Tamaulipas: aumentan 37% las deportaciones

Migración. Pasaron de 7 mil 338 casos en el primer bimestre de 2025 a 10 mil 34 en dicho periodo de 2026, según Gobernación

Deportaciones de migrantes. | Foto: AFP
Tampico /

Las deportaciones de mexicanos por Tamaulipas aumentaron 37 por ciento en el primer bimestre del año respecto al mismo periodo de 2025, al pasar de 7 mil 338 a 10 mil 34 casos.

Especialistas advierten que, pese al endurecimiento de medidas —como la instalación de boyas en el río Bravo frente a Matamoros—, el flujo migratorio no se detendrá, sino que se volverá más riesgoso y puede derivar en más muertes.

En enero y febrero de 2026, el estado concentró 34.8 por ciento de las repatriaciones del país, con lo que se mantuvo como el principal punto de retorno en la frontera norte, de acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación.

A escala nacional se registraron 28 mil 833 deportaciones en ese periodo. Detrás de Tamaulipas se ubicaron Chihuahua (5 mil 94), Coahuila (3 mil 406), Sonora (3 mil 275) y Baja California (3 mil 124).

También aparecen Chiapas (2 mil 54) y Tabasco (mil 846), aunque en estos casos se trata de repatriaciones al interior del país por acuerdo binacional.

En la entidad tamaulipeca, la mayoría de las devoluciones fueron por el puente Puerta México (Matamoros II), con 9 mil 002 casos, seguido de Reynosa-Hidalgo y los cruces Benito Juárez I y II, con 554, y Nuevo Laredo II Juárez-Lincoln, con 478.

Mayor riesgo

La instalación de boyas en el río Bravo, frente a Matamoros, para inhibir el cruce irregular no detiene los flujos migratorios, sino que los desplaza hacia zonas más peligrosas, incrementando el riesgo para quienes intentan cruzar, advierten especialistas.

“El patrón no es nuevo: cada vez que se refuerza un punto de cruce, las rutas migratorias se reconfiguran hacia espacios con menor vigilancia o mayor dificultad geográfica”, apuntó Oscar Hernández, profesor investigador del Colegio de la Frontera Norte.
“En el caso del río Bravo, esto implica empujar a las personas hacia tramos más profundos, con corrientes más fuertes o condiciones más inestables, donde aumenta la probabilidad de accidentes y muertes por ahogamiento”.

El docente señaló que, a diferencia de una frontera terrestre, el río introduce un factor adicional de incertidumbre. Su comportamiento es cambiante: varía el caudal, la velocidad de la corriente y la profundidad.

“Intentar fijar ese espacio mediante estructuras rígidas no elimina el cruce, pero sí eleva los peligros asociados”.

Sostuvo que a esto se suma la capacidad de adaptación de las redes de tráfico de personas, que ajustan sus rutas ante cada nuevo obstáculo. El resultado, aseveró, es una dinámica constante de acción y reacción que mantiene abierta la posibilidad de cruce, aunque en condiciones cada vez más precarias.

“El saldo es claro: mayor clandestinidad, trayectos más largos y un incremento en la vulnerabilidad de los migrantes. Las boyas no atienden las causas estructurales del fenómeno —violencia, pobreza, reunificación familiar— y, por tanto, difícilmente reducirán los flujos”, apuntó el sociólogo y antropólogo social.

En ese contexto, Hernández añadió que ese tipo de medidas apuntan más a una lógica de disuasión simbólica que a una solución efectiva, pero con un efecto tangible: elevar el costo humano en una frontera que ya es riesgosa.


  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.

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