Que el circo no muera

Además de ser una tradición milenaria, su práctica da trabajo y alimenta a más de 10 mil familias, dice Ángel González Cedeño, dueño de una carpa familiar y representante de empresarios circenses.

En octubre del año pasado Natalie se cayó del aro desde una altura de 10 metros.
ley de circos
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Ley de circos
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José Manuel Valiñas
México /

La gran mayoría no sabe decir en qué año empezó a ser cirquero. Es un oficio que no inicia en un momento dado, sino que se trae desde siempre. Ángel Nataniel González Cedeño, de 10 años, es uno de los payasitos principales de la escena del circo Cedeño Hermanos, situado (por ahora) a un paso del Bordo de Xochiaca, en Netzahualcóyotl. Empezó a los dos años y su tío fue quien le enseñó los actos que desempeña, aunque, afirma, aprendió solo a maquillarse viendo cómo lo hacían los demás.

Las actividades circenses hunden sus raíces en la noche de los tiempos. En las civilizaciones más antiguas de las que se tiene memoria ya había contorsionistas y acróbatas que actuaban para disfrute de un público. En China se han encontrado restos arqueológicos que prueban este tipo de espectáculos hace dos mil años, y una inscripción prueba que existían en Egipto hace cuatro mil.

Situado en un cruce entre el arte escénico y la destreza física, el circo vive hoy momentos decisivos, con la aprobación de los cambios a la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente y a la Ley General de Vida Silvestre, y el plazo fatal del 8 de julio para que ya ningún circo utilice animales. ¿Seguirán sus funciones alegrando a los niños? ¿Cómo será el circo en una década, en dos? ¿Asistimos al final de una tradición que nos ha acompañado a lo largo de siglos?

Armando Cedeño Álvarez, como casi toda la gente en esta profesión, prácticamente nació en un circo: "Empecé desde niño como payasito, luego como acróbata", recuerda. Después se fue a estudiar, pero solo llegó hasta primer año de preparatoria. Ahí decidió que lo suyo era volver a las pistas y se propuso prepararse en el trapecio. Como trapecista trabajó en Sudamérica, Estados Unidos, Europa, Canadá y Japón, "porque los trapecistas mexicanos, desde el inicio de la historia del circo, han sido considerados de los mejores del mundo", remarca.

Hace 16 años decidió emprender su negocio propio e inició el Circo Hermanos Cedeño, dando funciones por toda la República. Le fue difícil empezar, dado que él no venía de familia de empresarios, sino que arrancó de cero, "con los ahorros que hicimos desde que éramos trapecistas". Han sido años muy difíciles, de darse a conocer, viajar a uno y otro lado. "Por eso es que no se vale que de la noche a la mañana los diputados te quieran quitar el fruto de tu trabajo", asienta.

Sobre la ley, critica que no se haya legislado en contra de los circos que abusan de la tenencia legal que tienen de sus animales, maltratándolos, sino que se limita a criminalizar, en bloque, todos los espectáculos con animales. Antes de iniciar esta entrevista, Cedeño había acudido a una reunión de la Unión Nacional de Empresarios y Artistas de Circo (UNEAC), que preside, y al regresar había dado vueltas por la colonia en su carro con altavoz, para anunciar la función que se avecina, con un costo por entrada de 10 pesos.

Pese a su corta edad, muestra una gran madurez. Natalie Cedeño Campa va a cumplir 15 años, y toda su vida ha estado en el circo. Tiene tres hermanas: Amanda, que trabaja con ella en el circo de su papá, y otras dos, Penélope y Valentina. Pero estas últimas "son muy pequeñas y son estables, viven en Guadalajara con su mamá". La palabra "estable" es propia de la jerga del circo. Sirve para diferenciarse de quienes viven en una casa y no en un remolque. De quienes no cambian de domicilio dependiendo de las temporadas de eventos. Son los que "viven en una casa y estudian; son personas normales", en palabras de Natalie.

Natalie, como casi todos sus hermanos y primos, estudia además de tener funciones prácticamente todas las tardes. A pesar de que perdió dos años escolares por su trabajo, quiere seguir estudiando. Ahora está en un programa en el que va a poder recuperar lo perdido en solo un año. "Mi familia es mi abuelita, mi papá y sus dos hermanas. Nosotras hacemos un espectáculo y mis tías también trabajan con sus maridos. No traemos familia de fuera".

En realidad en este circo hay varios núcleos familiares, como el de la taquillera, con su esposo y sus hijos, pero todos se conciben como una gran familia, o familia extendida. Son 13 remolques los que llevan a todas esas personas a donde vayan. La entrevista la realizamos en El Bordo, pero en unos días más van a bajar todas las carpas, deshacer las tarimas y remolcar las jaulas de los animales para instalarse en Chimalhuacán. Es la proverbial vida errante del cirquero, pero en realidad, ellos no se quejan de ella. Todos los involucrados la asumen como parte de su realidad.

"¿Qué pasará con los más de cuatro mil animales en posesión de los cirqueros del país? "Eso es lo que el gobierno no nos ha dicho. Aparte, más de 10 mil familias se están quedando sin empleo", sostiene Armando Cedeño. ¿Es así, tan radical como para que toda esa gente pierda su fuente de ingreso y el circo, una tradición milenaria, tienda a desaparecer?, le preguntamos. "Es correcto", contesta. "Aunque todavía tenemos los animales ya lo estamos viviendo con la campaña que hizo el Partido Verde en contra de nosotros: la gente compró la idea, y piensa que efectivamente, maltratamos a los animales".

"En cierto modo la gente tiene razón al no querer llevar a sus hijos adonde hay maltrato", asevera. "Pero esa campaña mentirosa no tiene nada que ver con la realidad de los circos mexicanos".

Hablando de la polémica sobre el maltrato, le preguntamos cómo es el trato que en su circo se da a los animales. "Excelente, de primera", aclara. "Antes que nada, son las estrellas, así que por ese lado tú no vas a maltratar a quienes hacen el espectáculo. En segundo, cuestan mucho dinero, y no vas a maltratar algo que cuesta tanto. Pero olvídate de todo eso: está la parte afectiva. Son animales que criamos desde pequeños en los remolques, deja tú en las jaulas. Cuando son cachorritos aquí los cuidamos, como parte de la familia. Así que aunque digan que nosotros nos colgamos de los animales para vivir, la verdad es que los tomamos como parte esencial de nuestras vidas".

Cuestionado sobre uno de los puntos más importantes de la polémica, las jaulas pequeñas en donde tienen animales como los tigres, y la consiguiente pérdida de sus instintos salvajes, responde con el ejemplo de los tigres que se han salido de sus jaulas en diversos circos del mundo, y que han regresado a ellas. "Desde siempre han estado ahí: es su forma de vivir". Consigna también que durante el día los sacan para que se estiren y hagan ejercicio, además de la función misma. "Es como si tú me dijeras 'por qué vives en este remolque tan pequeño con tus hijas y tu novia'. Y hay quienes viven más personas en remolques más chicos. Es parte de la vida, y así como a nosotros nos toca vivir así, a ellos les toca vivir de esa manera, pero son animales que están contentos, que viven felices, que no sufren, que cuentan con todo lo que necesitan".

A Natalie le gustaría visitar otros países y conocer otras culturas. "Me gustaría que mis hijos también ejerzan esta profesión, porque es algo que me gusta mucho, así que si algún día tengo hijos quisiera que fueran igual que yo". En cuanto a estudiar una carrera, le gustaría contaduría o quizá veterinaria: "carreras que sirvan para el circo".

Cuenta que cuando iba a la escuela, "por miedo al bullying no decía de qué entorno venía. "Aunque mis mejores amigas sí sabían de dónde venía, pero aún así me hacían muchas preguntas. En general nos ven como personas diferentes", comenta.

En octubre del año pasado Natalie se cayó del aro desde una altura de 10 metros, provocándose un esguince cervical. "Me maree porque di muchísimas vueltas y perdí el control". Afortunadamente no pasó a mayores y no fue grave, pero no deja de ser siempre un trabajo difícil y con muchos riesgos. Pero para ella, así como para el resto de los cirqueros que entrevistamos, el circo es una hermandad, una pasión por hacer las cosas que aprendieron desde la más tierna infancia.

Cedeño tiene siete tigres, todos adquiridos de forma perfectamente legal. "El gobierno no me los puede quitar, porque son míos, tengo sus facturas, su procedencia: todo. Aunque me los expropien, en primera me los tienen que pagar al precio que cuestan, no al que ellos quieren, y en segundo lugar, ellos están acostumbrados a vivir en esa manada. Si esos siete tigres los junto con tigres de otro circo, se van a despedazar entre ellos, porque no saben vivir más que en su manada. En su hábitat natural es igual, viven en manda y no pueden coexistir con otros animales de su especie".

"Nosotros vamos a seguir las funciones mientras venga gente. Pero si deja de venir, ¿qué podemos hacer? Nadie tiene esa respuesta al día de hoy. Mucho menos ciertos partidos políticos que han comprobado que lucrar con la mentira es un negocio altamente rentable". Afirma que de 500 circos que hay en la República, ya han cerrado más de 70 por la campaña negativa que se ha desatado en contra del gremio.

A sus funciones asisten 80 o 90 personas si bien les va, señala. "En domingo, que antes se llenaba, ahora si metemos 200 personas son muchas. Antes entre las dos funciones del domingo hacías dos llenos: dos mil gentes. Ahorita no metes ni 400 en dos funciones, en domingo, y entre semana 80. Y cobrando 10 pesos, así que está muy difícil".

La ley no tendría por qué se prohibitiva, explica el representante de los cirqueros. Bastaría con que se cumplieran las regulaciones que ya están vigentes (como casi todo lo que sucede en un país en el que no hacen falta nuevas leyes, sino que se cumplan las que ya existen). "Nosotros somos los primeros en decirle a la gente que cuando encuentren un circo en el que maltraten a los animales, lo reporten ante la Profepa, que para eso está. Si alguien viene a mi circo y encuentra maltrato, que me denuncie y que me castiguen".

"Si quieren que mejoremos las instalaciones, que pongamos jaulas más grandes para que los animales tengan más espacios, estamos dispuestos a hacerlo, solo que nos den un periodo para poderlo llevar a cabo. Y el que no cumpla, que se los quiten, pero el que cumpla, que lo dejen seguir trabajando. Y que nos ayuden a mantener esta tradición", finaliza.

Natalie y su hermana Amanda están terminando de maquillarse, listas para iniciar la función. En dos minutos más Amanda saldrá corriendo para poner la música que recibe a la gente. Su primo Ángel Nataniel está también ya listo para su número. Será una función más, en la que harán reír de nuevo a los niños, y acaso a los adultos ilusionarse un poco, contribuyendo a que olviden los problemas. Es su vida, desde siempre, y es lo que quieren seguir haciendo...

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