• Trump y la volátil relación con Europa: así avanzó el primer año de su mandato

Lo que comenzó con promesas del republicano sobre frenar la guerra en Ucrania, se ha transformado en amenazas a Europa por apoderarse de Groenlandia.

Mario Osorio
Roma /

Sometida a la que es quizá la más fuerte presión existencial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa ha enfrentado durante el primer año del gobierno de Donald Trump la abierta hostilidad de Estados Unidos, su aliado histórico, y se ha visto obligada a redefinir su papel en un panorama global más fragmentado y caótico.

Europa “debe mantenerse en pie por sí sola”, señala el documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés), publicado el 4 de diciembre por la Casa Blanca.

El texto, de 33 páginas, describe al Viejo Continente debilitado por “una crisis de civilización”, de la que responsabiliza a la apertura de las fronteras ante las migraciones del sur del mundo, lo que —dice— compromete el patrimonio cultural europeo.

Resalta que la Europa continental ha perdido participación en el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, que cayó del 25 por ciento en 1990 al 14 por ciento actual. Y, por primera vez, advierte que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no debe continuar su expansión debido a la inmigración; algunos países miembros pronto serán mayoritariamente no europeos (es decir, no blancos).

“Los grandes problemas que enfrenta Europa incluyen actividades de la Unión Europea y otros cuerpos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las migraciones que están transformando el continente y creando conflicto; la censura a la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; las tasas de natalidad en caída libre y la pérdida de identidad nacional y autoconfianza”, diagnostica el documento, que apoya abiertamente a los partidos de extrema derecha del Viejo Continente.
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Un continente en “decadencia”

La Estrategia de Seguridad Nacional estadunidense advierte que “si las tendencias actuales continúan, el continente será irreconocible en 20 años o menos” y algunos países europeos podrían carecer de “economías y fuerzas armadas lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables”.

En una entrevista con el portal Politico del 9 de diciembre, Trump dijo creer que los líderes europeos “son débiles”, “no saben qué hacer” y “quieren ser políticamente correctos”.

Europa, añadió, está “en decadencia” y “no está haciendo un buen trabajo en muchos aspectos”, mientras ciudades como Londres o París han sido debilitadas por “el peso de la migración de Medio Oriente y África”.

Trump calificó como “un desastre” al primer alcalde musulmán de Londres, Sadiq Khan, hijo de inmigrantes de Pakistán, y aseguró que fue elegido “porque mucha gente (inmigrantes) ha llegado”.

Sadiq Khan es el primer alcalde musulmán de Londres. | Especial

Europa con gobiernos trumpistas

Trump considera a Europa como un factor “relativamente menor”, pues las negociaciones, los intercambios y también las crisis de Estados Unidos en este momento se dan fundamentalmente con China, Rusia y, eventualmente, con Medio Oriente, opina el experto Luccio Caracciolo, fundador y director de la revista de geopolítica Limes.

En entrevista con MILENIO, dice que lo que el presidente estadunidense busca en Europa son gobiernos “útiles” y afines, tanto ideológicamente como en sus políticas antiinmigración, por lo que, desde ese punto de vista, tiene mejores relaciones con los países gobernados por la ultraderecha, como Italia, Hungría y Polonia.

En sus declaraciones a Politico, Trump reconoció que respalda a candidatos europeos que comparten su propia visión política e ideológica, como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el premier húngaro, Viktor Orbán.

“He apoyado a gente, pero es gente que no gusta a muchos europeos. He apoyado a Viktor Orbán”, dijo el republicano.

La guerra en Ucrania

La Estrategia de Seguridad Nacional también está en desacuerdo con funcionarios europeos, “pertenecientes a gobiernos minoritarios inestables”, que “tienen expectativas poco realistas sobre la guerra en Ucrania” y dice que, en cambio, para Estados Unidos es de “interés fundamental” negociar un cese de las hostilidades “expedito” en Ucrania y “establecer estabilidad estratégica con Rusia.

El documento marca así un giro radical respecto al enfoque de seguridad nacional de la anterior administración del demócrata Joe Biden, que condenaba la “injustificada y brutal guerra en Ucrania” y consideraba que para Occidente era una prioridad “contener a Rusia”.

En la entrevista con Politico, Trump insistió que mientras él trata de acabar con el conflicto, los europeos “hablan, pero no producen, y la guerra sigue y sigue”.

En campaña electoral, el mandatario republicano prometió que iba a terminar esa guerra —que el mes próximo cumplirá 4 años de haber iniciado con la invasión rusa— en las primeras 24 horas de su nuevo mandato.

Trump ha responsabilizado reiteradamente al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, de obstaculizar el acuerdo de paz con Moscú. Y en febrero del año pasado —en un encuentro en la Casa Blanca—,  lo humilló ante las cámaras de televisión de todo el mundo, acusándolo de ser un desagradecido y de querer provocar la tercera guerra mundial.

El Ejército ruso continúa con los ataques en Ucrania. | AP

Según Caracciolo, Trump no ve a Europa como un bloque, sino como a países “buenos”, ideológicamente alineados a Washington y países “malos”. En ese contexto, el republicano quiere colaborar solamente con los primeros, que deben ponerse de acuerdo con Rusia para llegar rápidamente a un acuerdo para alcanzar la paz en Ucrania.

El mandatario estadunidense ha reiterado su llamado para celebrar elecciones en Ucrania, pese a que la ley marcial lo impide y que Zelenski, elegido en 2019, ha visto extendido su mandato de cinco años debido al conflicto.

En noviembre de 2025, Estados Unidos presentó un plan de 28 puntos para la paz en Ucrania que prevé la cesión a Rusia de las regiones de Donetsk y Lugansk.

Estos dos territorios, reivindicados por Moscú, además de Crimea, anexada en 2014, serían “reconocidas como rusas por Estados Unidos”, que se presenta como mediador.

Además, Kiev deberá comprometerse a no adherirse a la OTAN y no podrá desplegar en su territorio fuerzas de paz occidentales.

Pero, aunque Trump ha insistido en la necesidad de una rápida conclusión del proceso, es improbable que pueda imponer un plan de paz tan desequilibrado en perjuicio de Kiev y de sus aliados europeos, opina el analista Riccardo Alcaro, investigador del Instituto de Asuntos Internacionales (IAI), un think tank con sede en Roma.

Alcaro advierte, sin embargo, sobre el riesgo de que un rechazo sea instrumentalizado para alimentar la narrativa trumpista que acusa a ucranianos y europeos de obstaculizar la paz.

El factor Groenlandia

Otro tema de tensión entre Europa y Estados Unidos es la reiterada intención de Trump de anexionarse a Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte del reino de Dinamarca, país que, a su vez, es miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN.

Tras el bombardeo estadunidense a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero, Trump ha insistido en que la isla ártica, rica en recursos naturales como petróleo, gas y tierras raras y en una posición estratégica, pasará bajo control de Washington “por las buenas o por las malas”.

Una eventual acción militar entre miembros de la OTAN, como lo son Estados Unidos, Dinamarca y sus aliados europeos, pondría en jaque a esa alianza, cuyo artículo 5 prevé la asistencia mutua en caso de ataque a un país integrante.

Habitantes de Groenlandia se oponen al control de Trump en el territorio. | Reuters

En su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Trump no quitó el dedo del renglón sobre su intención de adquirir Groenlandia por motivos de seguridad, aunque matizó al asegurar que no usaría la fuerza.

Confirmó que busca negociar "inmediatamente" el asunto

“Pueden decir que sí y lo apreciaremos mucho, pueden decir que no y lo recordaremos”, amenazó a Dinamarca y a los miembros europeos de la OTAN.

Según Caracciolo, Europa no puede hacer mucho en la crisis, porque son los países en lo individual los que deciden cómo actuar.

“Algunos países están enviando o enviarán efectivos militares para hacer ver su solidaridad con Dinamarca. Mandar tropas de la OTAN a la isla para ayudar a un país de la Alianza Atlántica amenazado por otro país de la Alianza Atlántica parece un caso de ciencia ficción”, dice.

En su opinión, sin embargo, es poco probable que haya un enfrentamiento militar y es posible, más bien, que la crisis finalice con un acuerdo que establezca de facto el control estadunidense de Groenlandia que, además, ya existe, pues Washington opera desde hace décadas la base espacial Pituffik.

También conocida como base de 'Thule', en la parte septentrional de la isla, la instalación cuenta con unos 150 soldados que se dedican a tareas de defensa anti misilística y vigilancia espacial.

“Yo creo que se trata de una cuestión más bien psicológica, pues Trump quiere pasar a la historia como el presidente que ha ampliado el territorio de Estados Unidos con la anexión de Groenlandia”, concluye el experto.

MD

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