Un acuerdo “a la venezolana” en Teherán, a través del cual el régimen logre sobrevivir, llevaría a una masacre de la población civil, que en estos momentos se encuentra atrapada entre las bombas de Estados Unidos e Israel y la mayor represión interna, lo que hace imposible una sublevación popular, advierten activistas iraníes por los derechos humanos.
“Después de 47 años de propaganda contra Estados Unidos e Israel, en este momento el gobierno debe dar la imagen de una resistencia a ultranza, aunque en realidad busca llegar a un acuerdo, que de concretarse pondría fin a los bombardeos pero la población permanecería prisonera de un régimen todavía mas feroz”, asegura Parisa Nazari, activista en Italia del movimiento “Mujer, Vida y Libertad”, nacido en 2022 tras el asesinato, perpetrado por la policía moral iraní, de Masha Amini, quien había osado no cubrirse completamente la cabeza con el hiyab, el velo obligatorio.
En entrevista con MILENIO, Nazari reconoce pasar “noches infernales” por las noticias que, a cuentagotas, logra saber de sus familiares y amigos en Irán, sometido desde el 28 de febrero a los bombardeos de Israel y Estados Unidos, que desencadenaron la operación Furia Epica, con el asesinato del ayatolá Alí Jamení..
“Afortunadamente, esta mañana recibí dos llamadas muy breves en las que mis familiares me dijeron que estaban bien y que dejaban Teherán porque los ataques fueron muy potentes”, dice Nazari, quien en 2023 recibió el premio Human Rights Defense de la organización Amnistía Internacional, por su lucha por los derechos civiles en su país, al que no puede regresar mientras la república islámica se mantenga en el poder.
Trump y la democracia en Irán
La activista no oculta su preocupación ante la eventualidad, ventilada por Donald Trump de alcanzar un acuerdo con alguna figura al interior del propio régimen iraní, similar al logrado en Venezuela, donde tras la captura del presidente Nicolás Maduro por tropas norteamericanas el 3 de enero, se convino en pasar el mando a Delcy Rodríguez, quien hasta ese momento fungía como vicepresidenta.
“En Irán un acuerdo similar abriría la puerta para que el régimen llevara a cabo acciones todavía más cruentas respecto a las que perpetró en el pasado contra disidentes, en modo particular el 8 y 9 de enero, cuando atacó brutalmente a los manifestantes. Yo no creo que Trump haya tenido nunca el interés de llevar la democracia a Irán; la operación Furia Épica no tiene nada que ver con la democracia, se trata de una purga”, señala.
También la jurista iraní, Zahra Toufigh, residente en Roma y activista de la Asociación Mujeres Libres Iraníes, teme que un acuerdo de Trump con el régimen de los ayatolás lleve a una masacre.
“Nuestro temor ahora es que Trump se ponga de acuerdo con el régimen iraní pues de ser así en Irán sucederá una masacre, similar a lo que ocurrió tras la guerra entre Irán e Irak (en los años ochenta del siglo pasado); habrá una represión ferocísima”, dice Toufigh a MILENIO.
Muy lejos de Caracas
La jurista advierte que la situación en Irán es completamente diferente a la de Venezuela.
“En Venezuela se podía elegir una persona dentro del sistema en lugar de Maduro, en cambio en Irán Jameneí fue asesinado, pero el problema no era él, sino el sistema de la república islámica”.
Resalta que los pasdarán, que integran el cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, tienen el poder en todos los campos: el militar, el político y el económico, por lo que si Trump se pone de acuerdo con ellos, Irán se convertirá en un Estado militar-religioso y “aumentará la represión contra el pueblo”.
Dice que la población ahora se encuentra entre dos fuegos: la represión del régimen y los bombardeos de Estados Unidos e Israel.
“Estos bombardeos no son únicamente contra las bases militares, también contra objetivos civiles, contra las infraestructuras, entonces el pueblo sufre la violencia que llega tanto desde el exterior, como desde el interior, y en caso de un acuerdo con los pasdarán esta violación aumentará, nada cambiará a favor del pueblo iraní, que pide la caída del régimen, realizar un referéndum y poder votar”, subraya.
También Nazari destaca que Irán es una nación completamente diferente a Venezuela, además de que el ataque militar lanzado contra Teherán ha sido mucho más devastador y “no tiene nada que ver” con el efectuado contra Caracas.
Imposibilidad de protestar bajo las bombas y la represión
En el videomensaje en el que anunció el ataque a Irán, Trump pidió al pueblo iraní sublevarse para derribar al régimen teocrático, sin embargo, tanto Nazari como Toufigh, opinan que bajo las bombas y la represión interna es prácticamente imposible que la población salga a las calles a protestar.
“En este momento no hay protestas, porque la situación es muy difícil, las ciudades están bajo asedio de las fuerzas represivas del régimen iraní, hay retenes de control por todas partes, incluso tengo noticias de mujeres que tras las protestas del movimiento Mujer, Vida y Libertad ya no usaban el velo, ahora se ven obligadas a utilizarlo porque en cada esquina hay destacamentos de las fuerzas de seguridad que detienen a los coches, controlan a las personas, controlan los celulares y si ven a una mujer sin velo es más probable que sea detenida”, dice.
Por lo tanto, reconoce, “es muy difícil en este momento esperar un levantamiento popular, tanto por la mayor represión de las autoridades, que han amenazado a quien proteste o alce la voz con declararlo enemigo de la patria, colaboracionista o espía, que son delitos castigados con la pena de muerte, como por las bombas, que llevan a las personas a estar al límite de la supervivencia”.
Además, dice, las ciudades iraníes sufren apagones constantes y generalizados, el régimen corta internet para evitar la comunicación con el exterior, lo que hace casi imposible organizar movimientos de protesta y manifestaciones contra el gobierno.
Miles de prisioneros políticos
Con la intervención militar de Estados Unidos e Israel, la maquinaria represiva no solamente no se ha detenido en Irán, sino que ha incluso aumentado, como lo demuestra la ejecución pública de Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammad y Saeid Davoudi, tres jóvenes arrestados en enero mientras participaban en las manifestaciones antisistema que sacaron a las calles a centenares de miles de personas y fueron reprimidas brutalmente por las fuerzas de seguridad.
“No tenemos un número preciso de prisioneros políticos. Durante las manifestaciones de enero pasado fueron arrestadas muchas personas, las cifras son de cerca de 50 mil detenidos; no sabemos qué ha sido de ellos, había muchos menores”, dice Toufigh.
Señala que ha recibido “muy malas” noticias de las prisiones donde están confinados esos prisioneros políticos que enfrentan una situación “dramática”, sin alimentos, ni medicinas y bajo el riesgo de los bombardeos.
“Solicitamos al Parlamento italiano que pidiera al iraní la liberación de los prisioneros políticos. Presentamos una lista de más de 100 personas arrestadas que fueron sentenciadas a muerte pero de parte del gobierno iraní no ha habido ninguna respuesta, no hay voluntad de liberarlos, teme que si salen de la cárcel puedan encabezar una revuelta de la población”, resalta.
La jurista dice que tampoco cuentan con una cifra exacta de los muertos por la represión de las protestas de enero. “Según un sitio confiable, hubo unas 8 mil personas asesinadas, pero otras fuentes hablan de 20 mil e incluso de 30 mil víctimas”, anota.
La falta de un líder carismático de la oposición
Nazari subraya que durante años los activistas por los derechos humanos en Irán han oído decir fuera del país que hace falta entre la oposición al régimen teocrático un liderazgo carismático, como el que hubo en 1979 con la figura del ayatolá Ruhollah Jomeiní, fundador de la república islámica.
“Nosotros siempre hemos respondido que nuestro movimiento por la libertad y la democracia no es un movimiento con un líder carismático, tanto porque es un movimiento que quiere llevar al país a decidir por sí mismo a través de la participación de todos, como porque Irán es un país muy grande, con 92 millones de habitantes, con muchas minorías étnicas o religiosas y no necesariamente todas se reconocen en una sola figura”, explica.
Pero fundamentalmente, añade, los principales representantes de la oposición viven en Irán, donde es imposible hacer público el nombre de una figura realmente alternativa al régimen, porque significaría condenarla a muerte.
“En Irán la gente termina en la cárcel por criticar al gobierno por lo que es imposible hacer una oposición interna a la luz del sol. Hay miles de prisioneros políticos en las cárceles, la oposición dentro de Irán está en la cárcel, pero existen recursos humanos y en el momento que haya una apertura tras la caída de la república islámica, que esperamos esté próxima, tenemos la certeza que se podrá crear una alternativa, que ya existe pero que se debe organizar cuando ya no haya represión”, anota.
En cambio, dice, fuera de Irán es más fácil organizarse y hay muchas figuras que critican al régimen teocrático, la más conocida de las cuales es Reza Pahlevi, hijo del último Sha, derrocado en 1979.
“Entre la diáspora iraní, compuesta por millones de personas, muchos piensan que Reza Pahlevi podría continuar con la dinastía Pahlevi interrumpida en 1979, pero al interior hay muchas voces que son republicanas, que han trabajado desde dentro y conocen la sociedad y yo creo que el futuro de Irán pasa por esa parte de los activistas que están dentro”, asegura.
También Toufigh concuerda en que Reza Pahlevi no puede representar a todo el pueblo iraní y que se requiere un grupo amplio de figuras de la oposición que puedan guiar la transición llegado el momento.
Ambas activistas subrayan el papel de las mujeres en la protesta, quienes no quieren un nuevo patriarcado con “viejas” figuras vinculadas con el último Sha.
También concuerdan que en estos momentos la prioridad es detener los ataques militares, pues “la democracia no se impone con las bombas”.
LJ