En el sur de la Ciudad de México el ajetreo de la Torre Aleph San Ángel encuentra ahora un contrapunto entre el fuego manso y la cadencia de las espadas giratorias.
Y es que en su interior abrió Gauchinho, de Grupo Sal e Brasa, que traslada el ritual de las pampas del sur de Brasil a San Ángel, con un despliegue que supera las 80 opciones entre cortes a las brasas y platos de barra fría.
El salón, envuelto en luz natural, se organiza alrededor de un servicio continuo de rodizio. Una dinámica sin pausas donde 28 espadas con carnes y mariscos —la carta eleva la cifra por encima de las 30— desfilan entre las mesas.
El comensal recibe cada pieza rebanada en el momento, con el punto de cocción que decidieron las brasas y el oficio de maestros parrilleros. La experiencia no se interrumpe: un disco de doble cara sobre la mesa, verde y rojo, regula el ritmo.
Circuito de barra fría
Antes o durante el recorrido cárnico, la barra central funciona como un segundo acto. Medio centenar de elaboraciones —ensaladas de legumbres, quesos maduros y frescos, pastas, carnes frías, crema de langosta, ceviche, cocteles y paella de mariscos— comparten espacio con los clásicos brasileños que no se negocian: pão de queijo, yuca frita y feijoada. Hay también pizza artesanal y una estación de sushi preparado al momento.
Cortes con identidad
La casa trabaja con carne seleccionada bajo los grados Prime y Choice del USDA, combinada con proveeduría nacional. La trazabilidad se extiende a pescados y mariscos, así como a vegetales y hortalizas.
En el desfile de espadas conviven la picaña clásica, el cowboy, la costilla de res, el sirloin con queso y el filet mignon, junto a cortes de cerdo —pork belly, costillas, picaña de cerdo— y embutidos como calabresa, linguica y chorizo. Las aves aparecen en versiones a la cerveza, a las finas hierbas y al infaltable corazón de pollo. El bloque marítimo suma langostinos XL, ostiones Rockefeller, pulpo a las brasas, camarones y huachinango zarandeado.
Si el apetito reclama un escalón extra, la carta premium ofrece cortes como Tomahawk, T-bone y Picaña al café, disponibles en piezas de 500 gramos a un kilogramo con un costo adicional.
Beber con banda sonora
La cava reúne etiquetas nacionales, francesas, españolas, chilenas, argentinas y estadounidenses con una relación precio-valor pensada para acompañar el volumen del menú.
Gauchinho también embotella su propio Malbec, elaborado en La Grulla, Ensenada, con crianza en barrica de roble francés y americano, pensado para carnes rojas, pizzas y quesos maduros. La coctelería gira alrededor de las caipiriñas y cócteles de temporada.
Los fines de semana el espacio suma espectáculos de batucada, y las once pantallas distribuidas en el salón convierten cada partido en una transmisión de alto voltaje, con una afición que lo mismo sigue a la selección brasileña que a la mexicana.
Dulces que cierran la ruta
El buffet ya incluye postres, pero la carta de autor suma Fresas Jubilé bañadas en vino tinto y cassis, la clásica Crème Brûlée y el postre insignia, la Garota Brasileña, una esfera de chocolate rellena de helado. El cheesecake español, inspirado en la tarta vasca, y el cheesecake de pistache compiten por la segunda lectura.
Para la tribu pequeña
El local incorpora zona infantil, lo que facilita la ecuación para las familias que buscan una mesa larga durante los partidos del Mundial o el domingo de sobremesa.
RRR