A días de la segunda vuelta electoral para elegir presidente en Perú, la candidata de la derecha liberal, Keiko Fujimori, aventaja al centro izquierdista, Roberto Sánchez Palomino, por una diferencia minúscula.
Llegaron al balotaje con encuestas prediciendo un virtual empate, aunque con una leve ventaja con la candidata de Fuerza Popular.
La disputa voto a voto
Esa misma noche, el domingo 7 de junio, las encuestadoras presentaron estudios estadísticos que confirmaban esa expectativa: las consultas a boca de urna daban una pequeña ventaja a Fujimori cercana al uno por ciento, mientras un conteo rápido, considerando el uno por ciento de mesas representativas, invertían ese resultado a favor de Sánchez.
El conteo de los votos, a partir de la carga de las actas, lleva más de cinco días. En la noche del domingo, con cerca de 70 por ciento de los votos incorporados, Keiko llevaba una ventaja de 5 por ciento. En ese momento se comenzó a acortar esa diferencia y hacia el mediodía del lunes, Sánchez superó a su rival y comenzó a distanciarse.
Cuando comenzaron a incorporarse los votos de los peruanos que viven en el extranjero nuevamente la tendencia se invirtió y la candidata alcanzó un beneficio mínimo. Con más del 98 por ciento del total de los sufragios sumados, aventajaba a Sánchez por solo mil votos.
Con esta situación, será necesario esperar al recuento definitivo de los sufragios. El Jurado Electoral Especial (JEE) anunció que el resultado definitivo se conocerá en el mes de julio.
¿Cómo funcionará el recuento?
Más de mil 500 actas observadas fueron excluidas del cómputo oficial, que representa el 1.7 por ciento del total. Lo que surja del análisis de las mismas será definitorio para saber quién ocupará la presidencia a partir del 28 de julio. La revisión está a cargo de los JEE, órganos de carácter temporal creados exclusivamente para cada proceso electoral.
El trabajo será analizar la pertinencia de las observaciones, si existen problemas de registro formal o inconsistencia aritmética en las actas, definiendo si se validan los resultados expresados en las mismas o si se recuentan los votos para rectificar el registro.
Hasta este miércoles 10 de junio, al menos 37 expedientes han sido derivados a recuento de votos, por lo que sus cédulas volverán a ser examinadas. Cualquier resultado de este procedimiento no es recusable y la determinación de las autoridades es definitiva.
El ajedrez político
Desde el día de las elecciones, los candidatos formularon declaraciones sobre los resultados, mientras sus equipos buscan impugnar actas electorales en las regiones que les son menos favorables.
Juntos por el Perú, el partido de Roberto Sánchez, pidió anular mil 751 mesas de sufragio en todo el país. Según la presentación, en esas mesas se observan patrones de repetición exacta que hacen suponer manipulación de los votos o del registro de las mismas. En todas ellas el resultado fue favorable a la candidata Fujimori.
Por su parte, desde Fuerza Popular piden no invalidar mesas en Lima, donde tienen una ventaja de 25 puntos porcentuales, y en cambio solicita la anulación de 7 mil 014 votos rurales de Puno que favorecen a Roberto Sánchez, que obtuvo 5 mil 932 de los mismos, mientras Fujimori recibió apenas 715.
Según los apoderados del partido, el pedido se basa en que sus fiscales no pudieron ingresar al momento de la instalación de las mesas, lo que sería suficiente para anular los votos.
Fujimori aseguró que la atención de su equipo está concentrada en las acciones ante los JEE y el control estricto del conteo final. Keiko afirmó que está serena y agradecida por el resultado provisorio y que esperarán prudentemente el conteo final de Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Por su parte, Sánchez llamó a tener un ojo crítico y vigilante en los organismos electorales. Aunque sostuvo que tiene esperanzas en ser el próximo presidente peruano, sugirió que existen actores que buscan “torcer el resultado democrático”.
Nuevo poder legislativo
Quien asuma la presidencia peruana lo hará precedido por un largo ciclo de inestabilidad política, ya que en los últimos diez años Perú ha tenido ocho presidentes.
El Congreso tiene la potestad de declarar la vacancia (destituir) al mandatario alegando incapacidad moral permanente, una figura difusa y arbitraria, lo que ha facilitado la crisis política presente.
En ese sentido, Fujimori, líder de la bancada mayoritaria en la oposición, ha sabido organizar mayorías ocasionales para aprobar la vacancia en una única sesión legislativa.
El hecho de que el Congreso hubiera sido unicameral hasta mayo, y la gran dispersión de los votos que hubo en las últimas elecciones, facilitó esas alianzas circunstanciales.
A partir de este período el sistema legislativo peruano volverá a ser bicameral, con cámaras de diputados y de senadores.
Aún cuando se mantiene la posibilidad de la destitución por esa figura de incapacidad moral, el hecho de tener que obtener los dos tercios de las voluntades en ambas cámaras dificultan las destituciones.
Además, con la nueva conformación, son pocos los partidos con representación legislativa. Esto permite suponer que se organizarán alianzas más estables.
En el Senado, la derecha, los partidos liderados por Fujimori y el exalcalde de Lima, López Aliaga, suman la mitad de las bancas (30 sobre 60). En diputados no hay mayorías definidas y el partido del ex candidato Jorge Nieto aparece como el gran árbitro entre grupos de derecha extrema o representantes de otros partidos.
Esta nueva conformación, con sus minorías intensas y partidos con capacidad de arbitrar el voto mayoritario, son estructuras con las que deberá lidiar el próximo presidente para poder gobernar por los siguientes cinco años.
LGG