Tejedoras de palma esperan llegada de Semana Santa

Esta labor ha perdurado en San Cristóbal Huichochitlán, Toluca, y aunque las nuevas generaciones tienen interés en otros trabajos, los otomíes ponen en cada pieza belleza y años de tradición.

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Claudia González
Toluca /

En el Barrio de San Gabriel, dentro de San Cristóbal Huichochitlán, al menos 100 familias por cada uno de los seis barrios que integran dicha delegación, se dedican a tejer la palma. La Semana Santa, específicamente el Domingo de Ramos, es la temporada de ventas más fuerte, y la que los otomíes de la zona norte de Toluca más esperan por ser aquella en la que hay mayores ingresos.

Cruces, Cristos, tejidos que emulan el Sagrado Corazón, decoradas con trigo, algunas en tonos verdes y la mayoría de palma seca, amarilla, son las artesanías que preparan desde hace dos semanas los habitantes de esta comunidad en espera de que sea una temporada "bendecida para sus ventas".

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Elvira González Delgado tiene 64 años y desde los tres aprendió a tejer la palma, como parte de una tradición familiar que además ha heredado a sus hijos y nietos. Es una forma de vida porque en los días de fiestas religiosas venden estas figuras, pero a lo largo del año elabora sombreros o abanicos.

"Mi mamá me enseñó, mis hijos -todos- saben tejer, yo les enseñé como lo hicieron conmigo. Toda mi vida la he pasado aquí en San Cristóbal, aquí conocí a mi marido que también se dedica a esto", dijo la artesana en un español combinado con otomí.

De los 30 mil habitantes de esta región, 40 por ciento se dedica a esta actividad, aunque ahora la mayor parte de ellos son adultos mayores, pues a pesar de conocer el oficio y saber elaborar estas piezas, los jóvenes optan por otro tipo de empleos.

"No sé hacer negocio, únicamente lo ofrezco en este pueblo por mayoreo pero no lo llevo a otro lado porque no sé vender y tampoco hablo español bien", dijo.

En este 2017 esperan poder comercializar sus productos en la capital mexiquense, alrededor de la Catedral, en las iglesias ubicadas en el primer cuadro de la ciudad, aunque "cada año es una sorpresa, a veces nos mandan a un lado y en ocasiones nos prohíben otros. Hay años en que decidimos irnos a la Ciudad de México y depende de cómo nos vayan a permitir trabajar las autoridades", dijo Lucía González González.


Tiempo y esfuerzo

Platicó que en una sola calle se pueden reunir hasta 100 tejedoras, el porcentaje más grande es de mujeres, y actualmente son mayores a los 30 o 40 años. Cada una se tarda entre 15 y 20 minutos por palma, es decir, en un día pueden terminar una docena, pero no siempre es la misma productividad.

"Esperamos vender todo, antes éramos menos y a la hora de llegar al punto de venta ya van con nosotros los hijos, los nietos y eso impide que la artesanía de todos sea igual de buena que antes, porque hay más demanda", platicó.

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La palma no es cultivada en esta comunidad, sino adquirida en otros sitios, pero comúnmente es ocoyo o albelillo, además la utilizada para el petate; sin embargo, eso incrementa un poco el costo de cada pieza, porque dependiendo de su grosor pueden pedir de 80 a 100 pesos, aunque algunos solo llegan a los 10 pesos de costo.

"Cada palma nosotros la vendemos en 10 pesos o más, depende del tamaño. De cada una que compramos salen hasta dos o tres figuras, según lo que hagamos. Pero también tenemos bolsos, 'oría'. que llaman ellos a las coronas, y material para hacer escobas, de lo que se mantienen fuera de la temporada de Semana Santa".

Lamentó que en esa zona de Toluca haya cada vez menos tierra para siembra, a lo que se dedicaban antaño, pues después de tejer la palma deben buscar otra actividad a la cual recurrir para sostener a sus familias, y generalmente es la maquila de gorras o bolsos de tela y tejidos, que pocas veces son bien valorados.


MCLV

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