Pompeya continúa ejerciendo una fascinación inagotable sobre los amantes de la historia. La desaparición de una ciudad entera tras la erupción del volcán en el año 79 d.C. sigue siendo objeto de estudio para organizaciones arqueológicas y antropológicas que han convertido el sitio en uno de los destinos turísticos más importantes del mundo.
A través de documentales y recorridos, el público ha podido observar los restos de quienes quedaron atrapados por la furia del Monte Vesubio. Sin embargo, estas figuras no son cuerpos preservados orgánicamente; son el resultado de una hazaña arqueológica del siglo XIX que consistió en inyectar yeso líquido en los huecos dejados por la descomposición de los cuerpos bajo la ceniza. Dentro de ese material, los huesos originales permanecen intactos, conservando la última postura de las víctimas.
Recrean rostro de hombre que murió en Pompeya
A pesar de los siglos transcurridos, el avance de la tecnología está permitiendo cerrar la brecha entre la arqueología y la vida cotidiana romana. Recientemente, el Parque Arqueológico de Pompeya presentó la primera reconstrucción digital con inteligencia artificial del rostro de un hombre que murió intentando huir de la erupción.
Para lograr este hito, los investigadores realizaron tomografías computarizadas (TAC) y escaneos láser 3D de los restos óseos que se encuentran dentro de los calcos. Gracias a estos datos, se obtuvo la estructura exacta del cráneo, la cual fue procesada por algoritmos de IA entrenados para "rellenar" la musculatura y la piel basándose en medidas antropométricas reales de la época romana.
El último instante de un ciudadano romano
El hallazgo de este hombre, realizado en una de las calles de la antigua ciudad, ofrece pistas desgarradoras sobre sus últimos momentos. Gracias a los restos óseos y los objetos encontrados junto a él, se supo que se trataba de un adulto mayor que, en medio del caos, intentó protegerse la cabeza con un mortero de terracota. Además, llevaba consigo una lámpara y algunas monedas, pertenencias que reflejan el intento desesperado por sobrevivir a la oscuridad y las cenizas.
La imagen resultante muestra un rostro profundamente humano y realista. Este avance permite que el espectador deje de ver "estatuas de yeso" y pueda empatizar con una persona real, recuperando la identidad que el volcán intentó borrar hace dos milenios.