Tras las huellas del vino y los gigantes prehistóricos en Coahuila

Hay viajes que comienzan hace cuatro siglo o millones de años; en Coahuila ambas historias se entrelazan: una conduce al origen de la vitivinicultura en América; la otra, al territorio de los dinosaurios

Parras tiene el compromiso de ser el Primer Pueblo Mágico del Norte de México; su pequeño Centro Histórico, es un ejemplo de tenacidad. (Ramón Rivera)
En el Museo del Desierto, los investigadores han colocado a Coahuila entre las regiones más importantes del mundo para el estudio de dinosaurios.
Ramón Rivera
Coahuila /

Pocos viajes en México logran entrelazar el génesis de una tradición milenaria con el asombro jurásico. En el sureste de Coahuila, a unos pasos del árido desierto, se despliega una ruta que se bebe, se pisa y se escucha en los rugidos de un pasado remoto: un recorrido entre Parras y Saltillo, donde las vides centenarias dialogan con los fósiles de criaturas que dominaron la tierra hace 72 millones de años.

Cuna del vino en América

Para el cronista de la región y actual director de la OCV de Parras, Bernardo López García, existe una verdad que el tiempo ha pulido como un buen ensamble: "esta tierra es la cuna vitivinícola de América".

Y es que, oficialmente, la Villa de Santa María de las Parras fue fundada en 1598, pero “el vino ya fluía por estas acequias desde antes: las bodegas del Marqués de Aguayo, que datan de 1593, se erigen como el santuario más longevo de esta tradición”.

Actualmente esas paredes de adobe y cantera son el Hotel Marqués de Aguayo, un sitio donde la historia se bebe en cada rincón y donde el espíritu de la vinificación, activo hasta 1970, impregna las habitaciones reconstruidas por su actual propietario.

Muy cerca, Casa Madero, fundada en 1597 como Hacienda de San Lorenzo, mantiene viva la producción ininterrumpida que le ha dado fama mundial. Recorrer sus cavas es un viaje sensorial, pero la verdadera fiesta estalla en verano.

Pero las Fiestas de la Vendimia ya no se limitan al verano: de junio a octubre, los viñedos de Parras son un carrusel de eventos artísticos, catas y el tradicional pisado de uva. Es la celebración donde el terruño se expresa en cada copa de Syrah o Merlot bajo el sol coahuilense.

El Valle de Parras es reconocido como la primera región vitivinícola del continente americano con producción ininterrumpida. (Cortesía)

Primer Pueblo Mágico del Norte, entre dulces y mezclilla

Declarado el primer Pueblo Mágico del Norte, Parras atesora una identidad que va más allá de los racimos. Ahí está el Museo de la Fábrica "La Estrella", vestigio de la industria textil que vistió al mundo con mezclilla para marcas como Levi 's. El recorrido por su maquinaria oxidada y sus archivos fotográficos —operada y modernizada por la familia Madero en el siglo XIX— es una cápsula del tiempo que reivindica a los obreros que movieron la economía local.

Parras no presume su historia, la deja aparecer a cada paso: las acequias siguen llevando agua por el centro histórico, las casonas conservan muros centenarios y las calles recuerdan que este oasis en medio del desierto fue el sitio donde la vid encontró condiciones para permanecer durante más de 400 años sin interrupción.

En las calles, la dulce tradición de Dulces Marthel marca el paso con sabor a nuez e higo. Ahí, la familia Barrón Aguilar cocina en ollas de cobre una herencia de 40 años. "Nuestro secreto es no usar conservadores", nos cuentan mientras modelan a mano el icónico queso de nuez, primo del mazapán y favorito indiscutible de los visitantes, elaborado con leche recién ordeñada de establos vecinos. 

Al caer la tarde, hay que perderse hasta la Plaza del Beso, un rincón de atmósfera romántica que, según la voz popular, “antes fue un antiguo cementerio; un guiño perfecto al contraste entre el amor eterno y la historia que susurra bajo los adoquines”, opina Bernanrdo.

Espacios históricos recuperados, hoteles boutique instalados en antiguas construcciones y plazas que vuelven a llenarse de visitantes muestran cómo el patrimonio encuentra nuevas formas de mantenerse vigente. (Ramón Rivera)

El rugido del desierto en Saltillo

A 150 kilómetros, Saltillo ofrece un giro radical en el paisaje y en el tiempo. En el Museo del Desierto, el guía nos recibe con una frase lapidaria: “hemos logrado posicionar a Coahuila en los primeros lugares mundiales en paleontología”.

Y no es para menos. Aquí descansa el Acantholipan gonzalezi, un anquilosaurio acorazado cuyo nombre rinde homenaje a la nación nómada de los lipanes y cuyo esqueleto se complementa con una escultura de acero forjada con armas destruidas por el ejército.

El museo, en sus 26 años de historia, ha desenterrado piezas únicas como el Yehuecauhceratops mudei y el Coahuilaceratops magnacuerna.

Esta dinosauritis ha trascendido las salas de exhibición: en Saltillo, el arte popular callejero lleva grafitis de tiranosaurios y hasta el agua purificada se vende bajo la marca “Dinowater”. 

Para bajar de la nube prehistórica a la modernidad, el Museo del Sarape y Trajes Mexicanos exhibe la maestría textil local, donde un solo lienzo puede tomar años de tejido, como los que elabora el artesano que viste al famoso boxeador mexicano Saúl “Canelo” Álvarez.

El trabajo que han realizado los investigadores por más de dos décadas ha influenciado en la vida cotidiana: esculturas, parques, murales y espacios públicos recuerdan que Coahuila es, con toda razón, la Tierra de Dinosaurios. (Ramón RIvera)

Alianza única del vino y los dinosaurios

La ambiciosa Ruta de Vinos y Dinos, que integran cerca de 30 viñedos, divididos en cinco municipios: Saltillo: Hacienda El Secreto, Vinícola Monte Rojo, Hacienda San Francisco de las Flores, San Juan de la Vaquería, Rancho El Fortín, Museo del Desierto; Parras: Casa Madero, Bodega Barro Viejo, Hacienda del Marqués, Viñedos Don Leo, Vinícola Parvada, RG | MX, Camino Corazón, Casa Náufrago, Las Pudencianas; Arteaga: Bodega Del Viento, Bodega Terra Serena, Vinos D Guadiana, Bosques de Monterreal, Guidova, Bodega Los Cedros; Ramos Arispe: Bodega Capellanía, Dinolandia; General Cepeda: Hacienda Florida, Rincón Colorado, Rancho Villa de Patos, Sierto.

Casa Náufrago del Valle de Parras, que en menos de tres años ha consolidado su calidad con más de 46 preseas internacionales y nacionales. (Cortesía)

Raúl Rodarte Leos, director ejecutivo de Saltillo Meetings & Events (OCV de Saltillo), narra cómo la familia al frente de Casa Madero, asesoró a productores de nuez para reconvertir sus tierras al vino.

Así surgieron proyectos como Bodegas del Viento, viñedos de altura en Arteaga, donde las heladas representan un desafío que las cepas de origen francés han sabido sortear. Entre los nuevos viñedos que integran la ruta, destaca Casa Náufrago del Valle de Parras, que en menos de tres años ha consolidado su calidad con más de 46 preseas internacionales y nacionales.

Se pueden visitar por municipios o por viñedos. El punto de inicio es el emblemático Museo del Desierto y cada viñedo cuenta con un ícono paleontológico propio, “que enlaza pasado y presente, ciencia y sabor”, apunta Rodarte.

La conectividad de Saltillo, con vuelos a Ciudad de México, Cancún y próximamente Guadalajara, además de alrededor de cuatro mil cuartos de hotel y el moderno centro gastronómico Il Mercato, garantizan una estadía con altos estándares de confort y la inconfundible gastronomía del noreste, donde el cabrito y el asado de puerco en chile rojo son el maridaje perfecto para un vino coahuilense.

En Coahuila, el pasado no está muerto, se está fermentando en barricas y petrificado bajo la arena, esperando a que un visitante lo descifre.





RRR

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