En Torreón, Coahuila, la Dirección de Servicios Públicos reporta que diariamente se recolectan alrededor de 670 toneladas de desechos urbanos. Este descomunal volumen de basura no desaparece por arte de magia ni va directo al relleno sanitario; antes pasa por las manos de los recolectores. Ellos se encargan de rescatar materiales reciclables, una labor que no solo apoya su economía, sino que sostiene a decenas de familias en la ciudad.
Sin embargo, a pesar de su papel clave en el reciclaje y la economía local, estas personas trabajan bajo un riesgo constante. Al abrir bolsas sin clasificar, se enfrentan a heridas, infecciones y afecciones gastrointestinales que pueden llegar a ser mortales.
Un menú de bacterias y virus
Humberto Gerardo Juárez Muñoz, coordinador de Vigilancia Epidemiológica en la Jurisdicción Sanitaria VI, advirtió que la basura sin clasificar es un foco de infección crítico.
"Como la basura no está separada, se mezcla lo orgánico con lo inorgánico. Al descomponerse la materia orgánica, favorece la presencia de bacterias y virus; esto detona desde enfermedades gastrointestinales, salmonelosis y tifoidea, hasta cuadros más graves como la hepatitis", explicó el especialista.
Estas afecciones no son ajenas a la región: figuran entre las primeras 10 causas de morbilidad en La Laguna. Tan solo en una semana, el sector salud atiende en promedio hasta 700 casos de enfermedades diarreicas.
"Ya es una enfermedad endémica; siempre existe y prácticamente todas las semanas se notifican casos", alertó Juárez Muñoz.
Por ello, enfatizó la vulnerabilidad de los trabajadores ante la falta de cultura ciudadana para separar los residuos, aunque también subrayó la urgencia de capacitar a los propios recolectores.
"Se les tiene que educar sobre el manejo de estos residuos e incentivar la vacunación, principalmente contra el tétanos y la hepatitis B. Hay gente que tira vidrios sin ninguna precaución, causándoles lesiones que acarrean graves problemas de salud", señaló.
El peligro oculto: mosquitos y garrapatas
Aunado al riesgo bacteriológico, el epidemiólogo destacó la amenaza de la fauna nociva. Aunque los basureros no son el hábitat principal para brotes explosivos de mosquitos, como sí lo son las viviendas, su presencia está garantizada. El riesgo real hoy en día se concentra en vectores que transmiten dengue y rickettsia.
“Las garrapatas se presentan en cualquier lugar: en zonas urbanas o rurales. Cualquiera puede tener garrapatas, pero el peligro radica en que no todas portan la bacteria de la rickettsia”, precisó.
El riesgo normalizado en las calles
Pese a las alertas médicas, la realidad de los recolectores es muy distinta. Aunque intentan cubrirse de los malos olores y utilizan guantes, contraer una infección rara vez pasa por sus mentes.
Raúl García Lozano, de 22 años, comenzó en este oficio tras verse obligado a dejar los estudios. Al no concluir la preparatoria, las puertas del empleo formal se le cerraron.
"Te piden la prepa terminada y, por esos casos, no le dan trabajo a uno".
Al principio, abrir las bolsas en la calle le generaba temor.
"Nosotros rompemos la bolsa y no sabemos qué trae adentro. Ese es el peligro que corre uno", relata.
Raúl trabaja diariamente hasta las 2:00 o 3:00 de la tarde. Usa un pasamontañas para protegerse del sol y del hedor, mientras separa cartón, plástico y metal con las manos desnudas.
Confiesa que tiene guantes, pero prefiere no usarlos porque se rompen rápidamente con la misma basura. Esta exposición ha hecho que minimice los accidentes.
"Cuando te cortas con un vidrio, pues uno se limpia, se echa agüita y a seguir trabajando. Gracias a Dios no me ha tocado enfermarme de gravedad".
Entre la necesidad y la informalidad
Junto a Raúl trabaja Gerardo, de 50 años, quien lleva dos décadas dedicado a la "pepena". Llegó a este oficio tras sufrir un accidente que le impidió conseguir otro empleo.
"No puedo cargar nada pesado por un problema en el pie. Fue la necesidad... tengo mi familia y de aquí sale para darles de comer".
Gerardo recuerda las condiciones extremas de trabajar en la vía pública.
"Usaba cubrebocas en la calle porque hay bolsas que huelen muy feo; hay gente que deja la basura varios días y sale con gusanos".
Para él, reubicarse en el Centro de Transferencia El Roble ha sido un alivio, donde "corre menos peligro" que en las calles.
Al hablar de las plagas, como los ratones, las ve como un imprevisto común y casi inofensivo.
"De repente salen de las bolsas; uno se espanta y salen corriendo, pero no creo que haya peligro en eso".
Las 670 toneladas de basura que Torreón genera al día son, simultáneamente, el sustento de muchas familias y una ruleta rusa para su salud. Mientras las autoridades insisten en educar y vacunar, la urgencia económica obliga a los pepenadores a priorizar "llevar para la papa" antes que preocuparse por las bacterias invisibles que habitan en sus manos.
Por su parte, la Jurisdicción Sanitaria VI mantiene acciones de concientización sobre el control de larvas, vacunación antirrábica y aplicación de garrapaticida, buscando crear una barrera epidemiológica en una región donde la basura es parte del paisaje diario y el peligro es el riesgo cotidiano de quienes la recolectan.
icrm