Hay lugares donde el vino se entiende como una bebida. Hay otros donde se convierte en una forma de contar el territorio. En Valle de Parras, Coahuila, el vino es ambas cosas: una herencia de más de cuatro siglos y una apuesta permanente por el futuro.
Allí, entre montañas, suelos minerales y un clima extremo que obliga a las vides a esforzarse para sobrevivir, nació Casa Náufrago, un proyecto que en pocos años ha conseguido llamar la atención de especialistas, jueces internacionales y aficionados al vino mexicano.
Llegar a este viñedo es recorrer parte de la historia vitivinícola del continente: Parras de la Fuente es considerada la cuna del vino en América. Fue aquí donde, a finales del siglo XVI, comenzaron las primeras plantaciones de vid y donde se desarrolló una tradición que convierte a Coahuila en uno de los estados más importantes para la producción de vino en México.
Casa Náufrago, comenzó a plantar sus primeras vides en 2018 en 10 hectáreas; actualmente se cultivan 40 hectáreas con nueve varietales distintas. En menos de tres años de presencia comercial, sus etiquetas han acumulado 46 reconocimientos nacionales e internacionales, una cifra poco común para un proyecto tan reciente.
Historia de amor convertida en viñedo
Todo comenzó años atrás en Guadalajara, cuando dos grupos de jóvenes coincidieron por casualidad. Durante una dinámica improvisada con un fósforo encendido, surgió una pregunta que marcaría el destino de dos personas: ¿con quién te gustaría quedar náufrago en una isla desierta?
Ella eligió a uno de los jóvenes presentes. Minutos después, cuando la misma pregunta llegó a él, respondió sin dudarlo: “Con la señorita, por supuesto”. Dos años después se casaron. Décadas más tarde, aquella anécdota se transformó en el nombre de un proyecto vinícola que hoy representa a la familia González Nieves.
“Empezamos esta aventura en 2018 con las primeras plantaciones”, recuerdan sus fundadores. Desde entonces han desarrollado un viñedo que aprovecha las distintas altitudes del Valle de Parras para obtener expresiones diferentes de una misma variedad de uva. Desde el inicio buscaron construir etiquetas de guarda y enfocarse en segmentos donde la calidad fuera el principal argumento.
Calidad mucho antes de llegar a la botella
Casa Náufrago apostó por plantas francesas certificadas, sistemas de riego por goteo y un manejo cuidadoso de los recursos hídricos, uno de los mayores desafíos en una región desértica.
“Se han hecho bien las cosas, tratando de optimizar el tema del agua, que es muy importante”, explica Francisco Rodríguez, mejor conocido como Don Paco, considerado uno de los enólogos con mayor experiencia en México, clave en la producción de los vinos.
Su trayectoria supera las cinco décadas de vendimias y ha sido determinante para la consolidación del proyecto. “Un premio en un concurso le da confianza al consumidor y demuestra que el producto realmente está al nivel que dice que está”, afirma.
Actualmente, el viñedo produce más de 150 toneladas de uva al año, equivalentes a cerca de 150 mil botellas. Entre sus variedades están Cabernet Sauvignon, Shiraz, Merlot, Malbec, Tempranillo, Cabernet Franc, Petit Verdot, Chardonnay y Marcelan, esta última poco común en México y prácticamente exclusiva dentro de los viñedos de Coahuila.
Experiencias, más allá de recorrer los viñedos
Una parte fundamental del proyecto son las actividades gastronómicas diseñadas para que el visitante comprenda cómo el vino cambia y evoluciona cuando se encuentra con distintos ingredientes.
Bajo la guía del sommelier Héctor Martínez, los asistentes descubren cómo un mismo vino puede mostrar perfiles completamente distintos dependiendo del alimento con el que se acompañe.
“El vino no es un sabor estático; puede cambiar, adaptarse y encontrar un compañero diferente en cada alimento”, explica durante una de las experiencias de maridaje.
El recorrido sensorial comienza con un rosado Shiraz de intensa expresión frutal y continuó con un blend (elaborado con Cabernet Sauvignon, Shiraz y Merlot) exclusivo, reservado para quienes visitan el viñedo, así como etiquetas de Tempranillo y Shiraz que muestran la personalidad del terruño coahuilense.
Cada degustación se acompaña con quesos, embutidos, frutas y preparaciones especialmente seleccionadas para revelar nuevas dimensiones aromáticas y gustativas.
Gastronomía rioplatense en medio del desierto
La visita culmina en el restaurante del viñedo, donde un menú degustación diseñado por un chef uruguayo busca complementar la experiencia enológica.
Empanadas artesanales elaboradas en casa, ensaladas frescas, cortes como vacío o entraña cocinados al punto y postres tradicionales como panqueques rellenos de dulce de leche forman parte de una propuesta gastronómica que refuerza la idea de que el vino se disfruta mejor cuando se comparte alrededor de una mesa.
Del viñedo al Centro Histórico
Recientemente abrió sus puertas Casa Náufrago Wine Bar, un espacio ubicado en el Centro Histórico que permite acercar sus vinos a nuevos consumidores a través de experiencias gastronómicas, música y reuniones entre amigos.
Es una extensión natural de un proyecto que nació entre viñas, pero que busca acercar la cultura del vino mexicano a más personas.
Mientras las vides continúan madurando en el desierto coahuilense, Casa Náufrago avanza construyendo una identidad propia dentro de una región que lleva siglos escribiendo la historia del vino en América.
RRR