• Comida, cábalas y alegría popular: la mística comunitaria con la que Argentina espera la final del Mundial

Entre rituales compartidos, un repunte del 90% en el consumo de alimentos y el infaltable debate político, el país vive una larga e intensa vigilia.

Lucía Cholakian Herrera
Buenos Aires, Argentina /
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La final del Mundial se jugará este domingo en Nueva Jersey, pero en Argentina la sensación es que el partido se disputará en cada casa, cada bar y cada plaza del país. El encuentro comenzará a la 1:00 de la tarde, hora del centro de México, y será entonces cuando el ruido que desde el miércoles domina las calles se transforme en un silencio absoluto: el de millones de personas pendientes de una misma pantalla.

Hasta ese momento, el país vive una larga vigilia. En las ciudades y los pueblos, las conversaciones giran alrededor de la Selección. Se intercambian pronósticos, cábalas, planes para reunirse y recetas para la comida del domingo. Porque en Argentina el fútbol rara vez se mira en soledad: se comparte alrededor de una mesa.

Los datos muestran que esa costumbre resiste incluso la crisis económica. Según la consultora Scentia, pese a la caída del poder adquisitivo de los salarios, el consumo de alimentos y bebidas aumentó hasta 90% durante los días de partido del Mundial 2026. La mayoría de los argentinos opta por reunirse en casa con familiares o amigos, convirtiendo cada encuentro en un acontecimiento social.

Javier Tisera, de 72 años y jubilado, comenzó los festejos incluso antes de la final. Apenas terminó la victoria sobre Inglaterra, el jueves al mediodía preparó un mero con salsa de vino torrontés, una de las cepas emblemáticas del país. Por la noche cocinó cerdo marinado en cerveza con salsa de hongos y vino tinto. 

"Y así iré festejando hasta el domingo, o mientras dure la vida si no llego hasta ese día", dice entre risas.
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En Buenos Aires, el olor a asado invadía las calles desde la mañana del sábado. El humo que salía de las parrillas era otra señal de que el país ya estaba jugando la final.

La liturgia de las cábalas

Si hay algo que divide a los aficionados es el respeto por las cábalas. Repetir la misma camiseta, sentarse en el mismo lugar, mirar el partido con las mismas personas o evitar cualquier cambio de rutina son rituales que muchos consideran indispensables para atraer la buena suerte.

Florencia D'Antonio, docente de 34 años, reforzó la suya durante la semifinal. Ese día viajaba y, por error, compró un boleto de autobús para minutos después del partido. Terminó viendo el encuentro en un bar cercano a la terminal, donde colocó junto a su cerveza imágenes del Gauchito Gil, santo popular argentino, y de Eva Perón, figura central del peronismo convertida para muchos en una especie de santa pagana.

"Al principio no tenía expectativa y de golpe no puedo pensar en otra cosa", cuenta. La final la verá con compañeros de militancia en una unidad básica peronista, donde encenderán una parrilla en plena calle para compartir chorizos con cualquiera que se acerque. "Y después a festejar. Ganemos o perdamos. Yo siento que la final se ganó contra Inglaterra."

Daniel Valletta, sociólogo de 65 años, también tiene su propio ritual. Por cuestiones de trabajo, vio fuera de Buenos Aires las finales de la Copa América de 2021 y 2024, así como la del Mundial de Qatar. Desde entonces considera que viajar durante los grandes partidos le trae suerte. Esta semana volvió a salir de la ciudad y pensaba permanecer lejos para la final, pero su familia le pidió regresar. Aceptó cambiar el pasaje, con una condición: que hubiera carne suficiente para preparar un asado antes del partido.

Todos son argentinos, aunque no hayan nacido aquí

La ilusión también alcanza a quienes hicieron de Argentina su hogar. Renato Peña, actor y docente peruano de 41 años, vive en Buenos Aires desde 2018 y atraviesa su segunda final mundialista consecutiva como residente del país.

"Esta fiesta es una forma de renovar lo maravilloso que ocurrió en diciembre de 2022. Hay algo muy latinoamericano en la manera en que Argentina ha ganado sus partidos: viniendo desde atrás, peleando hasta el último segundo, sin que sobre nada. Eso lo siento muy mío", explica. El domingo, dice, celebrará en las calles como un argentino más.

Algo similar ocurre con Jude Dolz, psicólogo madrileño de 28 años que vive en Buenos Aires desde hace dos años junto a su esposo argentino. Nunca fue especialmente aficionado al fútbol, pero terminó contagiándose del entusiasmo colectivo.

"Mis sentimientos eran más bien neutros, pero terminé tomando cariño por la Selección por lo que significa para la gente que me rodea", dice. Messi siempre formó parte de su vida, recuerda, porque creció viéndolo jugar en el Barcelona mientras él mismo crecía en España.

La diferencia, asegura, apareció al llegar a Argentina.

"Aquí pude apreciar la dimensión más popular y comunitaria del fútbol. Se vive desde un argentinismo que dialoga con ideas de independencia, memoria y soberanía. Es un sentimiento colectivo que me emociona y que no excluye a quienes hicieron de Argentina su patria prestada."
Aficionados argentinos se preparan para el último juego del Mundial 2026. | Foto: AFP

El debate político detrás del Mundial

Como ocurre con cada gran éxito deportivo, el impacto político también forma parte de la conversación pública. Para Gustavo Córdoba, director de la consultora Zuban Córdoba y Asociados, el rendimiento de la Selección no necesariamente se traduce en beneficios electorales para el gobierno de Javier Milei, aunque sí puede generar efectos coyunturales.

"El Mundial funciona como una especie de anestésico temporal que le permite al gobierno encontrar oportunidades para comunicar y tomar decisiones que, en un contexto de normalidad, serían mucho más difíciles", sostiene.

El filósofo Ricardo Forster observa otro fenómeno: la manera en que el torneo reconfiguró el lugar simbólico de Lionel Messi dentro de la historia argentina.

"Antes del Mundial existía una dicotomía entre Maradona, el plebeyo, el antisistema, y Messi, el buen padre de familia que nunca confrontaba al poder. Pero Messi escribió otra historia en la cancha, especialmente contra Inglaterra. Entendió que ese partido tenía un significado histórico", afirma. Para Forster, el mensaje desplegado por los aficionados — "Las Malvinas son argentinas" — terminó de enlazar la actuación del equipo con una memoria colectiva que trasciende el fútbol.

Mientras tanto, faltan pocas horas para la final. En las parrillas ya se cocina la carne, las camisetas esperan dobladas sobre una silla y nadie se anima a romper la cábala. Argentina todavía habla, canta y festeja. Cuando el árbitro dé el silbatazo inicial, llegará el único momento en que un país entero guardará silencio.

Hay quienes consideran que el torneo reconfiguró el lugar simbólico de Lionel Messi dentro de la historia argentina. | Foto: AFP

AH

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