• “Huele a humo…” contaminación por incendios “ahoga” a Nueva York con escenario apocalíptico

  • La combinación de una masa de humo proveniente de los incendios forestales en Canadá y el calor récord de este verano, afectan desde la mañana del jueves la vida de cientos de miles en la metrópoli estadounidense.
Brooklyn, NY /
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A las 4:30 de la tarde, Manhattan desapareció. La espectacular vista de la fila de rascacielos de la famosa isla, acompañada por las aguas azules de los ríos Este y Hudson que la rodean, fue sustituida por unas siluetas grisáceas apenas visibles en una nata opaca color naranja.

“¿Se está quemando algo?” preguntó en español con acento puertorriqueño una de las visitantes del The Institute for Family Health, ubicado en el piso 17 de un edificio de oficinas ubicado en la zona poniente de Brooklyn, y cuyos grandes ventanales arrojan, casi siempre, imágenes envidiables de la “gran manzana”.

Incluso, en un día despejado de verano, la perspectiva desde este edificio permite apreciar hacia el surponiente la inconfundible Estatua de la Libertad frente a la costa de Jersey City, el otro conglomerado urbano en el que además se encuentra el estadio en el que el próximo domingo se disputará la final de la Copa del Mundo de la FIFA.

Pero este jueves no era el caso. Es como si toda esa estampa de postal hubiera sido bañada y casi borrada por los tonos naranjas y grisáceos que normalmente vemos en las imágenes de los incendios forestales en California. No solo la mujer puertorriqueña, sino cada uno de los visitantes –incluyéndome– del piso 17 nos llevamos la misma impresión y sorpresa.

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Y si bien Nueva York, claramente, no es un bosque –por más grandes que sean sus parques–, la explicación del sofocante fenómeno es, en buena medida, la misma que en California; no uno, sino cien incendios forestales que de forma simultánea devoran amplias zonas boscosas del estado canadiense de Ontario, ubicado a menos de 700 kilómetros al norte de Manhattan.

El Índice de Calidad del Aire (AQI) alcanzó niveles "muy insalubres" en Nueva York. | Foto: Arturo Ángel

El monstruoso siniestro ha generado una gran corriente de humo que de forma lenta y sostenida ha avanzado hacia el noreste de los Estados Unidos, pero que en el caso específico de Nueva York se ha encontrado con el otro gran fenómeno que ha marcado este verano neoyorquino: un intenso calor que ha rozado niveles récord.

El jueves, un sistema de alta presión paralizó los termómetros en una temperatura promedio de 35 grados centígrados, y aniquiló cualquier corriente de viento significativa. El resultado, la metrópoli convertida en una sofocante cacerola en la que el humo que ingresa del norte solo se calienta, pero no escapa.

“Huele a humo”

Pocos minutos después de las 6 de la tarde, hora local, en los teléfonos celulares de las personas ubicadas en Nueva York destelló una alerta emitida por el Centro de Emergencias de la Ciudad con el siguiente mensaje: 

“La calidad del aire en la ciudad de Nueva York ha alcanzado niveles de Muy insalubre (AQI superior a 201). En este nivel, todas las personas, y no solo los grupos sensibles, pueden experimentar efectos graves en la salud”.

AQI son las siglas en inglés de Índice de la Calidad del Aire, que es una medición relacionada con la concentración de diversas partículas, gases y químicos que empobrecen la pureza del aire. En la escala, arriba de 200 es ya el quinto nivel más grave de seis. O sea, a un paso de la emergencia máxima. En este nivel, cualquiera, y no solo personas con algún padecimiento respiratorio o una edad avanzada, se ven afectadas al respirar esa nata de, literalmente, mugre. Pasar el día afuera con un aire de estas condiciones equivale, según expertos que citaba el jueves la prensa local, a fumar hasta diez cigarrillos al día.

“Huele a humo, mamá”, le dijo un niño de unos seis años a su madre apenas al salir de la biblioteca pública de Brooklyn ubicada en Cadman Plaza, zona en la que también se ubican otros edificios importantes como el del ayuntamiento de este condado, o el edificio de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. Sí, el mismo donde han conocido su suerte El Chapo Guzmán, Genaro García Luna, y donde será sentenciado el 20 de julio Ismael El Mayo Zambada.

La mala calidad del aire obligó a miles de neoyorquinos a usar cubrebocas y limitar actividades al aire libre. | Foto: Arturo Ángel

El “huele a humo”, extraño si se lee a la distancia, cobraba todo sentido al dar unos pasos. El humo, o la nata de humo y otras emisiones, se instaló a mediana altura, ocultando la parte superior de casi todos los edificios neoyorquinos, pero dejando relativamente despejada la visión “a ras de tierra”. Aun con ello, la percepción de “olor a quemado” era ineludible.

Desde la mañana, el alcalde Zorah Mamdani, que ha tenido unos primeros meses de administración bastante agitados, advertía que la mejor recomendación era, de ser posible, permanecer en casa debido al rápido deterioro de la calidad del aire. Pidió suspender actividades recreativas y ocupar la ciudad para citas o traslados laborales estrictamente necesarios.

Ya sea por la recomendación; ya sea por la intimidante combinación de un olor desagradable y la postal naranja apolítica de la ciudad; o ya sea por las dos, pero el impacto en la vida común de esta ciudad fue claro. La mayoría de los parques y plazas lucían casi desocupados, sin personas soleándose o niños jugando, algo extraño para una tarde del verano.

Las autoridades emitieron alertas mientras el humo y el calor récord afectaban a la ciudad.| Foto: Arturo Ángel

En las calles, si bien no pasaba con todos, era visible el cubrebocas en las personas que caminaban hacia un sitio o trabajaban. En algunas estaciones del Metro y en varios puntos de la ciudad, policías y efectivos de la Guardia Nacional repartían mascarillas y toallas húmedas a todo aquel que quisiera tomarlas.

“Medio vacía, medio con mascarillas, como en la pandemia”, dijo sobre la ciudad uno de los encargados de un “deli”, como se le conoce a las tiendas de conveniencia y alimentos en la metrópoli estadounidense. A las 8 de la noche, el AQI ya rozaba los 280 puntos.

¿Y el mundial?

De acuerdo con lo dicho por el gobierno de la Ciudad de Nueva York, el partido de la final del Mundial de futbol, programado para el domingo a las 3 de la tarde, no se vería afectado por la contaminación debido a que se espera que, a partir de la mañana del domingo, ingrese un sistema frío que ayudaría a disminuir la temperatura por debajo de los 30 grados, y que traerá rachas de viento que ayudarán a empujar los gases.

De lo que no existe garantía, y se irá decidiendo sobre la marcha, es que múltiples actividades al aire libre programadas para este viernes y sábado, se puedan llevar a cabo conforme estaba programado.

El problema, como advertían en los canales de la televisión local múltiples presentadores y expertos, es que, si bien podría existir una perceptible mejoría en la calidad del aire conforme avanza el viernes, se esperaba que en las primeras horas del sábado ingresara a la zona de Nueva York una nueva masa de humo proveniente de los incendios en Canadá que siguen fuera de control.

En resumen, se podría poner peor antes de ponerse mejor. Veremos.

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CHZ 

  • Arturo Ángel
  • Periodista, corresponsal y escritor. Especializado en la investigación de temas de corrupción, justicia, derechos humanos, transparencia y democracia en México y Estados Unidos. Ganador del Premio Nacional de Periodismo y del Premio Alemán de Periodismo, y nominado a un Emmy. Autor de dos libros publicados por Penguin Random House.

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