Alejandro del Águila se propuso servir sus platillos favoritos, a base de productos de mar, en Ciudad de México y lo logra cada día en Luzia, donde en mancuerna con su amigo el chef Jaime Llano han creado un concepto muy especial.
A través de un menú inspirado en su natal Sinaloa, pero con el sello contemporáneo que le aportan a cada una de sus creaciones, buscan conquistar paladares.
Su restaurante en Polanco, Anatole France 70, ofrece una experiencia muy grata, no solo al paladar, sino en general, gracias a la atmósfera que ha creado para servir sus platillos.
Un salón, con terraza incluida, pequeño, pero con el espacio suficiente para disfrutar de cada detalle de la decoración que remite al Pacífico; entorno que cobra mayor vida cuando llegan los platillos a la mesa.
"La idea es que los comensales disfruten toda la experiencia desde el lugar, que es muy ameno para venir con la pareja, amigos o familia; hasta cada platillo que piden", dice Alejandro, cuyo concepto permite disfrutar de sabores diferentes cada mes.
"Nos inspiramos en Sinaloa, pero hacemos algo más contemporáneo, así que nuestra experiencia es más premium, y vamos a estar generando experiencias diferentes mes con mes para aprovechar los diversos pescados de cada temporada", dice al tiempo que inicia la fiesta de sabor con unas croquetas de jaiba.
La pasión por la cocina del chef inició "por una necesidad", pues siendo muy chico, él y su hermano cuate, tenían que hacerse de comer, acción que se acrecentó cuando a los 17 años partió de su casa.
De esa manera el chef inició en el mundo gastronómico, que le ha permitido traer la comida del mar a la capital para "ofrecer una propuesta fresca", gracia a que sus ingredientes llegan recién pescados lo mismo en Mazatlán que en Ensenada.
En Luzía el menú es cien por ciento "enfocado en mariscos, es una cocina de mar, eso sí, con un proveedor de pesca sustentable", asegura el anfitrión cuando unas tostadas de atún y unos tacos de gobernador "originarios de Sinaloa" -refiere Alejandro-- llegan a la mesa; y el vino blanco, rosado o una cerveza --a elección-- se sirven para el maridaje.
Con la certeza de que es mejor para cocinar que para hablar, el chef vuelve a la cocina, pues la siguiente propuesta es "el pescado zarandejado --en esta ocasión un huachinango-- es mi preferido", dice antes de ir a la cocina para checar que el platillo luzca como a él le gusta; mientras los comensales siguen disfrutando del ambiente en la terraza que permite apreciar el clásico ir y venir de las calles de Polanco, pero también garantiza la privacidad y el ambiente relajado que distingue a Luzía.
AJR