Desde el viernes, el muelle público de Mazatlán, Sinaloa, luce lleno. Cientos de barcos camaroneros y algunos atuneros —que son mucho más grandes— tuvieron que ser replegados en este espacio seguro para resguardarse del huracán Simon, que hasta hace unos días amenazaba con llegar hasta acá y tocar tierra en este puerto, luego de que ha recorrido los estados de toda la costa del Pacífico, desde Guerrero.
Aunque la mañana de ayer, la titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, informó que el huracán 1 permanecerá estacionado al menos dos días lejos de territorio nacional y que prácticamente ya no tocaría tierra en ningún estado del país, los puertos en Sinaloa siguen cerrados.
Los marineros en Mazatlán siguen varados, esperando, sin certeza de cuándo podrían volver al mar a seguir trabajando.
El desplazamiento errático de Simon —que va, viene, se aleja, se acerca, avanza lento, a seis, siete kilómetros por hora— lo hace impredecible y para los trabajadores de estas embarcaciones eso les genera inseguridad. No queda más que esperar. Su vida está en juego.
Los afectados por el paso de Simon
Por eso, el capitán José Benito Zavala, un hombre mayor, está aquí, sentado en la sombra, en una de las mesas de los pequeños locales de comida que hay a lo largo del muelle, observando la hilera de mástiles que se bambolean en la orilla, donde decenas de marineros están a la expectativa, juegan, bromean, se asolean, revisan sus barcos, pasan el tiempo.
“Es época de tiburón y camarón”, explica el capitán Zavala, con un poco de lamento porque no puede salir a pescarlos y, por lo tanto, no tiene ingresos económicos.
La temporada de pesca había empezado el 7 de octubre y el viernes 9 les ordenaron a las decenas de barcos no salir y quedarse atracados, para evitar daños a las embarcaciones y las vidas de los marineros.
Francisco Aréchiga, motorista pescador, pasa el tiempo a bordo de su barco Rebelde I, y explicó a MILENIO lo complicado que ha sido este ciclón, también rebelde.
“El huracán está muy impredecible, ya no estamos tan seguros ni podemos tener confianza como en el huracán pasado, que sí hizo estragos; los capitanes tienen que asegurarse de estar en un puerto seguro, pues como se ha estado comportando el huracán, que se mete, cambia de rumbo, para, aumenta, disminuye, es un peligro muy inminente y no es nada seguro para andar afuera pescando, no es nada seguro porque es un fenómeno muy inestable”, dice el hombre con más de 30 años de experiencia en la pesca.
A bordo del Doña Aurelia, Alan Morales, marinero y pescador, dice que ya están desesperados con Simon.
“No quiere llegar. Trae un desplazamiento muy lento y, pues, nos va a tener aquí casi otros cuatro o cinco días más hasta que no se vea bien cuál va a ser su trayectoria; como el desplazamiento es muy lento, no se sabe muy bien cuál vaya a ser su trayectoria ni la zona de impacto”, dice algo enojado.
El capitán Zavala estima que habrá unos cien barcos listos para salir, pero no han podido: el puerto sigue cerrado.
“Como para el sábado, tal vez, ya abra el puerto”, dice.
Mazatlán es uno de los principales centros de la industria camaronera en México, pero estos hombres viven de lo que pescan día con día y, si no salen a trabajar, no tienen ingresos.
“Si andamos trabajando, pescando, sabemos que tenemos un ingreso que, llegando a puerto, vamos a tener, pero así parados, pues no, como no tenemos un sueldo fijo nosotros, si está parado el barco, pues no producimos nada”, reprocha Aréchiga.
“A nosotros nos tocó resguardarnos aquí en Mazatlán, otros compañeros están por entrar a Topolobampo, a Yavaros”, añade y dice que desde el sábado está detenido.
“Pescamos miércoles, jueves, viernes y sábado. Fíjate, cuántos días pescamos. Ya tenemos tres días parados: domingo (sic) (...) Vamos para tres días parados, estamos dejando de ganar, estamos dejando de producir y no hay pa cuando”, explica.
Alan Morales platica que ellos, en El Doña Aurelia, no empezaron a trabajar con la temporada porque su barco tuvo desperfectos y cuando ya quedaron listos, “pasó lo del huracán y ya nos cerraron el puerto y no pudimos salir”.
Simon pierde fuerza, pero golpea duro a los bolsillos
En la mañana, la titular de la CNPC afirmó que el semáforo de alerta ya es azul porque el huracán perdió fuerza y se alejó.
“La verdad es que se encuentra muy lejano al territorio nacional. Acaba de darnos el informe Fabián Vázquez, titular del Servicio Meteorológico Nacional. Está a más de 300 kilómetros del territorio de Sinaloa y de cualquier otro estado.
“Vamos a tener dos días continuos en cierta calma, solamente previendo y tomando mucha precaución para las lluvias que se pudieran presentar”, dijo ante medios de comunicación.
Pero eso no implicó que los marineros pudieran volver al mar.
No solo eso los ha detenido. Desde hace meses, solo una parte de los barcos camaroneros sale a pescar, pues a muchos no les alcanza para pagar el diésel que necesitan, porque, dicen, está muy caro.
“De 750 embarcaciones que hay aquí en Mazatlán, solamente unas 150 a 200 son las que están trabajando (…) Hay muchas que es poco el combustible que le echan y el combustible es el arma para poder salir a trabajar, pero con los altos precios de los insumos muchas veces ya no trabaja la gente”, lamenta Morales.
“El barco agarra 60 mil litros, ahorita ya no le puedes echar esa cantidad porque ya está muy caro, ya sale con 40 toneladas, 30, está muy caro. Está a 28 pesos. Se necesita mucho dinero para sacarlo bien, como debe de ser.
“Ahorita los barcos están parapetados para tratar de sobrevivir. El diésel es el que está acabando con esto. Ya no hay subsidio, ya no hay ayuda”, dice mientras sigue, desde la sombra de este muelle, esperando poder salir al mar.
RM