La pandemia no los detiene: Manos laguneras trabajan los campos de arándanos en Quebec

Francisco Soto de 31 años originario de San Pedro, trabaja 6 meses en Quebec para construir su casa y para su principal motor de vida: su familia.

Encomendado a San Judas Tadeo y la Virgen de Guadalupe, Francisco ha tomado la decisión de irse a trabajar de jornalero agrícola. (Luis Carlos Valdés)
Luis Carlos Valdés
San Pedro, Coahuila /

Este 2021 representa un año de retos, en el que Francisco Javier Soto Chávez, de 31 años originario de la comunidad La Rosita, de San Pedro, Coahuila, contempla por cuarto año consecutivo, viajar a la región de Villeroy, ubicada a una hora de la provincia de Quebec, Canadá, para laborar como jornalero agrícola, donde trabaja los campos de arándanos en medio de bosques de maple.

Encomendado a San Judas Tadeo y la Virgen de Guadalupe, Francisco ha tomado la decisión de irse a trabajar de jornalero agrícola y trabajar en los fríos campos en la zona este del país canadiense.

Seis meses son los que dura fuera de la casa que ha ido construyendo para el principal motor de su vida: Su familia. Mecánico es su oficio paralelo que aprendió de su padre, mismo que desempeña cada vez que regresa a su hogar en La Rosita. Ahí sentados, visualiza ya su cuarto viaje a aquella zona dentro del programa de Jornaleros Agrícolas a Canadá.

“En Canadá empezamos con la instalación de la tubería para el riesgo. Luego continuamos limpiando el campo con las propias manos; allá vuelan las semillas de los árboles de Maple y comienzan a crecer en las áreas de cultivo de los arándanos que crecen color rojo”. 

En ocasiones el maple lo tienen que quitar con motos, por lo grueso y fuerte del brote.

Temperaturas de hasta menos 16 grados centígrados ha vivido en su labor, donde el frío cala: 

“Ahora con la pandemia, sólo salíamos a la tienda, al banco para realizar envíos de dinero, pero generalmente siempre ha sido así. Pero nosotros estamos en medio del bosque”. 

 El aislamiento extremo sólo se presentó durante los primeros días de la pandemia, en que el gobierno dictó la cuarentena y han venido cumpliendo todos los protocolos de sanidad para disminuir riesgos.

La cultura del trabajo la han heredado sus pequeños hijos, quienes durante la entrevista, hacen limpieza del espacio. En la entrada de su casa, comenzó a construir un pequeño altar con la imagen de la Virgen de Guadalupe y donde espera colocar la imagen de San Judas Tadeo.

¿Cuál es la causa más difícil que ha enfrentado? 

“El trabajo. En ocasiones hay temporadas en que no tenemos nada de jale. Le pido que me ayude o de igual manera le doy las gracias por el nuevo día. Le he agarrado mucha devoción. Le prendemos su veladora, le pido cuando no tenia trabajo. Hace años anduve en las calles pidiendo trabajo cuando viví en Acuña, yo sé de mecánica, pero ni así había jale. Desde que le pedí a San Juditas, no ha faltado, y ahora menos desde que me voy a Canadá”.

En 2020, le hizo barbacoa y repartió tacos para los fervorosos, repartiendo platos. Ahora le prometió su altar como nueva promesa y con sus propias manos ha comenzado a elaborarlo con ladrillos a las afuera de la entrada de su casa, “le agradezco a mi padre Dios por el trabajo y por un día más de vida”.

Sus hijos le muestran su sentimiento cada vez que tiene que regresar a Canadá, sentir que le mueve el corazón y le hace pensar en no migrar. 

Sin embargo, Soto Chávez sabe que es necesario el esfuerzo para terminar la construcción de su casita, el hogar que le prometió a su familia dándoles una mejor vida; donde el cansancio, el dolor, la soledad de estar lejos de casa, e incluso la enfermedad, bien vale la pena un esfuerzo y un viaje más.

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