La ciudad de Tampa tiene unos célebres residentes: un grupo de gallos.
Estos simpáticos habitantes viven específicamente en el histórico barrio de Ybor City, el corazón latino y de tradición tabaquera de Tampa, donde durante años, decenas de gallos y gallinas salvajes dedican sus días a transitar libremente por las calles, parques como el Centennial, estacionamientos y terrazas de cafés.
Son auténticas celebridades locales.
Estos animales son descendientes de las aves que llevaron los migrantes cubanos, españoles e italianos que fundaron el barrio en el siglo XIX. Pero hay un dato curioso en su historia: antes de llegar a Tampa, muchos de estos gallos ya eran veteranos de otra ciudad.
En 1885, un devastador incendio destruyó once fábricas de tabaco en Key West, lo que obligó al empresario Vicente Martínez Ybor a trasladar sus operaciones, y a sus trabajadores, a lo que hoy se conoce como Ybor City.
Las aves hicieron el mismo viaje. De hecho, si visitas Key West hoy en día, todavía están sus primos caminando por las calles con igual tranquilidad.
Durante la Gran Depresión, los gallos no eran sólo una pintoresca curiosidad, representaban una importante fuente de alimento para las familias del barrio. Con el tiempo, dejaron de ser necesidad para convertirse en símbolo.
No te metas con mi gallo
Hoy en día, los gallos de Tampa están legalmente protegidos por una ordenanza municipal que declaró a toda la ciudad como Santuario de aves, por lo que es ilegal tocarlos, cazarlos o molestarlos.
No es casualidad: lo que ocurre en Ybor City es un ejemplo casi perfecto de convivencia sinantrópica; animales salvajes que se integran por completo al hábitat urbano sin perder su naturaleza libre.
Por supuesto, también hay que tener cuidado al manejar para no atropellarlos. Incluso hay señales de "Chicken Crossing" ("cruce de pollos") que recuerdan a conductores y peatones que aquí mandan ellos.
La sociedad que los cuida
Detrás de cada gallo que pasea tranquilo por Ybor City, hay un equipo de voluntarios que trabaja para mantener la armonía entre los negocios, los vecinos y estos famosos residentes emplumados.
La historia comenzó de manera inesperada. Tras perder el trabajo que amaba, Dylan Breese atravesaba un momento complicado cuando, durante un paseo, se encontró con una pequeña familia de polluelos recién nacidos. Aquellas visitas diarias se convirtieron en una razón para salir de casa y, poco a poco, en una nueva misión.
Con el tiempo, Breese comenzó a cuidar de las aves, protegerlas del tráfico y vigilar que llegaran sanas y salvas al final del día.
Aquella dedicación dio origen a la Ybor Chicken Society (IG: @yborchickens), una organización comunitaria dedicada exclusivamente al cuidado y protección de la población de gallos salvajes.
Cada sábado, sus integrantes salen a limpiar las calles del barrio y a velar por el bienestar de las aves. También rehabilitan y reubican a aquellos ejemplares que ya no pueden seguir el ritmo del grupo.
Lo que comenzó como un gesto personal terminó convirtiéndose en una comunidad muy querida en Ybor City.
Más que proteger a los gallos, la organización se ha encargado de preservar una de las tradiciones más entrañables y de recordar que estos animales forman parte de la identidad de Tampa.
Influencers con patas
Con el paso de los años, los gallos de Ybor City han dejado de ser parte del paisaje para convertirse en verdaderos íconos.
Turistas y locales los fotografían entre los adoquines y las fachadas de ladrillo rojo del barrio histórico, y en redes sociales existen cuentas enteras dedicadas a documentar sus aventuras cotidianas. Son, a su manera, influencers de dos patas.
Para quienes visitan Ybor City por primera vez, ver un gallo cruzar tranquilamente frente a un café o deambular cerca del histórico Columbia (el restaurante más antiguo de Florida, cuna del sándwich cubano y una institución de la gastronomía española y cubana) no es una sorpresa: es parte del itinerario.
Porque en este rincón de Tampa, la historia no siempre se conserva en los museos; a veces cruza delante de ti, te mira de reojo y sigue su camino, como cualquier buen vecino.