A poco tiempo de la muerte de Vernon, el pequeño burro que fue cruelmente decapitado y cuyo caso conmocionó a habitantes de La Laguna, sus antiguos propietarios buscan transformar el dolor en una nueva oportunidad para otros animales.
Alejandro Castillo y Alicia Gurrola, propietarios del Rancho Castillo-Gurrola, en el ejido La Partida, tienen la intención de adoptar a por lo menos dos burros jubilados que durante años fueron utilizados para trabajos pesados como carromateros.
Trabajadores del lugar confirmaron a MILENIO que la propuesta busca que los animales lleguen al rancho para vivir sin cargas de trabajo y en condiciones libres de maltrato, al igual que los padres de Vernon, quienes permanecen en la propiedad.
Quieren recuperar el espacio que dejó Vernon
La llegada de los nuevos integrantes tendría también un significado especial para la familia y para los habitantes de La Partida, luego del impacto que provocó el asesinato del pequeño burro, conocido también como Camarito.
Cuando Vernon nació, el animal se convirtió rápidamente en una atracción para las familias del ejido. Niños y niñas acudían junto con sus padres hasta su corral para acariciarlo, conocerlo y tomarse fotografías con él.
Ahora, sus propietarios quieren recuperar parte de esa vitalidad y convertir nuevamente el espacio agrícola en un sitio donde los habitantes puedan convivir de manera respetuosa con los animales.
Una vida sin trabajos forzados
La intención, explicaron los trabajadores, es que los burros que sean adoptados pasen sus últimos años en un entorno tranquilo, sin ser sometidos a jornadas de trabajo pesado.
El objetivo es que puedan convivir con los animales que ya habitan en el Rancho Castillo-Gurrola y que tengan una vida digna, lejos del maltrato y la explotación.
Así es como se busca que la historia de Vernon no quede solamente como un caso que conmocionó a la comunidad, sino que también impulse una mayor sensibilidad hacia el cuidado y protección de los animales.
En La Partida, donde el pequeño Camarito logró ganarse el cariño de decenas de familias, sus propietarios esperan que nuevos burros puedan ocupar ese espacio y que los habitantes del ejido continúen sembrando, como ocurrió con Vernon, el amor y respeto por los animales.
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