuestionar el modelo tradicional de vida. Actualmente divide su tiempo entre el trabajo y la universidad, una dinámica que asegura consume prácticamente toda su energía física y mental.
“Entre carrera y trabajo ocupa todo mi espacio mental, no tendría tiempo ni capacidad mental como para dedicarlo a otro proyecto de vida que viene siendo un hijo”.
Organiza sus actividades por horas a la semana para poder equilibrar escuela, empleo, pareja, ejercicio, amistades y familia, por lo que dentro de esa rutina, dice, simplemente no existe espacio para la maternidad.
“Mis tiempos ya están distribuidos y un hijo ahí no entra. No hay espacio”.
Regina señala que uno de los factores más importantes fue dimensionar la responsabilidad emocional, económica y física que implica criar a otro ser humano.
“Tener hijos no es solamente quererlos, es asegurarte de que vas a poder darles una vida digna, mantenerlos, cuidarlos y estar presente”.
Actualmente comparte su vida con varios gatos, mascotas que también se han convertido en parte importante de su rutina y de sus afectos. Aunque reconoce que el cuidado de los animales no se compara con la crianza de un hijo, sí les ha permitido a ella y a su pareja entender el nivel de compromiso que representa hacerse responsables de otro ser vivo.
“Estamos muy apegados a ellos y a veces decimos: ‘Si así es con los gatos y el pelo por toda la casa, imagínate con un bebé’. Entonces pensamos que así estamos bien”.
Señala que se siente tranquila con la decisión tomada y considera que en muchas ocasiones la presión social sigue empujando a las mujeres hacia la maternidad como una meta obligatoria, aun cuando las condiciones económicas y emocionales no siempre son las adecuadas.
“Mucho de lo que escuchamos de personas cercanas que ya tuvieron hijos es que, si hubieran sabido lo difícil que era, quizá habrían esperado más. Entonces también eso te hace pensar”.
Este cambio de mentalidad forma parte de una transformación social más amplia que ya comienza a reflejarse en cifras nacionales y regionales.
Mientras tanto, historias como la de Regina muestran cómo la maternidad dejó de ser vista como una obligación inmediata y se convirtió en una decisión profundamente reflexionada, en la que las mujeres jóvenes buscan priorizar su estabilidad emocional, profesional y económica antes de pensar en formar una familia.
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