Luchan por salvar a los hijos de reos del Cereso

Hipólito Argumedo, coordinador de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Torreón comparte que hacen esfuerzos para que los menores tengan estudios hasta el nivel profesional.

Pequeños con historias desgarradoras sanan ahí sus heridas.
Cecilia Rojas
Torreón, Coahuila /

Hay una canción religiosa que se llama "Una espiga dorada por el sol". Tiene entre sus estrofas una que es un tanto triste, pero que es cierta: "hay que morir para vivir".

Claudia, el nombre ficticio de una muchachita que estuvo en el Albergue del Padre Manuelito, salió de ahí a sus doce años de edad. La historia la platica don Hipólito Argumedo, coordinador de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Torreón y también encargado de la Residencia Juvenil.

Comenta esto desde una parte dolida de su ser. Claudia se fue a la casa de sus abuelos y la menor a los trece años ya estaba embarazada, tras haber sufrido una violación por parte del abuelo.[OBJECT]

"La perdimos", dice, aunque hicieron esfuerzos, pues la llevaron a "La Casa de Jesús", tratando de ayudarla, incluso en su parto y su criatura se quedó con su mamá, quien ya había salido de la cárcel.

A la vida de dolor que la muchachita ya llevaba, se sumó otra amargura que al final la llevó al barranco sin fondo que son las drogas. A los 15 años, la encontraron decapitada. Una tragedia que de alguna u otra manera, fue la motivación para retomar uno de los sueños del Padre Manuelito.

"Nos dolió mucho por que tratamos de protegerla por todos lados. Desgraciadamente así terminó. Es feo cuando buscas que alguien le eche ganas y al final no se puede", comenta Hipólito.

Aunque a pesar de todo, las cosas pasan por motivos que nosotros desconocemos y que tal vez deban ocurrir como ocurren. El triste deceso de Claudia, los motivó tanto a él como al licenciado Gerardo Garza, representante legal del organismo, a buscar algo para evitar estas pérdidas.

"Pensamos un poquito tarde, por que muchos de los primeros niños que salieron del Albergue se perdieron. Fueron unos veinte años, en que salían a la calle y se perdía todo lo que habían aprendido por que sus papás seguían en la cárcel".

El Padre Manuelito es una figura icónica en la región al fundar su Albergue hace cerca de 40 años, para niños de los reos del Cereso, cerca del penal, donde pudieran tener acceso mutuo de una manera relativamente fácil.

Su sueño sin embargo, era que todos los hijos de los reos del Cereso a los que atendían, tuvieran estudios hasta el nivel profesional, con la formación aunada a la fe católica.

Esto no era posible. A los doce años, los niños y niñas debían salir del Albergue que lleva el nombre de su fundador. Muchas veces a su suerte, sin saber qué hacer y muchos, perdiéndose en los mismos pasos que sus padres, o aún peores.

Así nació la idea de la Residencia Juvenil. Los avances fueron muy lentos, pero finalmente, hace alrededor de un año, se pudo hacer la inauguración.

Hipólito Argumedo cuenta que fue un comienzo duro. "Se me ocurrió ir a la presidencia municipal para pedir la donación de un terreno. Estuve tres años "poniendo gorro, yo creo que los aburrí y hasta entonces me lo dieron".

Orando, le pedía al Padre Manuelito que ya había fallecido, que les echara la mano para poder seguir apoyando a los chamacos tan necesitados de tantas cosas y se logró.

La Residencia se ubica en la calle Costa Rica número 220, también en la colonia Latinoamericana como el Albergue. Pero el edificio de la Residencia está destinado a atender únicamente a jóvenes varones de entre 12 y 18 años de edad. Actualmente hay alrededor de 32 niños y niñas.

A las muchachas que cumplan doce años, se les seguirá dando apoyo en el Albergue, también con la opción de que permanezcan ahí hasta sus 18.

En el Cereso hay varios niños pequeños, pero por lo pronto, hay dos que están por cumplir sus tres o cuatro años y se les recibirá en el Albergue.

En ambos casos, de preferencia deben de estudiar y tratar de seguir una carrera universitaria, convenio que tienen con la Universidad Autónoma de La Laguna.

La instalación mide 35 metros de largo por veinte de ancho. Tiene dos dormitorios amplios con baños, cocina, área de convivencia, oficina, capilla, dormitorio para quien los cuida de noche, recepción y patio.[OBJECT]

Por cierto que ya van dos veces que les roban. La primera cuando la construcción se estaba levantando, y los ladrones se llevaron lo que pudieron, como bultos de cemento o de yeso. Después les robarían la tubería de cobre.

La Residencia Juvenil puede atender a 34 jovencitos. Ahora mismo tienen ocho. Había nueve pero uno de ellos ya no quiso estudiar ni nada. No los pueden tener a la fuerza, pues es contraproducente para los menores.

Uno más decidió ponerse a trabajar. De alguna manera, buscan saber sobre ellos y como les va en la vida.

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