Leticia González Arratia, la mujer que dio voz científica a la cultura del desierto en el norte de México

En el marco del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, la trayectoria de Leticia González Arratia destaca como fundamental para la arqueología del norte del país.

Leticia González Arratia, voz científica del desierto mexicano.| Roberto Amaya
Torreón, Coahuila /

En el norte del país y específicamente en Coahuila, se cuenta con una mujer que ha sumado páginas a la ciencia y a la historia nacional. Se trata de Leticia González Arratia, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quien se atrevió a teorizar sobre Aridoamérica o lo que hoy se reconoce como la cultura del desierto.

En el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, se le piensa como pionera al interpretar las relaciones humanas establecidas por los cazadores recolectores, hecho que la llevó a desarrollar proyectos durante largo tiempo sobre las serranías laguneras, a donde la alcanzaban los fines de semana David, su esposo, y su pequeña hija Adriana, quien siguió los pasos de su madre y se formó como arqueóloga. 

Te recomendamos...
Edén Muñoz celebrará San Valentín con lleno total en el Coliseo Centenario de Torreón

En entrevista para MILENIO, González Arratia explicó que era ya una adulta cuando se inauguró el Museo Nacional de Antropología e Historia. Tras visitarlo, tomó la decisión de estudiar la carrera y al mismo tiempo trabajar para sostener parte de sus gastos en Ciudad de México, donde vivió un tiempo hasta que el terremoto de 1985 le replanteó volver a La Laguna y comenzar a escribir sobre las tumbas mortuorias y las manifestaciones gráfico rupestres.

"Yo ni me imaginaba que existía la arqueología. Vivía en Torreón y cuando salió el reportaje de que se había inaugurado el museo, le dije a una amiga que fuéramos a visitarlo. Somos amigas desde la secundaria, pero ya tenía unos 22 años. Lo visitamos y pensé 'Yo quiero estar aquí', y le pregunté a la chica que me dio la visita guiada cómo se le hacía para trabajar allí porque quedé impresionada. Es arquitectónicamente hermoso, y no se diga la originalidad de su invaluable contenido".

“Ella me dijo que estudiaba la carrera y me fui a preguntar qué se necesitaba para entrar a arqueología. En el primer año yo era de las mayores; todos venían de la prepa y yo había estudiado secretariado bilingüe en un instituto que ya no existe, que era la contraparte, pero pobretona, del Colegio Americano. Se llamaba Instituto Latinoamericano, que lo fundó una señora americana, para la clase media. Allí aprendí inglés y luego me fui un año a los Estados Unidos y eso me afianzó mucho en el idioma”.

El dominio del inglés le abrió las puertas de un despacho de abogados. Con ese sueldo y el apoyo de sus padres, además de estar en la ENAH, estudió francés. Al terminar la carrera, la nombraron coordinadora de la especialidad de arqueología. Allí también conoció a Luis Aveleyra Arroyo de Anda personalmente, al que ya había leído, y le pidió algunos consejos. Pero ella volvió a Torreón, lo que le permitió adentrarse en la cultura del desierto. Su esposo, el maestro David Octavio Meza Chávez, y su pequeña, Adriana Lorena Meza González, la acompañaron en ese proceso.   

“El director del INAH nos ofreció que saliéramos de la ciudad; había muchos arqueólogos y antropólogos, de todas las especialidades. Nos dijo que se necesitaba gente en provincia y que el Instituto nos pagaba la mudanza y los gastos; así fue como me vine. En esa época trabajaba en campo porque me dieron un proyecto y un vehículo, una camioneta negra pickup cerrada, entonces todos los días salía al campo, sábados y domingos también, y David, mi esposo, de lunes a viernes iba a la escuelita a trabajar, pero el fin de semana se iba conmigo y llevaba a Adriana chiquita”.

David supo con quién se había unido en pareja y la acompañó siempre que pudo. Así se debió quitar la camisa para atarla a algunos arbustos de gobernadora a manera de sombra, colocando debajo a Adriana quien, en algunos momentos, recuerda su mamá, lloró al encontrarse con la espina de una cactácea. Doña Leticia apuntó que fue medio azarosa su infancia con una mamá arqueóloga, pero a los quince años ella dijo que también quería ser arqueóloga.

“Yo tenía un asistente, Jesús, y había estudiado en la Universidad de Veracruz, en Xalapa. Se recibió y luego se fue a estudiar historia a Monterrey. Adriana tenía la referencia de la universidad y yo sabía que tenían la carrera de arqueología. Me acuerdo cuando la llevamos David y yo para que hiciera su examen de admisión. 

“Nos fuimos hasta Orizaba y la llevamos al edificio donde presentó el examen. Salieron todos y ella fue la última, quizá corrigiendo. Pero pasó y se quedó allá. Ella tenía unos 17 años; nosotros teníamos un Volkswagen viejito y tuvimos que comprar un auto, un Tsuru, para llegar. Nosotros volvimos y ella se quedó y terminó su carrera”.

David, hablando de su hija Adriana, dice que siempre la caracterizó cierta independencia, determinación y la vocación por la arqueología, aun sabiendo que las mujeres no la tienen tan fácil en ciertos espacios. Eso la llevó a estudiar la maestría y estudiar un doctorado del cual está por titularse.

El trabajo teórico de Leticia González Arratia es fundamental para comprender la arqueología que se realiza en el norte del país. Fue por ello que se concentró en el área de Coahuila, su desierto, que para nadie de su generación resultaba interesante.

“Debido al hallazgo de la Cueva de la Candelaria, es que se ponen los ojos en el desierto, por la cantidad de bultos mortuorios, y desde México dieron dinero para que viniera Luis Aveleyra Arroyo de Anda y don Pablo Martínez del Río a estudiar, en primer lugar a hacer un rescate y en segundo lugar a estudiarlos junto a los materiales arqueológicos”.








daed

  • Lilia Ovalle
  • Socióloga por la Universidad Autónoma de Coahuila. Periodista desde el año 1999.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite