La instructora de yoga Daniela Bazán se ha especializado en ofrecer clases dirigidas a mujeres que han vivido violencia o atraviesan situaciones de vulnerabilidad en la Comarca Lagunera creando un espacio seguro donde, a través de la respiración, la meditación y el movimiento consciente, buscan fortalecer su bienestar emocional y físico.
Motivada por entender el yoga no solo como una práctica física, sino como una herramienta de acompañamiento emocional, la yoguini en entrevista para MILENIO contó que a lo largo de su camino personal y profesional fue viendo cómo el cuerpo guarda experiencias difíciles y cómo, a través del movimiento suave y la respiración, se puede empezar a recuperar seguridad interna.
Daniela recordó que el proyecto comenzó de forma muy orgánica, trabajando con grupos pequeños de mujeres que atravesaban procesos complejos de salud y vida, "con el tiempo, se fue estructurando más, especialmente a partir de la colaboración con mi socia Mónica Rico, tanatóloga, quien dirige el círculo de mujeres. Esta integración nos ha permitido ofrecer un acompañamiento más completo, combinando el trabajo corporal con el emocional".
Cambios emocionales o mentales tras el yoga
Daniela dijo que ha visto cambios muy profundos, aunque a veces son sutiles al inicio; muchas llegan con ansiedad, miedo o desconexión de su cuerpo, y poco a poco comienzan a recuperar la sensación de calma, confianza y presencia.
"Algo muy significativo es cuando empiezan a habitar su cuerpo sin juicio, con más suavidad. También se fortalece la capacidad de expresar emociones y de sentirse acompañadas, algo que se potencia mucho con el trabajo en conjunto con el círculo de mujeres que guía Mónica", explicó Daniela.
Retos de Daniela al trabajar con este grupo
La yoguini señaló que uno de los principales retos es que muchas mujeres llegan con experiencias de dolor físico o emocional, lo que implica trabajar con mucha sensibilidad y respeto a sus tiempos, "no se puede forzar nada".
"La confianza se construye poco a poco, a través de la constancia, la escucha y la coherencia. También es clave que exista una red de apoyo, y en ese sentido el trabajo con Mónica permite que el espacio no sea solo físico, sino también profundamente humano y contenido emocionalmente", especifico.
El papel que juega el yoga en la reconstrucción personal y la autoestima
Bazán precisó que el yoga se convierte en un puente para reconectar con ellas mismas; no se trata de lograr posturas, sino de volver a sentirse en su cuerpo con seguridad.
"Desde ahí, comienza un proceso de reconstrucción interna: se fortalecen la autoestima, la percepción de valor personal y la capacidad de sostenerse emocionalmente. La integración con el círculo de mujeres también permite que este proceso se acompañe desde la palabra, la escucha y el sentido de comunidad", puntualizó.
Algo que ha marcado a Daniela
La profesora de yoga aseveró que más que una sola historia, lo que la ha marcado es ver procesos de transformación en conjunto, "mujeres que llegan sintiéndose muy vulnerables y, con el tiempo, empiezan a mostrarse más abiertas, más presentes y con mayor fortaleza interna".
"Hay momentos muy significativos, como cuando alguien dice que volvió a dormir mejor, que dejó de sentir tanto miedo o que por primera vez en mucho tiempo pudo relajarse. Ese tipo de cambios reflejan procesos muy profundos. También es muy valioso ver cómo el grupo se convierte en una red de apoyo entre ellas, algo que se fortalece mucho a través del círculo de mujeres", finalizó.
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