Tragedia en secundaria 13 de Torreón visibiliza grieta en la sociedad lagunera

Niños y adolescentes buscan pertenecer, si no es en casa será en otro lado aunque sea insano.

La violencia suele venir principalmente de los hogares. | Foto: Roberto Amaya
Torreón, Coahuila. /
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La gente dice que es culpa de nosotros, pero cómo nos vamos a meter en la cabeza de la gente para saber que van a hacer, mencionó uno de los elementos que custodiaban la secundaría General Número 13 del ejido La Unión, un día después del ataque de dos hermanos gemelos al plantel que dejó una maestra sin vida y cuatro personas lesionadas.

El hecho se viralizó minutos después de todo lo que ocurrió, los vecinos habían ingresado a la secundaría luego de escuchar los petardos tronar y a la gente pedir ayuda, fueron ellos los primeros respondientes de una tragedia que hasta ese momento nadie había alertado, entre varias personas agarraron a “Los Cuates” hasta dejarlos en el suelo donde aprovecharon para golpearlos, no solo ellos, también los estudiantes.

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Aunque no hay una versión oficial de cómo ocurrió todo, la declaración de los vecinos y algunos alumnos coincide, fue el timbre para la tercera clase cuando comenzó todo, dos jóvenes gritaron pidiendo ayuda y como pudieron se resguardaron en diferentes lugares, una de ellas con una lesión producida por arma blanca en el cuello y otra con algunos rasguños, después escucharon los petardos que confundieron con balazos, estos se perdieron con los gritos de auxilio en el plantel cuando Carlos y David “N”, atacaron a un adolescente de apenas 12 años, el director de la escuela, un maestro de español, y la muerte de la maestra y subdirectora Nedi Edith.

Las imágenes estuvieron en redes sociales casi al mismo tiempo que el contingente de patrullas y ambulancias arribó a la escuela para ayudar a los heridos y detener a los responsables. Por lo cual, el juicio moral llegó mucho antes que la misma vinculación a proceso por los delitos de homicidio y tentativa de homicidio para Los Cuates. Fue ahí donde la gente no sólo señaló a los jóvenes de apenas 18 años, también a sus padres y a las mismas autoridades; exigiendo así, mayor protección y seguridad para los planteles educativos.

Y mientras algunos planteles ven la opción de reforzar los accesos a las escuelas o modificar los protocolos de seguridad para evitar que los estudiantes ingresen con cualquier arma u objeto peligroso; otra parte de la comunidad reconoce que la tragedia ocurrida el 1 de octubre no es un hecho aislado, sino el reflejo de una sociedad que, según el sociólogo y decano, Lerins Varela Castro, ha fracturado sus redes de contención y sustituido la confianza colectiva por el aislamiento.

El sociólogo explicó que ante la exigencia ciudadana difundida en redes sociales sobre instalar una patrulla o a un policía en las escuelas, es producto de la desconfianza colectiva, pero al extender este sentimiento a todos los aspectos, desde operativos de seguridad hasta los mismos vecinos, poco solucionaría la verdadera problemática que hay de fondo.

“Todo lo queremos resolver con más armas, con más policías, más, ¿por qué? Porque somos una sociedad que desconfía de todo. Entonces, ¿para qué quiero yo un policía ahí afuera si desconfío del policía? El problema es que construimos una sociedad que tiene mucha desconfianza de todo”, puntualizó Lerins.

En ese sentido, Varela Castro señaló que ante esta desconfianza, la sociedad exige soluciones superficiales y punitivas. Sin embargo, este sentimiento se extiende a las demás situaciones y cuando la ciudadanía es testigo de algún delito evade parte de su responsabilidad y por ende, no denuncia con tal de evitar problemas.

“Entonces la cuestión es que tenemos que construir una sociedad que se finque, no nada más en que reconozcamos las instancias de gobierno, de administración pública o hasta las privadas, ¿no? Tenemos que construir una sociedad que confíe más, porque si no no vamos a llegar a ningún lado, por más patrullas que pongas ahí afuera. Eso no va a evitar problemas”.
Violencia en redes sociales. | Foto: Roberto Amaya

Sin embargo, el sociólogo destacó que es en la casa donde las personas deben poner mayor vigilancia, ya que la violencia suele venir principalmente de los hogares, “estamos hablando de la violencia hacia las niñas y niños. Lo primero que descubren es que el 60 o 70% son por familiares cercanos”, reconoció Varela.

A este diagnóstico sobre el origen de la violencia en el hogar se suma la perspectiva de las asociaciones religiosas y comunitarias. Para el obispo supervisor del Distrito de Gómez Palacio de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, Isaías Rivera Salas, la problemática radica en que la violencia infantil a menudo se oculta bajo prácticas normalizadas de disciplina que terminan hiriendo profundamente a los menores.

"Debemos comprender que un niño no solamente es lastimado cuando recibe un golpe; también puede ser profundamente herido cuando es humillado, ignorado, rechazado o cuando crece en un ambiente donde el miedo sustituye al amor", advierte el líder religioso.

Rivera Salas señala que factores como la violencia intergeneracional repetida, el estrés económico, las adicciones y la ausencia de herramientas para una crianza respetuosa aumentan la vulnerabilidad de las nuevas generaciones. Asimismo, destaca que la autoridad de los padres no debe confundirse con el autoritarismo ni la disciplina con el castigo físico, haciendo un llamado a que los hogares se conviertan en espacios de diálogo donde los límites claros vayan acompañados de afecto y congruencia, evitando que los jóvenes busquen refugio o validación en entornos de riesgo.

"Desde nuestra perspectiva espiritual, observamos además una necesidad urgente de fortalecer los valores, el diálogo y la responsabilidad dentro del hogar. La Biblia nos enseña en Proverbios que instruyamos al niño en su camino, y aunque crezca no se apartará. Sin embargo, debemos comprender que instruir no significa solamente dar órdenes, sino acompañar, escuchar, enseñar y ser ejemplo. Los niños necesitan hogares donde encuentren protección, no temor; orientación, no humillación; y amor, no indiferencia. Como sociedad debemos trabajar para que ninguna infancia tenga que crecer acostumbrándose a la violencia", señaló el obispo.

Es ahí donde hay un punto de convergencia, precisamente la maestra en psicoterapia infantil e infantojuvenil, Lucero Cruz López, señala que el entorno violento, así como otros factores, pueden llevar a un niño, adolescente y joven a comportarse de manera agresiva y generar alertas entre la gente que lo rodea, desde hacer amenazas anónimas a través de redes sociales, o cometer delitos de alto impacto como el homicidio.

“Puede o no ser violento, depende del entorno social, familiar, las situaciones individuales que ha tenido. Igual también cómo se impartió la educación, la disciplina en casa. Porque, por ejemplo, hay un dato que nos dice que el 55.5% de los niños y niñas fueron educados a través de la violencia”.

De esta manera, cuando la disciplina impartida por los padres a los hijos se vuelven una imposición o castigos físicos, o al contrario, la confusión de una crianza respetuosa lleva a una permisividad sin reglas ni límites, el menor carece de las herramientas emocionales para procesar sentimientos como el enojo y la frustración. A eso se le suma una realidad crítica, padres de familia se deslindan afectivamente de sus hijos dando la atención y acceso a los dispositivos, donde los niños encuentran otro mundo para validar sus emociones.

El menor carece de las herramientas emocionales para procesar sentimientos como el enojo y la frustración. | Foto: Roberto Amaya
“Cuando son niños su figura máxima es papá y mamá o la persona que es su cuidador y su punto de referencia y a que de quién busca la aprobación. Cuando son adolescentes están viviendo una crisis de identidad. Y es cuando necesitan que papá o mamá sean su red de apoyo. Entonces, si no se sienten pertenecientes a su casa y si tienen este estímulo de redes sociales que es su única red de apoyo, entonces buscan donde sí sentirse identificados y pertenecientes aunque sean cosas insanas para ellos y para los demás”.

Es por ello que Lucero pidió a los padres, madres de familia y tutores, a poner atención si ven conductas que puedan representar un riesgo en los menores, y las cuales van desde: una conducta negativa es frecuente o va subiendo de intensidad; cuando hay falta de empatía y tolerancia y en donde pueden llegar a lastimar a los animales; tienen cambios emocionales y de ánimo muy repentinos, y cuando hay aislamiento y desmotivación.

Aunado a ello, la psicoterapeuta puntualizó que es importante que los papás identifiquen lo que sucede, si la manera en que fueron educados ha influido de manera negativa en la educación que dan a sus hijos, que comprendan la etapa de desarrollo en la que está su hijo, y brindar la atención de calidad que pueden necesitar, y en caso de ser necesario, solicitar apoyo profesional.

“Que el tiempo que se tiene con ellos, ya sea una hora donde estaban haciendo la tarea solamente, o los 15 minutos que se tuvieron libres se tenga este tiempo y atención de calidad, que el niño sienta que llegó mamá, llegó papá”.

Aunado al trabajo en casa, las autoridades han buscado formas de prevención, tal es el caso de la Dirección de Seguridad Pública a través del programa Aplicate, los cuales han atendido a 231 adolescentes a poco más de un año de su inicio en el municipio de Torreón; la mayoría por cometer faltas administrativas, situaciones que aunque no se consideran delito, si se trata de romper reglas ya establecidas.

Según datos de la dependencia, las razones más frecuentes por las que los jóvenes terminan cursando este programa son: actos inmorales; alteración del orden bajo sustancias; alterar el orden en la vía pública, algunas veces en motocicletas; amenazas, consumo de bape o tabaco; consumo de drogas ilícitas; distribución de contenido sexual; graffiti; portación de arma blanca; participar en riñas; robo, o porque fueron canalizados de forma preventiva previo a cometer alguna falta.

El programa tiene el objetivo de colaborar con los padres de familia a corregir conductas negativas en los adolescentes; sin embargo, cuando se trata de un delito, o quienes cometen estas faltas son mayores de edad, son canalizados con un Juez Cívico o el Ministerio Público.

Colaborar con los padres de familia a corregir conductas negativas en los adolescentes. | Foto: Roberto Amaya

La atención a 231 adolescentes en el municipio a través de programas preventivos refleja que los focos rojos llevan tiempo encendidos en Torreón. Sin embargo, los diagnósticos coinciden en que la autoridad municipal, los jueces cívicos y las aulas llegan a intervenir cuando el daño ya está hecho. Frenar la violencia cometida por y en contra de los infantes exige dejar atrás la indiferencia y el castigo como únicas respuestas. Como advierten los expertos, la tarea pendiente recae en una corresponsabilidad real

dahh.

  • Eunice Muñoz
  • Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Siempre en busca de las historias que merecen ser contadas para transformar una sociedad. Disfruto de las novelas distópicas que nos muestran aquel futuro que no siempre parece estar tan lejano.

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