Peter Philips, la medida de lo bello

Revista M de MILENIO

La multiplicación de imágenes ha desplazado la autoridad sobre lo bello. El maquillista examina sus nuevas formas y las tensiones entre transformación, permanencia y oficio.

Fotografía: René Villaseñor
Sarah Gore Reeves y Daniel Zepeda
Ciudad de México /
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La belleza se construye también desde los sistemas que conceden visibilidad a determinados rostros, atributos y gestos. Durante décadas, el retrato, la fotografía de moda y la publicidad concentraron esa facultad alrededor de un repertorio relativamente estrecho de modelos, códigos y aspiraciones.

La circulación digital alteró aquella jerarquía al convertir la producción de la propia imagen en una práctica cotidiana. Esa proliferación ha creado un paisaje estético donde múltiples ideales coexisten y se agotan con una rapidez que vuelve provisional cualquier aspiración de canon.

La trayectoria de Peter Philips coincide con buena parte de esa transformación. Durante más de una década, su trabajo ha contribuido a articular el lenguaje contemporáneo como director creativo y de imagen de Dior Makeup.

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El balance entre cambio y continuidad atraviesa su pensamiento creativo. Esto le ha permitido observar cómo sensibilidades distintas terminan incorporándose a una misma genealogía, mientras el maquillaje establece sus propios ritmos. Su defensa del oficio adquiere particular pertinencia dentro de una cultura obsesionada con la velocidad. Algunas formas de dominio siguen necesitando tiempo.

En fotografía, ¿cómo está redefiniendo la tecnología nuestra percepción de un rostro bello?

El retrato siempre ha sido una idealización de la belleza. Estoy seguro de que los retratos pintados antiguamente glorificaban a la persona representada, mostraban su mejor versión, casi como un filtro. Lo que ha cambiado es la escala. Con las redes sociales y el mundo digital, el retrato dejó de estar reservado a una élite.
Ese alcance ha producido ideales más diversos. Durante la era de las supermodelos existía un grupo relativamente pequeño de mujeres que representaba cierto ideal. Ahora tenemos todas las edades, tallas y géneros. Aquello que antes podía considerarse feo puede percibirse como bello porque estamos expuestos a una diversidad mucho mayor.
“Creo que el objetivo sigue siendo verse saludable y radiante. Una persona de 50 años puede verse increíble y seguir pareciendo de su edad. No tienes que parecer más joven, sino ser la mejor versión de ti mismo”.

¿Cómo reconcilias el lujo y la belleza contemporánea al crear nuevos productos?

El concepto de lujo ha cambiado porque también se ha democratizado. Con los productos que creo puedo garantizar calidad y pensar en la accesibilidad. No quiero crear algo tan de nicho que resulte intimidante. Los productos están disponibles en todo el mundo, así que debo considerar distintos tonos de piel, climas y expectativas de belleza. Es un ejercicio constante de equilibrio. Una colección debe resultar fascinante sin intimidar. A veces la propia fórmula debe convertirse en la declaración.

¿Cuál ha sido una constante en tu trabajo a lo largo de estos años?

Todo el mundo quiere sentirse bello; no todos quieren estar a la moda, que puede cambiar radicalmente entre colecciones, mientras el maquillaje sigue una evolución más estable. Cuando alguien encuentra su base de maquillaje, se convierte en una segunda piel. Necesitas estabilidad sin volverte aburrido.

¿Cómo mantienes vigente una idea de elegancia basada en la simplicidad sin que pierda fuerza con el tiempo?

Tiene que ver con editar y encontrar el equilibrio adecuado. La simplicidad no tiene por qué ser aburrida y tampoco significa necesariamente minimalismo. Ese diálogo también puede ayudarnos a vestir los productos. El empaque puede convertirse casi en un accesorio, en un objeto que quieres conservar.
Puedes construir una declaración sin recurrir al minimalismo. El maquillaje tampoco necesita ser nude para resultar atemporal o elegante. Se parece a editar una historia de moda, elegir los elementos precisos y saber cuándo son suficientes.

¿Qué idea dejarías a las futuras generaciones de maquillistas?

Encuentra tu propio espacio. Hoy puedes construir tu plataforma y tu propio mundo. Tampoco te dejes intimidar por el esnobismo de las industrias creativas. Trabajar para una gran revista no tiene más valor que conseguir que una novia se sienta la mujer más bella del mundo. Todo nace de la misma pasión por el oficio. Y asegúrate de que tu ambición no sea mayor que tus habilidades. El maquillaje es un oficio, todavía aprendo todos los días. Las redes sociales pueden hacer que todo parezca fácil, aunque sigue siendo una disciplina que requiere aprendizaje y práctica. Vas a cometer errores,así es como creces. Deja que tu ambición crezca al mismo ritmo que tus habilidades.
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hc

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