Bajas del trolebús, anquilosado sobreviviente del transporte público, recorres las calles con nombres de escritores y poetas que pocos recuerdan. Viene a la memoria aquella canción de la Santanera. “Por las calles de México”: Camino por Narvarte,/ Polanco y Coyoacán;/ mi anhelo de encontrarte/ me lleva al Pedregal./ Te busco por Guerrero,/ La Villa y Tizapán, por la colonia Obrera/ y no te puedo hallar… Frente al 13-A de Manuel Gutiérrez Nájera los ves de nuevo: en plena talacha: resanan, lijan, sueldan, repellan, cortan.
Chavos y chavas, medio jipiosos; pasarían por trabajadores de algún taller de impresión pronto a inaugurarse. Preguntas. Se llama José Luis, de apellido Peña. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Y en plena colonia Obrera colabora en el acondicionamiento de un taller entre muchos otros. De artes gráficas, suaje, mecánica automotriz, impresión. Un sitio donde la camaradería, como matita de geranio en lata vacía de chiles curados, florece, ilumine la vida propia y de los demás. Mina Taller.
La gente del barrio mira con curiosidad el arribo de los jóvenes. La accesoria que antes fue taller de suajes permaneció buen tiempo vacía, y al parecer el dueño ya rentó. ¿Pero a quiénes, para qué? Entran y salen, desaparecen a la hora de la comida. El local, en el 13-A de Gutiérrez Nájera, mide aproximadamente 4 por 7 metros. Incluye wc y un pequeño tapanco. No más.
(La Obrera surge, como tantas otras colonias en el país: a toro pasado. Dícese que el 17 de febrero de 1889, la Comisión de Obras Públicas avisó al ayuntamiento que el propietario del predio El Cuartelito (entre Niño Perdido y San Antonio Abad) lo fraccionó, tenía trazadas calles y ya vendía lotes. El cabildo acordó fijar avisos para advertir que esa colonia no estaba autorizada y no tendría servicios municipales. Todo en vano: a la fecha, la Obrera está vivita, cascabelera y cosquilleante. Y ahora, al vecindario se agrega Mina Taller.
El local da a la calle: es pequeño, con mucha luz; los integrantes del Colectivo Mina cuentan: “Fueron dos meses de trabajar todos los sábados. Le quitamos lo oscuro, sombrío. Pintamos el interior de blanco, al tapanco le quitamos una enorme capa de pintura de aceite que cubría la madera. Ya tenemos una laminadora que adaptamos como tórculo para imprimir grabados; nos hemos hecho de tintas, papel reciclado, óleos, gubias, acrílicos, pinturas de aerosol, porque deseamos trabajar y por eso remodelamos con gusto, le echamos voluntad, constancia y aquí estamos.”
El Colectivo Mina lo integran Tsune Daniel Orozco Toda, quien tiene a su cargo el taller de dibujo; Idalia Arvizu Quiroz, actriz; Oscar García Martínez, estudiante de filósofía; José Luis Peña López, artista plástico; Vania Sisaí Rodríguez Santiago, actriz; Mocre, artista urbano, responsable del taller de geometría orgánica; Carla Atilano, psicóloga; Mata Larre, director de arte; Carlos Aldana, publicista; Manu, diseñador gráfico…
Y los que se agreguen al proyecto de contar con un sitio de reunión para echar la platicada, aclararse la voz y el ánimo con unos tragos a pico de botella; para soltar la mano y que la imaginación asome, dé una caminadita por el barrio, se impregne de éste y luego aparezca al elaborar un dibujo, un grabado, un diseño, un algo que con intención resulte arte, que en el changarrito pueda ser expuesto y con pretexto de la expo celebrar con los amigos, los vecinos, los colegas.
Todo cabe en un tarrito, sabiéndolo acomodar. José Luis Peña dice que “la intención inicial era crear un grupo de trabajo para aplicarse más a la practica del dibujo, que cada quien lo aprovechara para su proyecto personal, con herramientas más sólidas y más claras”.
¿Por qué un taller dedicado al arte en la popular y populosa colonia Obrera y no en la Condechi, la Roma, Polanco, San Ángel…? “De entrada no teníamos claro dónde establecernos, pero sí teníamos claro dónde no: no, donde el arte es una moda o estatus, más que una necesidad humana. Llegar a la Obrera fue fortuito, un acto mágico, creo. Y estamos por descubrir más encantos.
“Semanas antes de llegar a la Obrera nos quedamos sin espacio de trabajo: el departamento donde yo vivía. Entonces buscamos un sitio cerca de la gente, que estuviera al alcance de la mano y la gente viera, al pasar, lo que hacemos. Estamos descubriendo que el arte comienza en la familia, en la vida cotidiana, en una comida, en una charla, en una caminada por el barrio, y tratamos de romper la idea de que el arte es para unos cuantos, para estudiados, para una élite. Salimos a la calle a capturar la vida”.
Además de ser centro de trabajo del Colectivo Mina ya montan ahí exposiciones, brindan cursos para quien del barrio o del mundo quiera crear imágenes en el papel, trasladarlas a la placa, imprimirlas... Mina: barrita de grafito que va en el interior del lápiz: “Siempre rompes la mina al escribir”. Mina es también mujer linda, que prodiga exhuberancia en las formas, curvas, cachondería. Mina es lugar de extraccion de recursos minerales; toda cosa o labor cuya explotación resulta de gran provecho.
Luego del trabajo, del taller de dibujo, ¿qué sigue? La comilona, echar pata a la calle e ir descubriendo el barrio, los lugares comunes y uno que otro changarrito donde comer rico: rico es un buen sazón, sin importar tanto la presentación del platillo; porque con sazón se disfrutan el taco con chilito y sal, las carnitas, los de cabeza, el pozole, un pollito, las guamas: no hay que olvidarlas, y si hay: el pulquito, uno que otro mezcalazo…
En Mina Taller todas las definiciones acomodan y a ellas el grupo se encomienda para extraer lo mejor de sí, pulirlo y compartirlo como se comparte la alegría, el goce, la belleza. En julio iniciaron y es una delicia ver cómo trabajan niños, adolescentes, adultos: sentados en el suelo o sobre una tabla, o de pie ante un caballete, dentro del local o en la acera: en el taller de su elección, de grabado o de geometría orgánica; en el de dibujo o con relajo y sorpresa en el de pintura y gráfica para niños. Una mina para descubrir, tallar, pulir, formar talentos en un barrio, la Obrera, cerca del amor que no es sincero, que se paga con dinero; cerca del Eje Central y por San Antonio Abad, vecino de cantinas, talleres, tortillerías, vecindades, deptos umbríos, zaguanes donde se frota la libido en lo oscurito al ritmo del bómboroquiñá-quiñá, ¡quiñá-quiñá: el bómboro; uh, uhhh!
—José Luis: haz de que se cumplió lo que pretendían. Que la Obrera tiene un espacio cultural de éxito... ¿Cómo sería?
—No queremos funcionar como centro cultural, sino como un virus catalizador; para que los vecinos, la gente active y exprese su ser creativo. Si Mina Taller funciona y es un éxito, será el de los vecinos haciendo, pensando, trabajando sin miedo de hacer, reflexionar, mostrar sus emociones. No sabemos del todo qué queremos, pero sí lo que no queremos: no al arte centralizado y pasivo; queremos a la gente activa, y con SU proyecto cultural.
Escritor. Cronista de "Neza"