Varias personas incendiaron este jueves 21 de mayo un centro de tratamiento del ébola en una localidad en el centro del brote en el este de la República Democrática del Congo, debido a que no se les permitió recuperar el cuerpo de un lugareño, según informó un testigo y un mando policial, mientras el miedo y la ira crecen ante una crisis sanitaria que los médicos batallan por controlar.
El ataque incendiario en Rwampara refleja los desafíos que enfrentan los trabajadores sanitarios para frenar un raro virus del ébola mediante medidas estrictas que podrían chocar con las costumbres locales, como los ritos funerarios.
El miedo y la ira crecen
La enfermedad se ha propagado durante semanas en una región con pocos servicios de salud y donde muchas personas se desplazan para escapar de los conflictos armados.
Los cuerpos de quienes mueren de ébola pueden ser muy contagiosos y provocar una mayor propagación cuando las personas preparan los cuerpos para el entierro y se reúnen para funerales.
El peligroso trabajo de enterrar a las víctimas sospechosas está siendo gestionado, siempre que es posible, por las autoridades, lo que puede ser recibido con protestas de las familias y amigos de las víctimas.
El centro médico de Rwampara fue incendiado por jóvenes locales que se enfadaron mientras intentaban recuperar el cuerpo de un amigo que, al parecer, había muerto a causa del virus, según un testigo que habló por teléfono con The Associated Press (AP).
“La policía intervino para intentar calmar la situación, pero desafortunadamente no tuvo éxito. Los jóvenes acabaron incendiando el centro”, dijo Alexis Burata, un estudiante local que dijo estar en la zona.
Un periodista de la AP vio a personas irrumpir en el centro y prender fuego a objetos en su interior, así como a lo que parecía ser el cuerpo de al menos una presunta víctima de ébola que estaba siendo almacenado en el sitio. Los trabajadores humanitarios huyeron del centro de tratamiento en vehículos.
El subcomisario senior Jean Claude Mukendi, jefe del departamento de seguridad pública de la provincia de Ituri, dijo que los jóvenes no habían entendido los protocolos para enterrar a una presunta víctima de ébola.
“Su familia, amigos y otros jóvenes querían llevar su cuerpo a casa para un funeral, aunque las instrucciones de las autoridades durante este brote son estrictas. Todos los cuerpos deben ser enterrados según las normas”, dijo Mukendi.
Hama Amadou, coordinador de campo de la organización humanitaria ALIMA, que tenía equipos trabajando en el centro, dijo más tarde que se había restaurado la calma y que los equipos de ayuda continuaban su labor en el centro.
El estallido de ira subraya las complicaciones que enfrentan las autoridades congoleñas y una serie de agencias de ayuda que intentan frenar un brote que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado como una emergencia sanitaria pública de preocupación internacional.
Según la OMS, el brote es mayor de lo que muestran las cifras oficiales. Se han presentado 160 muertes y 671 casos sospechosos en las dos provincias del Congo, así confirmaron las autoridades congoleñas. Además, a principios de la semana, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó que había dos casos, entre ellos una muerte, en la vecina Uganda.
“Todavía estamos en la fase en la que intensificamos la investigación, buscando casos. Preveo que el número de casos aumente a medida que la vigilancia se vuelva cada vez más rigurosa”, dijo Jean Kaseya, director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África.
El riesgo de que el brote se extienda a nivel global es bajo, según ha dicho la OMS, pero es alto a nivel regional, y la provincia de Iturí, que colinda con Uganda y Sudán del Sur, está en el centro de los contagios.
La detección temprana del virus es clave para salvar vidas, pero la ya débil infraestructura sanitaria y la capacidad de vigilancia de la región se han debilitado aún más por los recortes de ayuda internacional, según expertos.
Hay más de 920 mil personas desplazadas internamente en la provincia de Iturí, según la ONU.
Asimismo, el conflicto armado en la región complica aún más los esfuerzos para manejar la crisis. Líderes locales dijeron que un ataque de hombres armados vinculados al grupo Estado Islámico provocó la muerte de al menos 17 personas el martes 19 de mayo en Alima, una aldea de Iturí.
Trabajadores sanitarios y grupos de ayuda han dicho que necesitan urgentemente más suministros y personal para responder. Además, no existe ninguna vacuna ni medicamento disponible para el virus Bundibugyo, responsable del brote.
Un experto mencionó esta semana que pasarían al menos de seis a nueve meses antes de que haya una vacuna disponible.
“La prioridad ahora es actuar rápidamente y trabajar estrechamente con las comunidades, ya que los próximos días son críticos”, dijo Ariel Kestens, jefe de la delegación de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en el Congo (IFRC, por sus siglas en inglés).
El ébola es muy contagioso y se propaga en las personas a través del contacto con fluidos corporales como vómito, sangre, heces o semen.
Los síntomas incluyen fiebre, vómitos, diarrea, dolor muscular y, en ocasiones, hemorragias internas y externas.
El brote se extiende a una nueva provincia
El jueves 21 de mayo, el grupo rebelde M23 que controla varias partes del este del Congo informó que una persona había muerto de la enfermedad cerca de la ciudad de Bukavu, a unos 500 kilómetros al sur del epicentro del brote en la provincia de Iturí.
Fue el primer caso confirmado en la provincia de Kivu del Sur, y más tarde ese mismo día se informó de otro caso ahí. Anteriormente, los casos se habían reportado solo en las provincias de Iturí y Kivu del Norte, así como en la vecina Uganda.
El virus se propagó sin ser detectado durante semanas tras la primera muerte conocida a finales de abril, cuando las autoridades sanitarias congoleñas realizaron pruebas para detectar otro virus del ébola, el responsable más común de brotes en el país. Las autoridades sanitarias aún no encuentran al paciente cero, según la OMS.
Hasta ahora, la magnitud de la enfermedad sugiere que “probablemente comenzó hace un par de meses”, dijo Anaïs Legand, experta en fiebres hemorrágicas virales de la OMS.
LGG