Programas sociales, redes y trabajo casa por casa, las claves de la remontada de Lula en Brasil

El engranaje decisivo para articular este viraje no fue sólo institucional, sino una inédita contraofensiva de movilización comunitaria conocida como el “Ejército de Lula”.

El presidente y candidato presidencial de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ondea una bandera brasileña. | AFP
Lucía Cholakian Herrera
Buenos Aires, Argentina /
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El pesimismo luego de la primera vuelta electoral en Brasil, el 4 de octubre, había sido tan resonante que pocos dentro de la izquierda creyeron lo que vieron el domingo 25 por la noche, cuando la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva se volvió matemáticamente irrevocable.

 No era una distancia dentro del margen de error, como habían indicado algunas apuestas, sino una diferencia superior al tres por ciento, un número difícil de cuestionar.

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Victoria contra todo pronóstico

El pesimismo parecía justificado por la tendencia regional de giros hacia la extrema derecha en los últimos años, el desgaste propio del oficialismo que iba por un cuarto mandato y, en última instancia, por la potencia que había mostrado el bolsonarismo en las redes sociales con el viento a favor de Estados Unidos y de las plataformas como Meta. Sin embargo, contra todos los pronósticos, Lula lo logró.

“Lo que pasó entre la primera y la segunda vuelta fue una cátedra para América Latina sobre cómo se puede combatir el fascismo”, asegura a MILENIO Raphael Carvalho de Vasconcelos, abogado internacional brasileño que ofició de observador de estas elecciones.

Las claves de la remontada 

El viraje estratégico de la segunda vuelta se tradujo en un paquete fáctico de políticas públicas y gestos laborales orientados a impactar de forma directa en la economía cotidiana.

El eje central fue el respaldo explícito de la bancada oficialista al proyecto de enmienda constitucional para abolir la escala laboral de 6x1, que obliga a seis días de trabajo por uno de descanso e imponer por ley la semana de 40 horas en un esquema de 5x2 sin reducción salarial.

Esta bandera, que cobró un fuerte impulso orgánico entre los trabajadores jóvenes y del sector servicios, le permitió al gobierno recuperar la iniciativa en la agenda de derechos laborales.

El comercio en Brasil se inundó con artículos alusivos a la figura del terapresidente. | Israel Navarro

En el plano asistencial y de ingresos, el gobierno de Lula ejecutó un adelantamiento del calendario de pagos del programa Bolsa Familia, que para el último tramo del año fijó una prestación promedio superior a los 680 reales (más de 125 dólares) por familia mediante adicionales por hijo de hasta seis años y por gestantes.

La ofensiva económica se complementó con la ampliación del programa de alivio crediticio Desenrola, destinado a la renegociación de deudas personales con quitas de hasta el 90 por ciento para familias de bajos ingresos, y la aceleración de las transferencias del incentivo escolar Pé-de-Meia, un depósito mensual de 200 reales (35 dólares) diseñado para frenar la deserción en la escuela secundaria pública.

Paralelamente, la campaña territorial y digital abandonó las piezas institucionales tradicionales para volcarse a formatos cortos de comunicación directa, coordinados con movimientos sociales para maximizar el despliegue en las periferias urbanas del sudeste y consolidar la hegemonía en el nordeste.

El legislador brasileño Andre Janones abraza al presidente Luiz Inácio Lula da Silva mientras este pronuncia un discurso. | AP

Balance de los votos 

El rendimiento en las urnas expone el alcance de este giro: el oficialismo sumó más de 10 millones de apoyos respecto al 4 de octubre, pasando del 45.1 por ciento a 51.7 por ciento definitivo.

 Más que una inversión del mapa geográfico, el arco opositor conservó el predominio en el sur, sudeste y el centro-oeste, la diferencia radica en el comportamiento de dos variables clave: la densidad del voto en el nordeste y la captura del electorado pragmático. 

En su bastión del norte y nordeste, el refuerzo de la asistencia social aceleró la participación e inclinó a favor de la candidatura gubernamental a quienes habían votado a terceras fuerzas o se habían abstenido.

A la vez, en los grandes centros urbanos del sudeste, el mensaje enfocado en la jornada laboral y la capacidad de compra influyó sobre la franja de votantes de hasta dos salarios mínimos, el segmento que al inicio del balotaje se declaraba indeciso y que terminó volcando la balanza en la recta final.

Lula Da Silva gana por cuarta vez las elecciones de Brasil. | Especial

La guerra digital 

El engranaje decisivo para articular este viraje no fue sólo institucional, sino una inédita contraofensiva de movilización comunitaria conocida como el “Ejército de Lula”, por el nombre de su canal de WhatsApp.

“El progresismo brasileño, por fin, entendió la forma de derrotar a la extrema derecha”, dijo Carvalho de Vasconcelos. 
“Utilizar las mismas armas que ellos utilizan, pero de la forma que corresponde, sin hacer uso de fake news y tratando de informar a la gente”.

Coordinada en el frente digital por el diputado André Janones, la iniciativa aglutinó a más de 10 millones de voluntarios en canales de chat masivos y redes sociales, operando como una guerrilla informativa para disputarle la hegemonía a la extrema derecha en su propio terreno.

Lejos de limitarse al entorno virtual, esta estructura se tradujo en una red de coordinación capilar en el territorio. 

“La gente copó las calles de Brasil, todos los días había actos, gente tratando de hablar con otras personas y una búsqueda muy intensiva de personas que no habían votado en la primera vuelta”, agregó Carvalho de Vasconcelos.
Lula da Silva fue reelegido como presidente de Brasil en la segunda vuelta de las elecciones. | EFE

Convirtieron desánimo en virtud 

Los militantes a favor de Lula organizaron brigadas en el transporte público, cacerolazos en barrios periféricos y el reparto puerta a puerta de contenidos sobre el fin de la jornada 6x1 y las becas escolares. 

Al descentralizar la comunicación del Partido de los Trabajadores y dotar a los propios vecinos de herramientas de difusión, la militancia logró romper el cerco del desánimo posterior a la primera vuelta, convirtiendo la frustración en una red de persuasión cara a cara que terminó de empujar la participación en las urnas.

“Ese movimiento fue fundamental para el cambio: hubo un movimiento nacional para hacer que la gente fuera a votar”, concluyó Carvalho de Vasconcelos. 
“Y por eso el resultado, que es un resultado monumental”.

ABF 

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