Rolando Valero estuvo a un turno de quedar atrapado en Pasta de Conchos

Esa noche trabajó la segunda guardia, como lo hizo durante 21 años. Terminó su jornada, salió a la superficie, respiró el aire frío y regresó a casa.

Rolando Javier Valero Valero ex minero de Pasta de Conchos. | Especial
Saltillo, Coahuila. /

Rolando Javier Valero Valero estuvo a un turno de quedar atrapado en Pasta de Conchos. Esa noche trabajó la segunda guardia, como lo hizo durante 21 años. Terminó su jornada, salió a la superficie, respiró el aire frío y regresó a casa cerca de las once de la noche. Nada distinto. Nada fuera de lo normal.

Había gas en un cañón. Venía en desborde. Pero él no estaba en esa zona, andaba en desarrollos. Durante el turno retiraron una máquina y con ella parte de la ventilación. El aire dejó de circular igual, sin embargo, nadie pensó en una explosión. Las minas son riesgo, sí, pero el riesgo se vuelve rutina.

El día de la tragedia

Se acostó sin imaginar que, mientras dormía, la tierra estallaría.

A las siete de la mañana recibió la noticia. Primero creyó que era un accidente común.

“Yo me entero por las noticias como a las siete de la mañana porque estaban las noticias en el radio todo lo queda y ahí me entero, pero yo pensé que como andaba pagando unos unos fierros unos Ademes yo pensé que algún accidente alguna de M que se les haya caído o algo, pero no que una explosión y que esto y que el otro, y si fue una explosión”.

Al mediodía volvió. Bajó otra vez a la mina. Lo que encontró fue devastación: madera quemada, estructuras dobladas, polvo suspendido en el aire. Algunos compañeros lograron salir con quemaduras. Otros no salieron, entre ellos, su hermano.

No hubo tiempo para quedarse quieto. Vinieron por él. Se colocó el equipo de respiración y descendió como parte de la cuadrilla de rescate.

Explica que avanzaban por espacios de apenas un metro de alto.

“Nada más que por lamentablemente no había por donde pasar no había manera de avanzar había unos pedazos así de 1 metro de alto donde que había uno ahí ponemos madera y pasábamos nos arrastrábamos 15 metros y caminamos otros 10 metros y ya no se podía parar anduvimos, buscando la manera de pasar, pero completamente todo tapado”.

Buscar en esas condiciones no es lo mismo cuando sabes que abajo no hay solo piedra, sino compañeros.

Rolando habla de la mina sin dramatismo. Dice que "uno se acostumbra".

“De hecho cuando uno ya está acostumbrado al trabajo, ese no siente miedo, no siente nada es un trabajo normal, no piensas en eso vas a trabajar y no vas a pensar en que va a tronar y que se va a caer. Ya lo agarra uno de rutina”

Recuerda que algunos cambiaron turno aquel día. Otros se regresaron desde la parada del camión, como si algo les hubiera inquietado el presentimiento.

Él había salido apenas unas horas antes. Un turno lo separó de quedarse bajo tierra.

Hoy conserva fotografías de la maquinaria y del equipo que utilizaban. Pero lo que más pesa no está en las imágenes, está en la memoria. En la certeza de que la rutina puede romperse en segundos.

Y en esa decisión que tomó después: volver a bajar. No por salario, no por obligación, sino para buscar a los suyos.

Porque hay hombres que trabajan en la profundidad y hay otros que, aun teniendo la oportunidad de quedarse arriba, deciden regresar a la oscuridad.

dahh.

  • Kevin Carranza
  • Periodista especializado en temas de seguridad y cobertura de nota roja, con una visión precisa y objetiva de los acontecimientos. Amante de la lectura y de las historias que inspiran, combina su labor informativa con una profunda pasión por la aviación, disciplina en la que se prepara de manera constante.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite