Así es Casa Yute, el hotel que privilegia el paisaje y la identidad de Oaxaca

Ubicado en Playa Aragón, a unos minutos de Mazunte, forma parte de una generación de proyectos que entienden la hospitalidad más allá del alojamiento.

Casa Yute | Cortesía
Ciudad de México /

A través de una arquitectura que privilegia el diálogo con el paisaje y de una propuesta vinculada con la gastronomía y los saberes locales, el proyecto busca integrarse a la identidad cultural de la costa oaxaqueña en un momento de profundas transformaciones para la región.

En conversación con MILENIO, Diego Domínguez, socio fundador, reflexiona sobre la relación entre arquitectura y territorio, el auge del turismo cultural, las nuevas formas de entender el lujo y la posibilidad de habitar un lugar desde la atención y no desde el consumo.

Casa Yute nace en una región con una identidad muy marcada, Diego explica cómo fue el planteamiento del proyecto: “La pregunta fue ¿cómo podemos sumar sin alterar aquello que hace especial a este lugar? Nuestra intención fue crear un espacio que dialogara con Playa Aragón y con su comunidad. Queríamos que quienes nos visitaran sintieran que estaban llegando a un lugar auténtico de Oaxaca y no a un hotel que pudiera existir en cualquier parte del mundo”.

Asegura que también les interesaba recuperar una idea distinta del lujo. “Para nosotros, éste puede encontrarse en el silencio, en el canto de los pájaros, en el sonido del viento y del mar, o en la posibilidad de desacelerar y conectar con la naturaleza desde otro ritmo y con todos los sentidos”.
El nombre remite al yute, una fibra profundamente vinculada al trabajo artesanal, y Domínguez asegura que les gusto precisamente por su sencillez, “es una fibra noble, resistente y profundamente ligada a la vida cotidiana y artesanal de México. Tiene una belleza que no necesita llamar la atención para ser apreciada. Sentimos que representaba la filosofía del proyecto
Casa Yute | Cortesía

Y es que, como explica, Casa Yute no busca impresionar desde el exceso, sino desde la autenticidad. “Queríamos un nombre que evocara naturaleza, textura, trabajo humano y conexión con la tierra. El yute tiene algo que nos gusta mucho: envejece con dignidad. Se transforma con el tiempo sin perder su esencia, y creemos que los espacios también deberían aspirar a eso”.

Sobre las referencias culturales y arquitectónicas que influyeron en el diseño, el socio fundador explica: “Más que inspirarnos en edificios específicos, nos interesó la lógica de la arquitectura tradicional de Oaxaca. Junto con el arquitecto Luis Aguilar observamos cómo históricamente se han utilizado la sombra, la ventilación cruzada, los espacios abiertos y los materiales naturales para generar confort.

“También nos inspiró la relación entre interior y exterior presente en muchas construcciones de la región, donde la naturaleza no se contempla desde lejos, sino que forma parte de la experiencia cotidiana. Queríamos que la arquitectura acompañara al paisaje y no que compitiera con él.
La luz, las corrientes naturales de aire y las visuales hacia el océano fueron determinantes. Buscamos que las personas percibieran el paso del día, la brisa de la tarde y el sonido de las olas durante la noche. Son elementos que no aparecen en los planos, pero terminan definiendo la memoria de un lugar”.

¿Cómo se traduce la arquitectura consciente?

Para nosotros significa pensar en las consecuencias que tendrán las decisiones dentro de diez o veinte años.

Se refleja en una escala pequeña, en la integración con el entorno, en el uso responsable del agua, en la incorporación de una planta de tratamiento, en la ventilación natural y en la búsqueda constante de eficiencia energética.

Casa Yute | Cortesía

La arquitectura consciente no depende de una sola acción, sino de muchas pequeñas decisiones que buscan generar bienestar sin comprometer el entorno que recibe a los visitantes.

¿Cómo dialoga Casa Yute con la transformación de la costa oaxaqueña?

El crecimiento turístico representa una oportunidad extraordinaria, siempre que no se pierda aquello que hace único al destino.

Nos preocupa que, en ocasiones, el desarrollo avance más rápido que la reflexión. Oaxaca posee una riqueza cultural y natural demasiado valiosa como para convertirse únicamente en un producto turístico.

Creemos que existen otras formas de crecer: proyectos de menor escala, vinculados con la comunidad y capaces de generar empleo local respetando los ritmos propios del territorio.

La clave está en escuchar y colaborar. Cuando llegamos a un lugar debemos reconocer que existe una historia previa y una cultura viva que no necesita ser validada por el turismo. Por eso buscamos trabajar con proveedores locales y procurar que los beneficios del desarrollo permanezcan en la región.

¿Cómo evitaron caer en una visión superficial de lo oaxaqueño?

Intentamos partir del respeto. No queríamos utilizar la cultura local como decoración, sino entenderla como una forma de vida.

La identidad de Oaxaca no está solamente en los objetos o en los colores; también se encuentra en la gastronomía, en los oficios, en la hospitalidad, en la relación con el territorio y en las comunidades.

Uno de los grandes aprendizajes del proyecto fue comprender el enorme valor del conocimiento local. Las personas que han vivido y trabajado durante años en la región conocen profundamente el clima, los materiales y las formas más adecuadas de construir. Casa Yute es el resultado de muchas conversaciones y de muchas manos.

Casa Yute | Cortesía

¿Cómo conciben la gastronomía dentro del proyecto?

Como una expresión cultural y también como una experiencia cotidiana.

A través de un platillo es posible entender ingredientes, tradiciones, temporadas, formas de trabajo y relaciones comunitarias. Por eso nos interesa trabajar con productos frescos, productores locales y con un huerto propio.

Más que sorprender con complejidad, buscamos generar conexión. Creemos que compartir una mesa frente al mar, con productos de la región preparados con respeto, puede ser una experiencia tan significativa como cualquier otra forma de acercarse al territorio.

¿Qué emociones buscan provocar en quienes llegan a Casa Yute?

Algo muy simple: que las personas se desaceleren. Vivimos en un mundo que constantemente nos exige atención. Casa Yute pretende ofrecer lo contrario: un espacio para respirar, descansar, conversar, leer y reconectar con aquello que normalmente dejamos para después.

Tenemos únicamente siete habitaciones, lo que permite mantener una escala íntima y familiar. Si alguien regresa a casa sintiéndose más tranquilo de como llegó, sentimos que hemos cumplido nuestro propósito.

En distintas partes del mundo los hoteles están dejando de ser simples lugares de alojamiento para convertirse en espacios culturales. ¿Ven a Casa Yute formando parte de esa conversación?

Sí, aunque desde una escala muy íntima. No aspiramos a ser un centro cultural en el sentido tradicional. Más bien buscamos ser un punto de encuentro entre viajeros, comunidad y territorio.

Nos gustaría que quienes llegan descubrieran no sólo las playas, sino también las historias vinculadas al mar, la vida de los pescadores, las lagunas costeras, la llegada de las tortugas y las ballenas, la cocina cotidiana, los pequeños negocios familiares y la enorme calidez de las comunidades.

Muchas veces el visitante llega buscando playa y termina enamorándose de las personas y de las historias que habitan esta región. Esa conexión humana suele permanecer mucho tiempo después del viaje.

Si tuviera que definir Casa Yute no como un hotel, sino como una idea sobre cómo habitar un territorio, ¿cómo la describiría?

Diría que es una invitación a habitar con atención. A prestar atención al paisaje, a las personas, al clima, a los sabores, a los sonidos y a los ritmos naturales que muchas veces pasan desapercibidos en la vida cotidiana.

Casa Yute propone observar más y consumir menos; escuchar más y distraerse menos; conectar más y acumular menos. Apreciar y conectar.

Más que ofrecer una estancia, buscamos recordar que el bienestar no siempre proviene de tener más cosas, sino de estar más presentes.

jk

  • Gabriela Gorab
  • Curadora, gestora y columnista de arte y cultura. Licenciada en Artes (Bond U.); estudios en MIT, MoMA, Harvard. Cofundadora de Artists’ Container y Socia de El Lion que Ruge Films. Experiencia en Australia, NZ, Inglaterra, Indonesia y EU.

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