Aunque las Islas Tahití están a casi 14 horas de México, la ruta para llegar es vía San Francisco o bien Los Ángeles, en Estados Unidos; y de ahí 8 horas más de vuelo; toda la riqueza que distingue a la Polinesia Francesa se concentró en una agradable experiencia que develó como las bellezas naturales hacen amalgama perfecta con las tradiciones, cultura y gastronomía en esa latitud para ofrecer estancias inolvidables.
Un cóctel dio la bienvenida al cálido ambiente, donde la decoración del restaurante, una palapa, se sumó para adentrar a los invitados a la recreación de las Islas Tahití, la más grande de la Polinesia Francesa y donde la fortaleza y empatía se concentra en la palabra Mana.
La cultura de la Polinesia Francesa también se hizo presente a través de sus tradiciones, como los tatuajes; por lo que una estación especial materializó esta práctica; ahí cada invitado elegía la figura a tatuar y los expertos tatuadores explicaban el significado de cada imagen.
El siguiente paso reveló otra de las tradiciones más clásicas de las islas que se ubican en el Pacífico Sur, cuando un grupo de bailarinas apareció en la escena. A través de sus movimientos, acordes con la música que las acompañó, manifestaban una serie de mensajes con los que evocan las costumbres, leyendas y valores de la Polinesia Francesa.
Con la gastronomía se dio continuidad a la experiencia por las Islas Tahití, frutas tropicales (papaya, piña, toronja y melón) se combinaron para iniciar la degustación para luego seguir con Poisson Cru, una ensalada tradicional, que a base de atún marinado con jugo de limón y leche de coco acompañado de vegetales frescos, entregó al paladar los sabores de las islas.
Por supuesto el café se acompañó con panadería francesa, el chocolatín fue uno de los más solicitados.
Para entonces los poco más de 30 invitados ya percibían la magia que distingue a tan especial lugar; sin embargo, el clímax llegó cuando Hironui Johnston, director de Operaciones Internacionales Tahití Tourism, en pocas palabras definió la riqueza de la Polinesia Francesa.
"Las Islas Tahití son paisajes extraordinarios, lagunas únicas y bellezas incomparables, pero Tahití es más que eso por su hospitalidad, cultura, identidad, gente auténtica y emociones verdaderas, es un lugar que se visita que se siente, y que deja huella", precisó el ejecutivo al tiempo que las pantallas, colocadas por diversos puntos del salón, materializaban sus palabras al proyectar extraordinarias imágenes de lagunas, mar, montañas, flora y fauna y una diversidad de actividades que es factible realizar en tan maravilloso ecosistema.
A través de los videos fue posible admirar que en esas latitudes, los contrastes son una constante, por lo que el visitante lo mismo puede adentrarse y vivir la adrenalina propia de de la selva que encontrar la calma a la orilla del mar, donde el oleaje es imperceptible.
Además, los paisajes de la Polinesia Francesa lo mismo pueden admirarse en familia que disfrutrarse en pareja y hasta de manera solitaria para encontrar la tranquilidad y paz que a veces se requiere.
Aunque también se precisó que una de las formas de preservar tan exclusivo hábitat, donde los arrecifes y las perlas negras son parte del atractivo que ofrece, es siendo muy minuciosos con el número de turistas que recibe.
Para cerrar el maravilloso encuentro con Las Islas Tahití un stand de Turia my Pearl con perlas negras acaparó la mirada de los invitados, que admiraron la riqueza de esas joyas convertidas en seductores collares, pendientes y pulseras.
AJR