Este 28 de febrero la tensión entre Israel e Irán dio un nuevo giro. Israel lanzó ataques contra territorio iraní y, horas después, la respuesta de Teherán se tradujo en el envío de drones y bombardeos hacia espacio israelí.
El intercambio elevó la escalada regional y volvió a colocar el foco en un elemento que suele aparecer solo cuando el cielo se ilumina: el escudo antimisiles israelí.
Lo que comúnmente se denomina Domo de Hierro es apenas la primera capa de una arquitectura defensiva construida durante décadas. Su objetivo es interceptar amenazas de distinto alcance antes de que impacten en zonas pobladas o infraestructura estratégica.
En cada episodio de tensión, ese engranaje se activa en segundos.
De la vulnerabilidad a la doctrina: por qué Israel blindó su espacio aéreo
La decisión de desarrollar un sistema antimisiles propio tomó forma en los años noventa, tras la experiencia de la guerra con Irak, cuando Israel recibió ataques con misiles de largo alcance sin contar con una defensa eficaz para neutralizarlos.
A partir de entonces, la defensa aérea dejó de ser solo una capacidad militar y se convirtió en una prioridad. La lógica fue clara: si no era posible evitar que los misiles fueran lanzados, debía existir un mecanismo capaz de detenerlos antes del impacto.
Esa visión derivó en un modelo multicapa que combina distintas tecnologías y rangos de operación, diseñado para responder tanto a proyectiles de corto alcance como a misiles que cruzan la atmósfera.
Tres capas para un mismo cielo: Domo, Honda y Flechas
La primera línea es la Iron Dome, desarrollada por Rafael Advanced Defense Systems. Está diseñada para interceptar cohetes, morteros y proyectiles de corto y medio alcance.
Su sistema de radar calcula la trayectoria del objeto detectado y determina si representa una amenaza real; de ser así, lanza un interceptor que lo detona en el aire. Es móvil y puede proteger tanto instalaciones militares como civiles.
Como complemento a esta primera capa, Israel impulsa el Iron Beam, un sistema láser concebido para reforzar la capacidad de intercepción y optimizar la operación futura del escudo.
Cuando la amenaza supera ese rango inicial entra en operación la David's Sling, que cubre el nivel intermedio. Está diseñada para interceptar misiles de mayor complejidad dentro de la atmósfera terrestre y su rapidez es clave, ya que la eficacia depende no solo de la distancia, sino del tiempo que el proyectil permanece en vuelo.
La última línea es el sistema Arrow missile system, desarrollado por Israel Aerospace Industries. Las distintas versiones Arrow están orientadas a interceptar misiles de largo alcance, incluso fuera de la atmósfera, y surgieron directamente de la necesidad de responder a amenazas que recorren miles de kilómetros antes de impactar.
Este 28 de febrero, tras la nueva escalada entre Israel e Irán, esa estructura volvió a activarse. Más allá del episodio puntual, el sistema antibalístico israelí refleja una estrategia sostenida en el tiempo: anticipar escenarios, diseñar respuestas tecnológicas y convertir el espacio aéreo en una frontera controlada.
En el actual contexto regional, el cielo no es solo un espacio físico. Es el límite entre el daño y la contención.