El arrebato de Chivas pudo con el mejor empaque de Cruz Azul y con la atmósfera del estadio Banorte. Hay que aplaudir al Rebaño, porque pese a sus limitaciones busca respuestas; hay que juzgar a La Máquina, porque pese a tener mejores recursos, hombres de más jerarquía y con mayor recorrido, no fue capaz de imponer condiciones. El juego de ida de la Semifinal se saldó con un 2-2; moneda al aire, pero con ventaja para los tapatíos que cierran en casa y el empate les favorece.
Antes del inicio, Joel Huiqui vio alterados sus planes porque Jorge Rodarte presentó un cuadro de influenza; además el Toro Fernández tampoco entró en la convocatoria, aunque reapareció frente a Atlas, se le reservó para la vuelta. Mientras, Gabriel Milito echó mano del mismo equipo que mostró arrebato y eliminó a Tigres.
Corrió la pelota y se vio un juego intenso, La Máquina empezó mejor, consciente de la necesidad de ganar la serie en el global, fue en busca de la portería de Whalley, generó un par de llegadas que causaron nervios en el cuadro rojiblanco, y aunque manejó la pelota, careció de sangre fría en el último tercio, muy acelerado y con malas decisiones en la finalización.
Iba Cruz Azul echando metros atrás a Chivas, pero de a poco los rojiblancos se despojaron de los nervios, Ledezma le pegó con derecha y la bola dio en el travesaño; a partir de entonces los rojiblancos se plantaron con más seguridad.
Error y genialidad
Bajaron las pulsaciones, el Rebaño enfrió el ímpetu celeste. Se avivaron los tapatíos, Sepúlveda proyectó a Sandoval, éste habilitó a Marín, La Máquina tardó una eternidad en reaccionar, y el delantero de Chivas le pegó con derecha, no llevaba nada de veneno esa pelota, pero repareció el viejo Kevin Mier, ese portero de experiencia que falla peor que novato, le regaló el balón a Sandoval quien marcó a placer al 29’.
Chivas se vino arriba, Cruz Azul encajó mal el gol, tuvo mucha fortuna porque se desconectó del juego, cayó en un letargo en el que incluso se salvó del segundo, el Rebaño no pudo capitalizar esos minutos y La Máquina reaccionó.
De la nada, Charly Rodríguez marcó un golazo, el capitán celeste recibió la bola, se percató que no llevaba compañía en el punto de remate, espejeó a Whalley y le cuchareó la pelota, el portero siguió el balón con desesperación, vio como pegó en el palo y besó la red. Al 37’, los cementeros volvían al juego; cerraron mejor, pero de nuevo les faltó claridad y precisión en la última zona.
Reparten golpes
Para el complemento, Chivas fue distinto, salió voraz, como si fuera el necesitado, y golpeó pronto a una defensa calamitosa. Miguel Gómez colgó un centro que Sepúlveda remató con la cabeza, Ángel se comió a Ditta y Piovi puso en ventaja al Rebaño al 49’.
Otra vez Cruz Azul a remolque, otra vez un equipo que necesita una cachetada para espabilar, lo mejor para ellos es que -con todo y su mal juego defensivo y muy atropellado en ataque- resucitaron en la serie gracias a un penal muy finito de Brian González sobre Ebere que fue marcado por el VAR; el nigeriano mostró personalidad, cobró y batió a Whalley. El alma le regresó a los celestes al 55’, pero el cuadro de Huiqui estaba obligado a dar un paso al frente.
A Cruz Azul le ganó la ansiedad, le faltó juego, pero sobre todo lucidez, atacó muy atropellado todo el partido y lo cerró de la misma manera. Chivas se dio por satisgecho, porque el resultado fue más que positivo, se volvió a demostrar a sí mismo que puede hacer frente a la adversidad. El sábado, en el Estadio Jalisco se conocerá el primer finalista, Chivas sale con el boleto en la mano, está en Cruz Azul cambiar los papeles, para ello tendrá que mostrarse más serio y más reconocible, porque en el escenario actual de una y otra institución tiene más que perder La Máquina que el Rebaño, el cuadro de Milito ya está dando lecciones de heroicidad; eso sí, es la Liguilla y cualquier cosa puede pasar.
RGS