¿Starbucks promete contratar a 10 mil refugiados? Los seguidores de Donald Trump llaman a boicotear a la cadena estadunidense. ¿Uber es acusado de apoyar el decreto antiinmigración? Una ola de personas se desabonan del servicio.
Con la asunción de Trump, las profundas divisiones de la sociedad comienzan a repercutir en las empresas, que se ven obligadas a hacer ejercicios de equilibristas para no perder potenciales clientes.
“Tradicionalmente las empresas han hecho todo para parecer neutrales pero ya no pueden mantenerlo. El mayor problema es que todo lo que puedan decir corre el riesgo de ser mal interpretado”, afirma Bruce Turkel, experto en marketing.
La marca de calzado deportivo New Balance sufrió las consecuencias de este clima, corriendo el riego de registrar una caída de sus cotizaciones en la Bolsa o perder reputación.
Poco después de la elección del candidato republicano, el director ejecutivo de la marca, Matt LeBretton, dijo que “las cosas parecen ir por buen camino”. Enseguida, se levantó una amplia campaña de boicot en Twitter obligando a la empresa a asegurar que apoya a “las personas de todos los ámbitos”.
El gigante de sodas Pepsico vivió una experiencia similar, pero desde el otro lado. Dos días después de la elección, la directora Indra Nooyi aseguró que sus empleados entraron “en llanto” y transmitió sus inquietudes. “Nuestros empleados, especialmente quienes no son blancos (...) preguntan: ‘¿Estamos seguros?’”.
Pero luego llegó la sanción. “Es momento de pasar de Pepsi”, alentó el sitio The Gateway Pundit.
Generalmente, los llamados a realizar un boicot a una empresa son generados en foros como Reddit, 4Chan, Facebook y Twitter. Pero en algunos casos se realizan acciones más estructuradas.
El sitio Grab Your Wallet publicó un censo minucioso de las empresas sospechosas de ser partidarias de Trump. Los grandes distribuidores Macy’s o Wal-Mart, así como la marca de cerveza Yuengling figuran en esta larga lista de empresas a las que se llama a “boicotear”.
Algunas empresas no quieren correr el riesgo de perder consumidores o permanecer inertes. Ya en la mira, la cadena de tiendas Nordstrom anunció que no venderá más ropa de Ivanka Trump, hija mayor del presidente.
Uber parece estar tanteando el panorama. Al principio, la empresa tomó distancia respecto al decreto antiinmigración de Trump, pero luego fue acusada de sacar provecho de la movilización que los taxistas encabezaron contra el texto, y una ola de personas optó por desabonarse del servicio de transporte.
Su rival Lyft se perfiló para el lado de los anti-Trump. Donó un millón de dólares a la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU), que impuso una demanda judicial contra el decreto que suspende la acogida de refugiados, así como el ingreso por 90 días de ciudadanos de siete países musulmanes.
Tras su donación, Lyft fue por primera vez más descargada en los iPhone que la aplicación de Uber. El director ejecutivo de Uber sintió el peligro y decidió salirse del foro de grandes empresarios pro Trump. Luego intentó poner las cosas en claro: el decreto presidencial “perjudica a numerosas personas en Estados Unidos”.