“El tiempo es vida” es el lema de Érick Zepeda, piloto de helicóptero en el Gobierno del Estado de Durango. Durante los 13 años que labora perdió la cuenta los rescates en los que ha participado.
Para él, cada milímetro cuenta a pesar de surcar el aire. Durango es un lugar complejo para pilotear por las condiciones geográficas de la Sierra Madre Occidental: barrancas, corrientes de aire, calor y frío, pero aún así ha logrado mantener las hélices del rotor a 15 centímetros de una pared de roca.
Piloto por familia
Zepeda es la segunda generación de pilotos en su familia. Su padre, como él, comenzó en la Fuerza Aérea Mexicana y fue quien inculcó el gusto por el vuelo desde los 4 años.
Fueron tres intentos para entrar la FAM y nunca desistió en la decisión de formar parte de las fuerzas armadas mexicanas.
Rescates en el aire
En el momento que se recibe la llamada desde el número 911 se valoran las condiciones climáticas en la ciudad de Durango como en el lugar al que se accederá. También las lesiones de los ciudadanos y se autoriza la salida.
El piloto y los rescatistas son un equipo, engranes de una turbina, de un reloj: se prepara la máquina y el equipo que se utilizará.
Érick Zepeda solamente observa el frente, pero sus compañeros son los que le dirigen para no golpear rocas o árboles.
Y es que se han presentado casos donde deben brincar o deben subir en el mismo aire. Incluso cuando se registró violencia en la sierra de Durango, tuvo que despegar entre disparos.
Uno de los rescates emblemáticos fue durante la Semana de la Moto, donde tuvo que aterrizar con una técnica de hacer círculos pequeños para descender en el Espinazo del Diablo en la carretera a Mazatlán.