Entre recuerdos, palabras de agradecimiento y emociones que evocaron la historia de una familia, Plaza Cuatro Caminos rindió homenaje a don Juan Murra Marcos y doña Rosa Talamás Dieck con la instalación de una ofrenda dedicada a preservar su memoria y reconocer el legado que dejaron a sus seres queridos.
La entrada principal del centro comercial al norte de Torreón se convirtió en un espacio para recordar a quienes, con su vida y enseñanzas, marcaron el camino de las siguientes generaciones. A través de esta tradición mexicana, familiares, amigos y asistentes se reunieron para compartir anécdotas y reconocer la historia de los homenajeados.
Durante el encuentro, Enrique García Murra, gerente general de Plaza Cuatro Caminos, dirigió un mensaje en el que destacó el significado de esta celebración, que representa una de las tradiciones más importantes de los mexicanos: recordar a las personas que dieron todo por sus familias.
“Esta ofrenda es una de las tradiciones más significativas de los mexicanos, recordar a la gente que nos dio todo, y hoy les dedicamos este altar”, expresó.
Asimismo, señaló que Plaza Cuatro Caminos busca consolidarse no solamente como un espacio comercial, sino también como un punto de encuentro para fortalecer la comunidad a través del arte y la cultura. Hizo una invitación a los asistentes a disfrutar de la ofrenda y acercarse a las tradiciones que mantienen viva la memoria de quienes ya no están.
Uno de los momentos más emotivos llegó con las palabras de Cristina Murra Talamás, hija de los homenajeados, quien agradeció la realización del altar en honor a sus padres y recordó especialmente la entrega de su madre, quien estudió y trabajó para convertirse en una gran mujer y madre de familia.
Relató que Rosa fue el centro de una familia integrada por ocho hijos, a quienes acompañó y apoyó a lo largo de sus vidas, además de estar siempre al lado de su esposo.
La memoria familiar también encontró espacio en las palabras de Guillermo Murra Talamás, quien compartió una carta escrita por su padre hace 48 años, cuando se despidió de Cimaco.
En la lectura recordó que, en 1932, a los 18 años, Juan Murra Marcos comenzó a trabajar en la empresa familiar. En aquella carta, expresaba su despedida después de una larga trayectoria, motivada por su edad y estado de salud, un documento que permitió a los asistentes acercarse a una parte importante de su historia personal y profesional.
Por su parte, Ricardo Murra Talamás compartió algunas palabras sobre la manera en que sus padres se conocieron, recuperando los recuerdos de aquella historia que dio origen a una familia y a un legado que permanece entre sus descendientes.
Finalmente, Eduardo Murra Marcos, presidente del consejo de administración de Cimaco, tuvo a su cargo la inauguración de la ofrenda, con lo que se abrió el espacio para que los asistentes pudieran apreciar los detalles del altar instalado en la entrada principal de Plaza Cuatro Caminos.
La ceremonia concluyó entre recuerdos y convivencia de las familias que los conocieron. Los presentes recorrieron la ofrenda y recibieron pan de muerto, en una jornada en la que la tradición del Día de Muertos se convirtió en un puente entre generaciones para honrar la vida y el legado de don Juan Murra Marcos y doña Rosa Talamás Dieck.
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